Hernán
Rivera Letelier:
De
minero a Caballero
El
destacado escritor chileno pasó en seis años
de minero desconocido, a ser uno de los autores más
leídos en Chile y el extranjero, donde su obra
se ha traducido a más de cinco idiomas y ha
sido reconocido, entre otros, con el título
de Chevalier (caballero) de las artes francesas.
Por
Rodrigo Benavente Braniff
Probablemente
Hernán Rivera Letelier es uno de los fenómenos
literarios más interesantes de los últimos
años. El descubrimiento de este talento ocurre
recién el año 1995 con su primera novela:
La reina Isabel cantaba rancheras, que
prontamente se transforma en un éxito editorial,
alejándolo para siempre de su antiguo oficio
de minero. Desde entonces sólo ha cosechado
éxitos, y aunque la crítica nacional
no siempre ha sido benevolente con su obra, la critica
internacional y principalmente los lectores lo han
posicionado como uno de los grandes de la literatura
chilena de los últimos tiempos. Sus obras han
batido varios récords de venta, tanto así
que la primera edición de su última
novela Los trenes se van al purgatorio
(5.000 ejemplares) se agotó antes del lanzamiento
oficial de la misma. Pero, lejos del divismo que el
mismo reconoce existe en algunos círculos literarios
-especialmente capitalinos- Rivera Letelier es un
hombre simple, con cara y acento de minero, y quizás
sea eso lo que ha hecho que sus historias sean tan
creíbles dentro de un estilo literario mágico,
que se atreve a catalogar de realismo estético.
¿Quién lee los libros de Hernán
Rivera Letelier?
Esto puede sonar un poco pedante, pero no creo
en la falsa modestia. Creo que entre los escritores
soy privilegiado en cuanto a público lector.
La ambición de todo escritor es llegar a toda
clase de público y lamentablemente no todos
lo logran. Hay escritores a los que los leen los muy
jóvenes, en cambio hay otros a los que los
jóvenes no los pescan, o escritores de ciertas
clases sociales, o de mujeres, etc. Para mí
es una gran satisfacción comprobar que mis
lectores están en todas las esferas sociales,
edades y géneros: masculino, femenino y el
otro, y eso lo he palpado cada vez que salgo, porque
soy uno de los escritores que más viaja dentro
y fuera del país. Y se me acerca gente muy
joven, de 11 o 12 años, hasta personas muy
adultas de 80 o 90 años a decirme que más
que leerme, ellos me releen, y eso lo pueden decir
muy pocos.
Muchos, incluyéndome, ven en sus obras reminiscencias
temáticas de Manuel Rojas y estilísticas
de Gabriel García Márquez. Sin embargo,
usted ha declarado escribir en forma mágica
sobre situaciones reales. ¿Qué cree
usted que ha marcado más su obra, la lectura
de estos u otros clásicos o sus vivencias personales?
Siempre se me asemeja mucho con Manuel Rojas
y nadie me cree cuando yo les cuento que lo único
que he leído de Manuel Rojas es el Vaso de
Leche, ese cuento magistral, ¡nada más!.
Ahora, a lo mejor se me compara por la temática,
ya que los dos tratamos de personajes populares; no
obstante, pienso que si mis libros han sido exitosos,
no es tanto por el tema, sino por la forma... el estilo
de narrar, de contar. Yo no estoy contando nada nuevo,
la historia de la pampa se viene contando desde principios
de siglo... lo que estoy tratando de hacer es contar
esto desde otro ángulo, pienso que por ahí
va el asunto. Como dijiste, hay cierta reminiscencia
de García Márquez en mis libros y no
lo voy a negar nunca, lo considero uno de mis maestros.
A él le robé la manera de contar y para
eso me leí sus libros quinientas veces, para
ver cuáles eran los trucos que usaba este tipo,
que hacían que uno tomara un libro y no podía
soltarlo. Pero también tengo de Juan Rulfo,
como la facilidad de trastocar algo completamente
cotidiano en algo mágico. Ahora, en mis libros
no hay realismo mágico, si quieres llámalo
realismo estético, es decir, la manera de contar
cosas comunes y corrientes, que se vuelven mágicas
a través del lenguaje. En resumidas cuentas,
traspasar el encanto de la poesía a la prosa.
¿Qué le sucede al obrero Hernán
Rivera cuando se da cuenta del éxito que alcanza
su primera novela, La Reina Isabel Cantaba Rancheras?
La novela aparece en diciembre del `94 y yo
seguí trabajando como minero hasta diciembre
del `95, o sea, un año completo en el que yo
no me daba mucha cuenta de lo que estaba ocurriendo
con mi libro, tanto así que existe una anécdota
de mi primer viaje como escritor a Santiago: una tarde
libre me puse a recorrer las librerías buscando
al escritor cubano Gabriel Infante... cuento corto:
en las primeras cuatro a las que entré me reconocieron
de inmediato, me hicieron firmar autógrafos
y todo, hasta que llegué a la Feria del Libro,
donde apenas cruzo la puerta veo venir directamente
hacia mí un vendedor, por supuesto estaba preparando
mi mejor cara de talento literario, cuando el tipo
me dice: ¡ya sé, libros de mecánica!.
Obviamente ahí se me bajaron todos los humos.
¿Escribe usted con diccionario?
Yo soy un amante de las palabras y antes de
ponerlas las peso y las sopeso de tal manera que calcen
como un diamante; por lo mismo soy un coleccionista
de diccionarios. Acabo de descubrir la palabra fárfara,
hermosísima...
¿Como
tafanario?
Ja, ja, ja, (ríe con ganas) sí.
No sé por qué las palabras con f me
gustan; bueno, fárfara es la telita que esta
justo debajo de la cáscara de los huevos, o
sea que los huevos dentro de la gallina están
en fárfara, me encantó y la uso en mi
última novela. La verdad que en contra de los
que me critican, yo acuso a la literatura chilena
de pobreza de vocabulario.
Usted ha declarado que sólo toma tecito,
sin embargo en algunas de sus obras el trago corre
que da sed. ¿Realizó al respecto una
investigación concienzuda como lo ha hecho
con otros personajes de sus novelas?
No tuve que investigar nada porque yo viví
con todos esos viejos buenos pa` tomar, los mineros
son bravos pa`l cañón. Yo conviví
con ellos, pero ellos siempre respetaron mi decisión
de no tomar o tomar una Coca Cola. Piensa que allá
toman en serio, no piden de a un par de cervezas,
allá te piden que tapies la meza y dejes una
jaba debajo por si acaso.
¿En que va el proyecto del director francés
Bernard Geraudeau, de llevar al cine Fatamorgana
de amor con banda de música?
Va bien encaminado, hace poco me llamó
mi editora en Francia diciéndome que ya estaban
buscando el elenco de la película y según
me han soplado se rodará con actores de primer
nivel.
La novela que se encuentra escribiendo trata de
la matanza de la escuela Santa María de Iquique,
un hecho muy poco tocado por la historiografía
clásica, pero sin embargo muy arraigado en
la cultura popular gracias a la Cantata Santa
María de los Quilapayún. ¿Qué
fuentes va a usar y qué mirada le dará
a este hecho, dada su arraigada emocionalidad?
Tanto así, que este es el libro que más
me ha costado escribir. De hecho ha tenido siete revisiones
de principio a fin y cada vez que estoy terminando
de leerla las lagrimas brotan solas. Con respecto
a las fuentes, un destacado historiador nortino me
cedió su investigación sobre la matanza.
En mi libro le hago un homenaje, pero no te puedo
decir nada para mantener la sorpresa. 