Volodia Teitelboim en La Sebastiana.

En los festejos del centenario del nacimiento de Pablo Neruda. "El poeta en la memoria y la vida una suma de historias."

Por Mauricio Carreño A.

 

Neruda en la memoria

La Sebastiana, la casa de Neruda, para mirar desde lo alto los barcos que estoy mirando yo, comienza digamos, o tal vez prosigue la celebración del centenario de su nacimiento. Yo recuerdo muy vivamente la celebración de su cincuentenario, o sea el año 1954. El ya estaba pensando en la fundación, lo dijo y lo escribió. Él entonces, que era un hombre en la fuerza de la vida, pensó y lo realizó en la fundación que no llevaría su nombre, sino fundación -el nombre que propuso él- fundación para el estudio de la poesía.

Él era un agradecido de todos los maestros, de todos los poetas que leyó, pero sabía también que la poesía es un deber continuo a través de las generaciones, ya lo dijo en su propia obra cuando habló de aquellos que seguirían en el tronco enorme, ininterrumpido, tejiendo las significaciones del mañana. O sea hablaba de los poetas del futuro, que son los poetas de hoy y que serán también los poetas del siglo XXI, y porqué no, ya que la poesía es eterna, del tercer milenio.

Y recuerdo perfectamente que ese día, él estaba en su casa de los Guindos, como entonces se decía; actualmente La Reina, barrio de Santiago, y que es conocida como la casa de la fundación de nuestra amiga "hormiguita", que fue su segunda esposa. Estaba allí el rector de la Universidad de Chile, un hombre activísimo: Juan Gómez Millas, y él hizo entrega a la Universidad de su preciosa biblioteca. Con libros inestimables, entre ellos libros de Petrarca, libros del siglo XVI, libros de una alcurnia sobresaliente y únicos en el mundo. Y los entregó a la Universidad de Chile, con vistas a esta fundación que proponía.

Él juntaba cosas, era un gran cachurero, iba por los mercados persas, o los llamados mercados de las pulgas en otros países, y se enamoraba de las cosas aparentemente desechadas, abandonadas, objetos pequeños que le llamaban la curiosidad y que él quería tener, porque en el fondo en Neruda hubo siempre un niño pequeño al principio, solitario y un niño grande. Y murió como niño grande. Pero también tenía el sentido de compartir las cosas, compartía la mesa. Fue un enorme practicante de la amistad, la mesa siempre compartida, no podía estar sólo, necesitaba de la compañía humana.

Y necesitaba dar en grande, y así donó a la sociedad humana, a todos los que pasaran por la Chascona, por la Sebastiana, por Isla Negra, donó colecciones de todos los objetos y las casas mismas. E hizo -no hay parangón- los donativos del punto de vista cultural, que se transformaron en puntos de referencia mundiales del turismo internacional. La gente, muchos vienen a Chile, y quieren visitar la casa de Neruda, así sucedió en el primer viaje con los reyes de España, con el hermano del emperador del Japón, con los visitantes más lejanos, y a veces más inverosímiles. Saben que las casas de Neruda son de una atracción formidable.

Él mismo lo dijo, yo he nacido pobre, y a diferencia de los que nacieron ricos, que muchas veces jamás se desprenden de sus posesiones y se llevan sus casas y sus tesoros a la tumba, yo quiero entregarlo todo y lo dispuso así testamentariamente. Bueno, esto sucedió ya en el cincuentenario, ahora se suma otro cincuentenario; es el centenario. Y Neruda en aquel tiempo era un poeta muy significativo, el más importante poeta chileno, tal vez latinoamericano, que se ha proyectado ahora como un poeta mundial. Él es conocido en América latina, en Estados Unidos, en Norteamérica, en Europa. En los últimos años, lo que no alcanzó en vida, lo logró cuando se convirtió en un poeta de interés para los asiáticos.

