Recordando a un amigo
La vida nos da la oportunidad de conocer personas que de una u otra forma marcan el camino a seguir en lo que a proyecto de vida se refiere. Así sucedió con un gran exponente local del Noveno Arte quien en su juventud planeó en conjunto con uno de sus más grandes amigos y camaradas de armas(lápiz, tinta y papel) un promisorio futuro en al arte del cómic y las artes gráficas en general.
En estas líneas queremos recordar a un genio que partió hace 10 años y que marcó para siempre el devenir del autor del Capitán Chile. Sea este un póstumo reconocimiento a uno de los artistas gráficos más increíbles de Valparaíso: Mauricio Cifuentes Miranda.

 

por Cristian Díaz

 

En 1985 sucedió el reencuentro. Desde los 6 años que no se veían. Las artes gráficas fue el vinculo, uno de tantos, que logró la comunión de este par. Allí aunando el surrealismo, el buen humor y la irreverencia poco a poco se fueron concomitando para realizar cuanta obra plástica o gráfica se solicitaban ya para eventos o concursos.

Fue así que, además de ser coleccionistas de revistas de comics, un día ordenaron sus ideas en un engendro editorial: Kagaziki, la primera y única revista hecha por ambos, aunque esta alcanzó un segundo número. Con este título, partícipe en el primer concurso de fanzines organizado por la naciente revista Trauko en marzo de 1989, se hicieron conocidos en los círculos de Valparaíso y Santiago.

El, Mauricio, siempre más rebelde y genial que el futuro Capitán Chile fue la fuente de inspiración, de creatividad para el ordenado TEC, en esos días aún llamado Wayne. Mauricio, este habilidoso vecino del Cerro Barón era la opinión válida, el consejo a seguir para definir alguna obra. Pero Mauricio no dudaba en pedir ayuda a su fiel amigo playanchino al momento de mejorar su carpetas de dibujos en la carrera de Diseño en la Universidad de Valparaíso o definir los conceptos en algún proyecto.

En el año siguiente la Facultad de Arte de la Universidad de Playa Ancha recibió al inquieto joven que demostró que el cómic era sólo uno de sus medios de expresión, mientras el ya auto denominado TEC definía a la historieta como su lenguaje. Así y todo Mauricio realizó la revista Tóxica Baronina que distribuyó entre sus compañeros de carrera y algunos vecinos con amplitud de criterios.

Explorando los medios gráficos, ya pintura, fotografía y el cómic, que siempre se hizo presente en la obra de Mauricio, el genial artista siguió siendo piedra de apoyo en los proyectos del coautor de Kagaziki. Siempre estuvo en acción esa simbiosis.

Y, tras muchos eventos relacionados al Noveno Arte y la gráfica en general llegó el día en que quedaron de juntarse para intercambiar revistas y fascículos de la aun atesorada Historia del Cómic. El, llegando de Argentina por una exposición de fotografías de su autoría y con cercanos proyectos relacionados a la pedagogía, mientras el apacible TEC participaba de una revista que nunca vio la luz.

Tanto por decir, por hacer, pero la cita nunca se concretó. Y así el destino en un día aciago de 1994 separó a estos dos soñadores. Pero, quien quedó acá no ha dejado que su otro yo, su complemento, su otra visión se vaya. Mauricio nunca ha dejado de crear, de participar, siempre ha estado allí guiando la obra del TEC, generando ese desafío de alcanzar vez tras vez aunque sea una pizca de la genialidad que este ido amigo lograría.
Salud por ti, genio y figura.

A modo personal sólo queda dar las gracias infinitas a este hermano, compañero, cómplice y maestro por haberme dejado compartir mis sueños con él así como seguir al alero de su recuerdo concretando otros. Tu presencia, tu obra es indeleble, imborrable. Acá esta atesorada. Compartámosla.