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Comic
suchileno
¿La amenaza amarilla acecha en nuestras
viñetas?
por
Cristian Díaz -TEC-
Hablar
hoy de una escuela de cómic chilena, una tradición,
un estilo predominante en cuanto a lo que se publica o quiere
publicar significa remecer al casi un siglo de estética
académica, ya europea o norteamericana que cimentó
a la historieta local. Los herederos de Alex Raymond, Harold
Foster o un más experimental Jack Kirby trasuntados
en lo nacional a un Mario Igor, Máximo Carvajal o Lincoln
Fuentes van cediendo terreno ante los nuevos valores del cómic
criollo que esgrimen la estética manga, la del cómic
japonés para abrirse paso en un incierto y anquilosado
mercado nacional, ante el horror de los puristas, todo a fuerza
de tardes y mañanas de seriales de animación
japonesa, bien por televisión o en ciclos de animé
que han imbuido a estos autores con los derivados de los recursos
gráficos que la genialidad de un Osamu Tezuka originaría
en la tierra de los samurais en la década del ´50.
Si bien en Chile desde los años `70 se emitían
con regularidad seriales japonesas no fue hasta entrados los
´90 que el estilo manga se apodera con inusitada rapidez
de las esporádicas publicaciones, en su mayoría
fanzines. Entre tantos con tanta gana e impericia queriendo
imitar a Otomo, Nagai, Asamiya, las Clamp o Toriyama, un nombre
se destaca: Fyto Manga(Marco Borkowsky) quien no vislumbró
su calidad de caudillo cuando publicó por primera vez
en la revista Bandido nº 3 en 1988.
Desde entonces él y otros autores han exaltado las
bondades y vicios del cómic japonés y el animé
en revistas como Banzai Manga, Kakkoii, Sugoi, Kyodai, Senriaku,
Elixir Imperio, Kat Boxing y Kat Box, Ciclo Metal, Raxer Caricaturas,
La Mancha, Turbio Comic, Roc, Cimarra Interna, Orgasmatron,
Familia de Leones, K-Q-Men comics y Animatex donde dibujantes
como Kampf, Kobal, Ader Canales, Mario Alvarez, Gabriel Hernandez,
Cristian Melian, Eliot Quijada, Patricio Berroeta, Mauricio
Herrera, Peggo, Dreg, Venus Astudillo, Jade y Pablo Toledo,
por nombrar a algunos obviamente, han publicado historietas
que con mayor o menor elocuencia reflejan su asimilación
de la narrativa gráfica japonesa que, debemos decir,
ha sacudido a occidente generando estilos híbridos
como el amerimanga, compartiendo éstos páginas
con la vieja escuela que veteranos o nóveles , desean
mantener aún en boga junto a la sempiterna caricatura.
En un medio donde no hay apoyo de grandes empresas para editar
comics, donde aun se subvalora este lenguaje, donde no se
enseña como corresponde la técnica del dibujo
en los colegios, el querer encasillar y proyectar a la producción
nacional de historietas hoy en día es complicado al
ver que los jóvenes escolares, algunos posibles autores
de comics en el futuro ya para medios impresos o internet,
en su mayoría decantan por emular lo que consumen en
dibujos animados y video juegos. No debemos asustarnos o temer
que una postura extranjera es la que puede enseñorearse
de la narrativa gráfica chilena porque en la práctica
lo mejor de la mano de los mejores por norma debería
ser publicado y consumido y en materia de creación
artística el medio que ayude a expresar mejor lo que
al autor quiere comunicar debe ser utilizado, sea de origen
local o venga de más allá del horizonte.
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