Gabriel
Castro:
Si
no hubiese tenido el escape de la literatura, posiblemente
estaría tan cagado como algunos de mis personajes
Despreciando
la falsa modestia, escritor y profesor porteño
considera que además de escribir, un creador
debe hacer lo humanamente posible por hacer público
su trabajo.
Por
Rodrigo Benavente Braniff
Cuando
fundamos CulturArt, una de las misiones que nos encomendamos
fue el activar y potenciar los circuitos culturales
del Gran Valparaíso; por ende, resultó
natural para nosotros abocarnos a difundir todo tipo
de emprendimientos culturales que se suscitaran, y
las letras, por supuesto, fueron una prioridad. Pero
nos costó encontrar escritores que se dedicaran
a la prosa. Poetas hay bastantes y muy buenos, pero
prosistas, contados con los dedos de las manos. Gabriel
Castro, es una excepción loable a ésta,
que no quisiéramos fuese una realidad en la
capital de la institucionalidad cultural del país.
Castro
es profesor de castellano, vocación que, junto
con la de escritor, reconoce, lo hacen un hombre realizado
y feliz. Poseedor de una pluma ágil, quizás
un poco formal en el manejo del vocabulario, recrea
situaciones que, naciendo de su fértil imaginación,
nos hacen evocar momentos y lugares muy locales. Quién,
alguna vez de paso por el barrio universitario de
Playa Ancha, no conoció o escucho hablar de
la mítica Quinta Martínez, o de la Piedra
Feliz, entre otros sitios que, en medio de cuento
y cuento, nos harán pasear por la ciudad y
las vidas de sus moradores, con un acento triste y
desesperanzado que su autor identifica con su generación
y con la clase media, que es precisamente el nombre
de su primera publicación de cuentos en solitario:
Media Clase.
¿Gabriel
Castro desde cuándo escribe?
Aproximadamente
desde que estaba en 3º o 4º año medio.
Si bien es cierto había tenido algunas aproximaciones
antes, la verdad es que sentí el llamado como
por esa época. Empecé a escribir como
empiezan todos, un poco de poesía y algo de
diario de vida, siempre creativo, pero muy vivencial,
muy cercano a lo mío. Luego, antes de los treinta
años me dio la crisis y me cuestioné
sobre que había hecho para ser escritor, y
no había hecho nada más que escribir,
lo que no es menor, pero yo quería dar a conocer
mi obra... justo por esa época tuve la fortuna
de incorporarme al Taller de Narrativa de la Zona
de Contacto de El Mercurio de Santiago. Eso me dio
físicamente la primera publicación masiva,
de ahí yo considero que comenzó el asunto
en serio. Digo esto porque considero que un escritor
aparte de escribir y hacerlo muy bien, debe publicar,
hacerse público, hacer lobby. Se que muchos
poetas me asesinarían por parte baja si escucharan
esto, pero no, yo creo en publicar y en hacer lo humanamente
posible por conseguirlo.
¿Qué
te motiva a escribir? el éxito, el reconocimiento,
el rigor... el ego.
"Hay
una mezcla de todo lo que acabas de nombrar y otras
cosas. La idea es tratar de equilibrarlas. Si me preguntas
por qué comencé a escribir en 3º
medio, la respuesta es porque no tenía interlocutores
válidos, era una persona más bien retraída.
Posteriormente, me interesó hacer público
mi trabajo, pero poco a poco se van incorporando otros
componentes, otras motivaciones, por ejemplo, me ha
ido importando el rol social del escritor, ello conlleva
una tremenda responsabilidad. También me siento
portador de un mundo no muy narrado, en Chile sobre
todo, como es el de la clase media...que es un tema
muy jabonoso en todo caso...finalmente y no menos
importante, la necesidad de trascender, algo de ego
también. Creo que son las razones primordiales."
¿Qué
crees que ha aportado el profesor al escritor?
"Buena
pregunta, solo el otro día me lo preguntaba,
siendo que han pasado por mí tantas personas,
tantas experiencias, y sentí que no había
aprovechado esta situación, por lo menos de
manera conciente. Creo que el problema es que yo divido
bastante la cuestión,
Muchos alumnos llegan asombradísimos diciendo
que han descubierto que yo soy escritor, puesto que
yo no se los digo y la verdad es que no se por que
separo aguas. Yo trato que no me aporte nada, incluso
soy testigo de literatura en que uno lee un texto
y dice ¡este es un profesor! por que no abandona
su rol de docente. De modo que concientemente no me
aporta nada, o trato de que no lo haga, pero inconscientemente,
todas esas almas que han pasado por mi persona de
seguro que me han dejado más de algo en forma
de vivencias o historias."
