Nancy Astelli:
Valparaíso, escenario y artistas

 

Por Mauricio Carreño A.

"Valparaíso, escenario y artistas", primer libro de esta periodista e investigadora popular con cursos de antropología social, quién publica el texto gracias al concurso de ediciones del gobierno regional de Valparaíso.

El punto de partida de esta investigación es el de una tesis universitaria, que sumada a otras ideas conforman el volumen en cuestión. Aquí enfatiza la autora el carácter fundacional de la ciudad de Valparaíso, donde se crean la mayor parte de las instituciones y servicios del país, y lo que se quiere mostrar y dar cuenta es de los movimientos generados en esta línea como son: una literatura propia, una bohemia, los artistas y los medios; manifestaciones que "no han tenido la debida difusión ni se le ha otorgado la importancia que merecen".

El texto se divide en tres partes importantes: I "Escenarios porteños", II "La noche porteña" y III "Aquí se canta a Valparaíso", más un anexo.

En la primera parte: "Escenarios porteños", se da un marco teórico propio de una tesis, para luego abocarse a un somero paso por el casco histórico del puerto donde aparecen: el castillo San José, en el cerro Cordillera, el cementerio de disidentes, el ascensor Cordillera, el edificio de la población obrera unión; levantado por doña Juana Ross, y la antigua casa de don Juan Mouat; hoy museo Lord Cochrane, entre otras edificaciones.

Luego se apunta al carácter fundacional de una ciudad que nunca fue fundada, y se enumeran sus primeras instituciones: El Mercurio; primer diario, la primera bolsa de comercio, la aduana de Valparaíso; la más antigua de Chile, la primera iglesia Anglicana, los bomberos, los correos de Chile, La biblioteca pública Santiago Severín, primera en el país, el Santiago Wanderers; el primer club de fútbol y la televisión nacional, algo que se intuye fuertemente instaurado en la memoria colectiva del porteño.

De aquí pasamos rápidamente a la segunda parte: "La noche porteña", donde con algunos testimonios se pretende dar cuenta de la bohemia antigua de Valparaíso, aquella que nació en el barrio chino y que giraba en torno a prostíbulos, bares, salones de baile, boites y restaurantes, y hoy extinguida debido a muchos factores económico sociales, como el cambio en el sistema mercantil (barcos con pocos tripulantes y recalada mínima), la merma de la cantidad de barcos debido a la apertura del canal de panamá, la economía social de mercado y por último con el toque de gracia que da el golpe de estado de 1973.

De aquí como en otros pasajes del libro desembocamos rápidamente en lo que sucede en nuestros días con el asunto de la bohemia y que se le cataloga aquí de "nueva bohemia", con modernos locales de diversión nocturna desarrollados bajo un concepto foráneo; el de los pubs donde se cambia la conversación por la música estridente, el vino por la cerveza, y en fin son locales para gente que no vive en el puerto, fenómeno que se da con cada fin de semana.

A continuación viene un capitulo dedicado a los bares tradicionales, como son el bar Cinzano, bar inglés, Roland bar y el Águila, donde se describen sus inicios, sus dueños y sus gracias, y en que pié están en la actualidad. Luego asistimos al capitulo "gastronomía al paso", donde aparece la típica chorrillana y su origen dudoso: ¿llega a Valparaíso desde Chorrillos en el Perú, luego de la guerra del pacífico, o proviene de la palabra "chorreado", aludiendo a su preparación?. Aquí el libro se transforma en una verdadera guía donde se comparan ingredientes, lugares y hasta precios...

Empiezan a mi modo de ver a sobrarle capítulos al libro, no se entiende a que se quiere apuntar, es como una reunión de información con el único hilo conductor de que se relacione con Valparaíso. Aparece por ejemplo una entrevista a Veronique Arancet, directora de turismo de la Municipalidad de Valparaíso, que aporta nada y que proviene de una entrevista en el diario.

Llegamos a la última parte del libro titulada: "Aquí se canta a Valparaíso", que es la más extensa del libro, y comienza con el capitulo "los artistas y la noche", donde aparecen algunos escritores, algunas citas, una por aquí, otra por allá de Neruda, Edwards y Squella. Se nombran un par de pintores, unos grabadores, pero es todo, más como datos que como otra cosa.