Viene la televisión de Hong Kong, de Corea del Sur, a fin de entrevistar, de conversar, y de proyectar a Neruda en su centenario. O sea por primera vez un chileno alcanza una popularidad mundial. Y ahora, incluso ante estos muy severos críticos extranjeros, Neruda es considerado el mayor poeta del siglo XX. Y algunos también lo citan entre los grandes de la literatura occidental de todos los tiempos. No todos pueden estar de acuerdo con esta consagración de nivel universal. Pero el hecho que lo haga gente que no tiene lazos directos con nuestro país, representa también la consagración de un poeta extraordinario por muchos conceptos. No sólo por su calidad sino por su extensión temática.

Neruda empieza -y esto creo que lo he dicho aquí mismo y todo el mundo lo sabe- como un poeta del amor y como un poeta del paisaje. Estos dos valores caracterizan el primer libro que publicó el año 22 o 23, que es "Crepusculario". Luego el año 24, cuando él tiene 20 años y lo ha entregado a la imprenta con anterioridad publica "Veinte poemas de amor y una canción desesperada". Es sorprendente que un muchacho escriba una obra que se ha convertido en clásica, con tanta madurez, perfección y emoción. Y la capacidad de convertirse en una especie de secretario de los amantes, porque hay muchos jóvenes o no tan jóvenes que para impresionar a la amada, suelen presentar como propios versos de Veinte poemas. Este fenómeno fue un fenómeno a nivel latinoamericano por lo menos, y Neruda lo conoció, y le gustaba el hecho, porque él era propiciador del amor, de la buena amistad, y estaba encantado de que su poesía fuera útil, incluso como material de seducción.

Pero a la vez Neruda, en su primer libro es el poeta de l paisaje, es el poeta de la naturaleza, es el poeta ecológico; cuando nadie hablaba de ecología, es el poeta del mar, es el poeta de la costa, de las rocas, de las piedras de Chile, es el poeta de la pajarería. Él mismo se declaraba poeta pajarón, y en verdad no lo era porque fué un hombre gran inteligencia, pero junto con eso fue el poeta al cual hay que consultar en el punto de vista de lo que el hombre ha hecho. Y sus muchísimas, sus varios tomos de odas, son dedicados a una idea que él tuvo, una idea revolucionaria desde el punto de vista de la poesía.

Se aceptaba hasta entonces que la poesía era un tema delicado, que era un tema sublime, que debía tener una sentimentalidad profunda, rica; es la llamada poesía pura y además decantada. Pero Neruda fue el que propuso por una poesía impura, o sea él quiso darle carta de ciudadanía dentro de la literatura y de la poesía en concreto a todos los temas considerados incluso prosaicos, los temas de cocina, de comida, de tejidos, de pequeños asuntos a los cuales jamás le fue concedido el derecho a ingresar a la casa de la poesía. Él lo hizo y seguramente, estoy repitiendo algo considerado casi como el rey Midas, quien según la leyenda, convertía en oro todo lo que tocaba, el gran poeta, no sólo él sino todos los poetas realmente inspirados pueden convertir en poesía cualquier tema que toquen.

Y por eso él también le dio carta de ciudadanía y legitimidad estética a la política, a la acción del hombre, a los objetos que construía, a las luchas que libraba: por una democracia, por una libertad profunda, por la participación de la gente, por el derecho a cultivar la felicidad. Pero eso está en su Canto general, que es una obra descomunal en cuanto a su ambición. Porque en el fondo es una historia poética de América, y empieza con el continente vacío, aquel que esta sólo entregado al árbol, al cielo, al viento, a la naturaleza; donde el hombre todavía no ha llegado. Y luego en capítulos diversos posteriores aparece al hombre que ocupa una América vacía y que la va poblando en una caminata procedente del Asia durante diez o doce mil años. Es la caminata más extensa de la historia. Y así esos pueblos primitivos pueblan este continente desde Alaska hasta la Tierra del Fuego.

El quiere cantar a aquello y quiere cantar también el arrojo de los aborígenes que defendieron su tierra frente a la invasión del conquistador. Y frente al conquistador él tiene una actitud dual; simpatiza con los pueblos originarios, critica al conquistador, porque se llevó el oro, se llevó todo el oro, pero a su vez lo celebra porque también nos dejó, dijo, el oro de la palabra, el lenguaje que aprendimos, el castellano en este caso que le permitió a él también escribir en esa lengua la poesía resplandeciente.