Muchos
de tus cuentos parecen ser sacados de vivencias...
se ve una mano un poco autobiográfica ahí...
pero tristes y desesperanzadas, ¿es o fue el
mundo que te rodea triste y desesperanzado?
"Ocurre
algo muy entretenido en esto, yo soy una persona afortunada,
me ha favorecido la vida de diferentes maneras, incluso
dándome la oportunidad de poder escribir y
realizarme, así es que no tendría de
qué quejarme. Por otro lado el 90% de las personas
que escriben lo hacen sobre temas tristes, es quizá
un fenómeno que habría que estudiar,
dentro de la literatura chilena habría que
contar con los dedos de una mano a los, no necesariamente
humoristas, pero que trabajen temáticas esperanzadoras
o jocosas. Y es una equivocación confundir
triste con serio. A mi me gustaría hacer eso
y quizás lo haga. Ahora personalmente creo
que la infelicidad o la desesperación que tu
viste en esos textos me sirvió..."
¿Cómo
una terapia?
Sí,
podría decirse, pero lo interesante es que
es una terapia pública, por lo tanto conlleva
o conllevaría, yo supongo, a ayudar a otras
personas. Imagínate que esos personajes son
yo, pero sin el escape que yo tengo a través
de la escritura, son personajes desesperados que no
tienen horizonte. Yo estaría como algunos de
esos personajes, tremendamente cagado, si no hubiese
tenido el escape de la escritura.
Tus
temáticas generalmente son locales. ¿Te
pretendes seguir planteando desde un contexto local,
como un escritor desde Valparaíso o han sido
las circunstancias?
Eso
lo fui aprendiendo en el camino, al principio no tenía
locaciones reales o había tal alteración
de las mismas, que eran casi irreconocibles. A mí
me parece muy valioso que un artista rescate escenarios
de las ciudades donde vive, más aún
creo que es un deber del artista el presentar un fuerte
compromiso con su realidad y creo que lo seguiré
haciendo.
¿Te
sientes como ese personaje tuyo: un vampiro que les
roba historias cotidianas a la gente?
No
poh, no porque no lo he hecho, ni siquiera tengo buena
memoria como para hacerlo, debería imitarte
y andar con una grabadora, pero espero que sí
inconscientemente yo capte situaciones y las vuelque
en la escritura, digo inconscientemente porque insisto
en que tengo muy mala memoria.
¿Qué
te depara el futuro según la busverdemancia?
"Ja,
ja... espero no ser demandado porque hay muchas cosas
incorrectas... de hecho nunca he logrado cifrar un
mensaje entendible (juntando las letras de las micros
Verde Mar) aparte que las letras de que hablo en el
cuento parece que realmente ni existen."
¿Cómo
te va con tus colegas, los lees?
"Me
he acercado bastante a algunos, pero como bien dijiste,
son muchos más los poetas que los prosistas
que viven en la región. Conversamos mucho con
Marcelo Novoa, con Juan Cámeron hemos tenido
algunos acercamientos, con Tito Valenzuela, otro gran
escritor y poeta al que te recomiendo. También
mucho contacto con jóvenes a través
de los talleres, y las relaciones han sido buenas,
aunque la verdad en un taller siempre hay un proceso
de ruptura, uno como que sale enojado de los talleres,
por los roces naturales entre maestros y alumnos,
es como irse de la casa, pero siempre en una línea
positiva y enriquecedora."
¿Cuáles
son las metas de Gabriel Castro?
"La
meta es ser considerado por la sociedad inmediata
y por las futuras generaciones, puesto que no creo
en la falsa modestia y quiero ser considerado como
escritor, ya que lo soy, de hecho ocupo a veces más
tiempo del debido en faenas literarias y quiero que
se me reconozca. Ahora en el corto plazo, dentro de
este año sacaré mi primera novela Por
la Razón y la Fuerza, solo espero ser considerado
por las editoriales." 