A continuación viene un capitulo referido a la cueca porteña, o cueca brava o chora, que se instaura como una auténtica expresión de la cultura popular nacida en Valparaíso. Vemos aquí sus diferencias con el baile nacional, desde su propia vestimenta urbana y no huasa, sus orígenes geográficos en el sector de calle Colón y Av. Argentina para luego trasladarse al barrio puerto. También distinguimos que es sólo cantada por varones y con un estilo particular de contrapunto, una cueca de "gente muy dura, gente muy brava acostumbrada a la vida riesgosa de la noche".

Siguiendo la temática del canto no podían faltar acá los valses en homenaje a Valparaíso, partiendo de Osvaldo "gitano" Rodríguez y su vals "Valparaíso", siguiendo con "la joya del Pacífico" de Víctor Acosta, o Jorge Castillo con "los cerros porteños". En el caso del "gitano" Rodríguez, el libro se refiere más a su situación personal con respecto al exilio, su regreso a Valparaíso donde no pudo rehacer su vida, y posterior fallecimiento en Italia a donde volvió enfermo de cáncer. Aparecen también los actos de duelo cuando sus restos vuelven al puerto y se le da el título de hijo ilustre de Valparaíso.


Uno de los últimos capítulos del libro se refiere a la poesía popular, repasando algunas de sus formas como son la paya y explicitando la noción de métrica, la décima, el banquillo y la redondilla. Aparecen aquí como ejemplos versos de Carlos Muñoz, "el diantre", Ceferino Peña Bustamante y Juan Meza Sepúlveda.

Paralelo a esta unidad de poesía popular, aparece el caso de la "poesía culta", que se da en la zona en torno a agrupaciones líricas como los grupos Alternativa, Sol y Sol, asociación de escritores de Valparaíso, sociedad de escritores de Chile filial Viña del Mar, Ateneo de Valparaíso, etc. A juicio de la autora "la escritura de estos autores no alcanza los límites mínimos para ser considerados dentro de la poesía chilena de mayor nivel, aún cuando por su permanente actividad en certámenes y encuentros logran cierto reconocimiento público".

Aparece esto ejemplificado en poemas de Alfonso Larrahona, Lucía Lezaeta y María Angélica Bustos donde se exponen sus yerros en la creación de textos plenos de lugares comunes, tratamiento superficial del lenguaje, adjetivación excesiva, falta de correspondencia entre sonido y sentido, etc.

Volviendo a la poesía popular y cerrando el capitulo aparecen poemas de Carlos Martínez; el motero y Orlando Riquelme; ascensorista jubilado, como muestras de poesía popular urbana, para luego afirmar de manera categórica: " la existencia de un sólo poeta en este género, Carlos Muñoz, tratándose en los demás casos, de simples en incompletas variantes del género."


Crítica

Si concebimos a un libro como un trozo de la realidad o una unidad de sentido particular, aquí topamos con una recopilación demasiado heterogénea de hechos y datos con una sola característica en común: su pertenencia a la ciudad de Valparaíso.

Así, en el afán de dar cuenta de las diversas manifestaciones culturales que han surgido en el seno de esta azarosa ciudad - objetivo del libro -, se pierde el norte, se disgrega la visión y asistimos a un abigarramiento de datos que pasan por nuestros ojos sin un sentido claro, y sin una ulterior reflexión.

Deteniéndonos en las fuentes consultadas para la elaboración del texto encontramos también una diversidad demasiado amplia; junto a consagradas plumas, aparecen también, citas a artículos de muy baja calidad como los extraídos del diario La Estrella o el Mercurio de Valparaíso.

El libro plantea también una visión temporal a mi juicio fracturada. Se pretende ver los movimientos gestados a partir de los hechos fundacionales del puerto, y en varias oportunidades se desemboca demasiado rápidamente en la situación de la actualidad, sobre todo en lo concerniente a la "nueva bohemia" que para el caso cultural propio de esta ciudad aporta muy poco, o más bien dicho incorpora elementos foráneos que vienen a desplazar a costumbres surgidas desde su propio medio.

El aporte que veo en el texto es el querer mostrar manifestaciones y hechos condenados por las condiciones actuales a la desaparición y evitar así que una cierta identidad porteña se pierda por la permeabilidad con que entran las nuevas tendencias globalizantes.