Este hombre es un poeta.-yo digo- multiuso y todo terreno. Multiuso porque cualquiera que quiera encontrar los versos precisos para referirse a una situación que puede ser un sentimiento personal como el amor, o que puede ser una respuesta política como aquel que debe recordar a los desaparecidos, recurre a Neruda. Recurre a sus palabras, porque allí están sus palabras para todos los asuntos humanos, y yo creo que por eso se ha transformado en un poeta digamos a nivel universal y un poeta que es descubierto, en circunstancias que la poesía no tiene fama de alcanzar esa vastedad geográfica.

Él la está alcanzando, o sea que muerto, treinta años después de su fallecimiento que también fue un fallecimiento nerudiano o un fallecimiento al estilo de la tragedia griega, porque normalmente él debió tener funerales comparables a los que tuvo Víctor Hugo en París, a fines del siglo XIX, o sea funerales nacionales. (Hoy lo pienso así) -digo - que Neruda había muerto de muerte nacional; murió con la democracia, murió con la libertad, murió con todos los muertos de septiembre y con los muertos que después no tuvieron sepultura. Y sin embargo es un muerto que siguió viviendo para conservar esos valores. Y a treinta años de su desaparición física él está poéticamente mas vivo que nunca.

Y además es una maravilla que exista una Sebastiana, que exista Isla Negra, que exista la Chascona, y otros lugares en que la poesía tiene su casa. Y una casa visitada por muchos, incluso por muchos extranjeros. Eso es un triunfo de la poesía. Porque en muchos casos los poetas piensan que escriben sólo para sí mismos y que no trascenderán a la atención de los demás y Neruda lo demostró. Con todo esto que digo, quiero también significar que no es mi intención divinizar a un hombre ni convertirlo en estatua, porque sería muy anti nerudiano;él era un hombre de carne y hueso, y todos los que lo conocieron supieron que el habitante de esta casa era un chileno; en muchos aspectos, en casi todos, común y corriente. Con la única diferencia que tenía genio poético.

Pero no lo hacía sentir, no lo hacía pesar, era extraordinariamente democrático e igualitario en el trato con los demás, se podía y siempre esa conversación era una conversación cotidiana e interesante, inteligente, pero no se estaba conversando con un semidiós, ni con un titán, ni un ser extrahumano, sino que él era un ser humano por excelencia y era en el fondo un hombre de pueblo, y era también un hombre que tenía esos problemas de niño, tal vez porque murió su madre cuando él tenía tres semana de vida, y por lo tanto no la conoció, siempre buscó en las mujeres también a esta persona, a la madre que no tuvo, y yo creo que este hombre, este joven, este niño, que tuvo una infancia triste, que tuvo una juventud alborotada y bohemia; varios de sus colegas, compañeros de entonces, de la generación del año veinte, murieron víctimas de la tuberculosis, era la enfermedad que acechaba sobre todo a los jóvenes, en aquellos tiempos de hace ochenta años atrás donde no se había descubierto todavía la droga, la estreptomicina, que podía detener los avances de la tuberculosis.

Él temió enfermarse; era un muchacho flaco y descomido y bohemio y por eso se escapó de Chile y se fue al Asia, un continente que desconocía, donde conoció la infinita soledad, pero que también lo introdujo en un mundo introspectivo que no había tenido en Chile. El poeta melodioso, raro, romántico, de veinte poemas, en el Asia se transformó en un poeta interior, misterioso, a ratos incomunicado, que llega a decir en cierto momento incluso, que se cansa de ser hombre. Pero está escribiendo una poesía que pareció para muchos oscura en ese momento y era como otra dimensión del arte. Es la poesía de "Residencia en la tierra".

Bueno, ese hombre se fue hace treinta años en circunstancias y condiciones que todos conocen, y está aquí, y sigue caminando por el mundo, porque el centenario va a ser celebrado en Chile y de alguna manera nosotros, y La Sebastiana está dando el puntapié inicial a la celebración que se prolongará por todo el año, al menos, como a él le gustaba. Porque era un gran celebrador de sus cumpleaños, o sea de la vida, de la posibilidad de seguir trabajando, de la humanidad, del pueblo, de la gente, de lo que él era. Por eso, yo considero que esta bien que en el mes de enero cuando se inicia el año 2004, se le recuerde y que esta fiesta intelectual y sentimental de reconocimiento a un conciudadano que es un padre de Chile, porque pensó a Chile y lo quiso, y ennoblece a Chile ante el mundo, también por su poesía que esta presente ahora aquí, y esté también caminando por otros continentes llevando la palabra de una poesía que no muere. Eso es muy importante.

Pero él, vuelvo, pensó siempre en que la fundación tenía que abrir la puerta a los nuevos poetas, y los nuevos poetas muchas veces pueden ser no nerudianos, incluso anti nerudianos, por un fenómeno que se da mucho en la historia de la literatura, es el fenómeno, para emplear términos también literarios, del parricidio. O sea, los jóvenes, la nueva generación trata de matar literariamente a sus padres para sentirse renovadores, para dar una palabra distinta. Cosa que se produce, porque al fin y al cabo la literatura es siempre una gran renovación. Una generación no repite a la anterior, la continúa, pero también la descontinúa, escribiendo una poesía distinta, que puede ser de distintas calidades, pero que de alguna manera también alcanzará ciertas cumbres.

Es así, si nosotros miramos hacia el siglo XX, notaremos que este siglo fue una enorme revolución estética y literaria, respecto del siglo XIX que a su vez había sido un siglo colosal del punto de vista de la novela con Tolstoi, con Dostoievski, pero al aparecer el siglo XX con Proust, también vinieron los grandes renovadores, todo se renovó, y así el siglo XXI también tendrá los renovadores que negarán la poesía anterior, para proponer una poesía nueva. Y en el fondo están continuando la tradición, en el fondo están agregando un nuevo eslabón a la cadena de la historia de la creación literaria de las generaciones. Porque los hijos pueden negar a los padres, pero de todas maneras son hijos de sus padres, de sus madres, como son los chilenos que no pueden olvidar ni a Gabriela Mistral, ni a Neruda, ni a Pablo De Rokha, ni a Vicente Huidobro, ni a tantos poetas grandes que Chile tiene, porque al fin y al cabo los tuvieron en cuenta, pero no para repetirlos, no para copiarlos, sino para decir su palabra nueva, original, porque esa es la ley de la poesía también.

De tal manera que uno viene a su casa, a esa casa en la cual conversamos tantas veces con él de asuntos cotidianos, de la vida, y nos encontramos con ustedes para recordarlo. Eso tiene su emoción, tiene también su significado profundo. Se producirá en otras partes del país, y en otras partes del mundo, que se prepara para recordarlo. En el fondo es la continuidad de la humanidad, de lo mejor, de su gran belleza, de la poesía, del arte; y este hombre es nuestro representante máximo en esto.

La vida una suma de Historias

Hace cosa de una semana en la feria del libro del parque forestal, en Santiago, un periodista me dice, usted parece un escritor muy porfiado, insiste en recordar, y porqué este memorialista no quiere acordarse de usted, ni hablar de usted. Bueno yo le dije, no, yo soy un hombre que escribo, porque no puedo dejar de escribir; el cuerpo me lo pide, el alma me lo exige. Si no lo hago me siento mal, es como una enfermedad. Entonces, para ser más feliz, para sentirme bien, escribo. Pero yo trato de escribir sobre los demás.

Durante muchos años yo me resistí a la idea de las biografías, porque encontraba en ellas el peligro de rendir culto, un culto que podría ser incluso excesivo a ciertos poetas, que podrían ser Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Huidobro, Borges. Y también me resistí, más todavía, mucho más, a la idea de las memorias. Y porqué, porque se corría el riesgo de hablar de uno mismo en un sentido, digamos parcial, cariñoso, justificar su vida, incluso de incurrir en ese vicio feo del narcisismo. El cual cerca, amenaza y perjudica a grandes poetas como el propio Huidobro, del cual yo fui acompañante en mi primera juventud. Y conocí también los excesos de estarse mirando en el espejo, y considerarse a sí mismo como persona extraordinaria. Yo creo que un poco de modestia no hace mal a nadie.

Por lo tanto yo no voy a escribir nada que huela a autobiografía. Pero mi hijo Claudio se suma a otras voces y me reclama diciendo; tú eres una persona de edad, que ha vivido una vida larga, que ha visto muchas cosas en Chile durante el siglo XX. ¿Te vas a llevar esto a la tumba? ¿Va a ser esto silenciado, se va a perder definitivamente? ¿O tú tratarás de dejar algún testimonio? Le digo, pero es que yo no quiero hablar de mí mismo. Me dice: no hables de ti mismo, habla de los demás. Fue un consejo que yo seguí a medias. Porque lo importante es hablar de los demás, es hablar del país, es hablar del mundo, de la época, de la historia, de lo que sucede, de los sufrimientos, de las esperanzas.

Sí, hay que hablar de los demás, pero yo necesariamente voy a ser el que está contando el cuento, el veedor, el oidor. Yo tengo que ser el testigo ocular, el que vio las cosas o que las oyó. Y que por lo tanto las reproduce dando también su opinión. De ahí nació también esta serie "Antes del olvido", que ya tiene tres tomos. Y yo lo pensé al principio; el primero no lo pensé, después cuando acepté esta idea, entonces escribí un libro que se llama "Un muchacho del siglo XX", que habla de la infancia y la juventud de un joven chileno que esta viviendo estas décadas del siglo XX, cruzadas por la historia también, pero de repente siento, escucho que hay gente, muchachos contemporáneos míos, o no tan contemporáneos, incluso más jóvenes que se proclaman muchachos del siglo XX. Porque son muchachos del siglo XX.

Cada ser humano es distinto, tiene sus particularidades, pero vive épocas iguales, vive el mismo tiempo, está expuesto a los mismos problemas del país, y por lo tanto esa fraternidad no buscada existe. Y muchachos del siglo XX son todos los que fueron muchachos del siglo XX. Y naturalmente el siglo XX es muy largo, cuenta de cuatro o cinco generaciones. Cada una tendrá lo suyo, pero también elementos comunes. Y después vino "Un hombre de edad media", que así se llamó el segundo tomo, y ahora este tercero que debía ser el final "La vida una suma de historias".

Porque es así, la vida es una suma de historias; no hay vida que no dé material para una novela, o para varias novelas, pero esas novelas no se escriben porque la propia persona que la está viviendo no escribe. No todos son escritores. El escritor es una persona que tiene una vocación. Tal vez tiene una cierta sensibilidad especial, aunque él no sea nada especial. Y él siente la comezón en la mano derecha y tiene que escribir. Tiene que escribir porque sino se siente mal, y en ese caso hay que escribir de la época, hay que escribir del otro, pero también hablando uno mismo y opinando sobre aquello que existe. Y yo quisiera leer un parrafito muy breve de esta historia que puede ser larga.

Al comienzo, porque este libro es un libro como todos los que yo trato de escribir, digo: hijo de la memoria; de la memoria individual y también de la memoria colectiva. Pero, a su vez es como la historia de toda la literatura, toda la literatura es eso. Yo digo en un primer momento, se abre el libro con esto y entonces me permito una lección que aprendí de Vicente Huidobro, como lo recordaba también Gonzalo Rojas. Aprendí la lección de la libertad, o sea que en la literatura puede hacerse todo, y puede incluso trasponerse los tiempos. La literatura es una gran empresa en común, en que todo lo que se ha escrito forma parte de una cultura universal y puede ser recordado, entonces hablo y se habla.

Empiezo con algo que no tiene mucho que ver y sin embargo tiene mucho que ver.
La bella Helena, