Literatura y Vida:
Neal Cassady: Un héroe del oeste salvaje

"Haber visto un espectro no lo es todo,
y hay mascaras de muerte
amontonadas unas sobre otras
que llegan hasta el cielo."

Por Mauricio Carreño A.

 

Cuando el reloj da las siete.

Estás despierto sin pensar, cuando siete campanadas opacan los murmullos y ronquidos del edificio a punto de caer. Lo esperabas. Mueves a tu padre que duerme a tu lado, pero no reacciona. Entonces corres la colcha inmunda y te levantas.

Por las ventanas sin vidrios entra el aire gélido de un invierno hostil. Bajas a los baños comunes donde muchos hombres hacen lo que pueden en arreglarse. Ordenas tus ropas frente a un espejo ennegrecido, mientras escudriñas la torre del reloj en busca de la posición del minutero, ya que ignoras los caracteres. Debes apurarte. Sales a una calle de Denver, para caminar con tus zapatos gastados varias millas que te separan de la escuela... Tienes seis años y te llamas Neal Cassady, al igual que tu padre.


La vida de vagabundos remolinos

Luego vendrá encontrar al flaco padre, algo demente y desgarbado. Buscarlo en los comedores de la beneficencia, en los billares de la calle Larimer, o en algún callejón bebiendo junto a otros vagabundos. La vida también es juego y escarbas en la basura en busca de algún tesoro; excitado, con alegría demencial, riendo con muchachas granujas. Hablas con los camaradas de tu padre y compartes sus modos de vida, su derrota. Siempre atento, observando quieto, una especie de contención hasta explotar...


La expansión y el hierro

De las privaciones la revancha, la pillería. Aquella alegría demencial pronto tornará en frustración. Caerá la sospecha; aquel suéter angélico del niño del anuncio de Coca-Cola, en Neal se transforma en suéter robado, ensuciado por sudores aberrantes...
Aparecen los agentes, la escuela vocacional, el reformatorio; intentos de enderezar, sofocar y asfixiar al muchacho...


Más puede su pasión y obstinación. En el reformatorio prácticamente se lee la biblioteca.
Comienza la búsqueda frenética de emociones. Llega a robar más de quinientos autos sólo para divertirse. Esto emparejado a su desenfreno sexual van perfilando al hombre y al mito. Un estilo de vida vertical y demencial llevada a extremo.


La vida es una carretera.

De su inquietud se engendran los viajes. Llega a Nueva York, donde se encuentra con muchos de los que conformarían la generación Beat, como Jack Kerouac, quien por entonces acariciaba la idea de su propia locura; como un sello individual y una confirmación de identidad. Entonces ve la locura particular de Neal, comprendiendo su renuncia al compromiso.

Neal vivía al límite, con decisiones de décima de segundo; tal como adelantar vehículos en la carretera. Hablaba del choque continuo entre las fuerzas constructivas y destructivas en la vida del hombre. Todo equilibrio era transitorio entre las tremendas explosiones de su instinto de placer.
Creía que el "desvelamiento mutuo" y la "confesión de sueños" eran lo que hacía a la gente amarse y a la vida digna de vivirse.

Su vida era tan fragmentaria como el libro que intentaba escribir:
Múltiples trabajos; como guardafrenos en el ferrocarril, recauchador de neumáticos, dependiente de gasolineras, etc.
Tres matrimonios, múltiples amantes; femeninas y masculinos como Ginsberg.
La bencedrina y otras hierbas.
Y el viajar, sólo por largarse.


Las ideas y la literatura.

Neal Cassady escribió un único libro, autobiográfico, titulado "El primer tercio". Estuvo mucho tiempo perdido hasta que fue encontrado en gavetas olvidadas y publicado por la editora City Lights, del poeta Lawrence Ferlinghetti en 1971.

Más importante que este libro, de un tono un tanto recargado y minucioso, es la vida, además de las numerosas cartas que escribía entre otros a Ginsberg y a Kerouac. Hay una dirigida a éste quien la denominó "la gran carta sexual", en ella contaba los intentos por seducir a un par de mujeres en un bus; la negación de la primera y el éxito con la segunda.

Cassady insistía en que era sólo "la descripción de una cadena continua de reacción mental", algo por lo que debía disculparse por haberla escrito borracho. Pero era eso precisamente lo que rescataba Jack: la espontaneidad. Además de la libertad, al incluir términos como mamada, polvo, o follar. (Estamos en 1947).

Cassady hablaba de "emborronar cuartillas", lo que es alentado por Kerouac, quién parecía percibir algo nuevo y genuino. Cabe decir que escribir por libre asociación no era nada nuevo bajo el sol, ya lo había hecho Proust y los románticos como Coleridge o Wordsworth y se remonta a la lírica griega y romana.

Neal deseaba escribir como hablaba, pero topaba en que el flujo mental dejaba muy atrás a las palabras en el papel, además de que "el proceso de escritura te obliga a una forma, debido a lo cual simplemente dices cosas en vez de sentirlas".


Cuando hablaba lo hacía en varios niveles distintos. Se le ocurría una idea, y ahí dejaba el hilo para perseguir velozmente aquella, que luego inevitablemente escindía en otra dirección. Cada disgresión engendraba otras y así probablemente al infinito.

Desprendo de esto dos cosas; por un lado la libertad, ya que a cada momento surge lo imprevisto, y por otro la imposibilidad de decir lo que se proponía y que supone una frustración.
Neal no elude el acontecer, aunque éste sea sórdido, banal o aburrido. Habla de abortos, taxistas enanos, etc. Así aconteció. Tal vez habría que vivir de otra manera para tachar algunos vocablos que no nos gustan. "Puede escribirse sobre la vida sin cambiar nada"


Como dijo un critico; sería difícil imaginar, "A sangre fría" (1965), o "Gaseosa del ácido eléctrico"(1968), si Kerouac no hubiera aprendido de Neal Cassady que la ficción no tiene que ser falsa.


Ultimas paradas del Ferrocarril.

Una de las últimas estaciones en su vida es la cárcel de San Quintín, a la cual accede luego de regalar tres "cigarrillos sin marca" a unos agentes de narcóticos.

Luego de un par de años sale en libertad bajo fianza, y vuelve a interpretar el papel de Dean Moriarty, su personaje en "el camino", de Kerouac. La vida perfila la obra, o la obra la vida?

Tiene tiempo para una nueva serie de aventuras, esta vez con Ken Kesey, donde era el conductor del bus "Further", donde viajaba una pandilla de marginados sociales aficionados al ácido lisérgico.

Se traslada a México donde asiste a un casamiento en San Miguel de Allende. La leyenda dice que mezcló alcohol y barbitúricos, y que finalizada la fiesta intentó caminar quince millas por el desierto hasta el pueblo próximo. Fue encontrado a la mañana siguiente en las vías del ferrocarril, vistiendo solo polera y jeans.
Esto aconteció en febrero de 1968, Kerouac lo seguiría al siguiente año.

De esta forma.

Algo al fin, aquí hay mucho de ficción, de mentiras y de contradicción como todo en la vida. Rescatemos la libertad, la espontaneidad, esa postura sin miedo; nada importa. Estoy del lado de acá y reafirmo la consecuencia en el vivir. El derecho al rechazo de la felicidad oficial. Lo importante es creer.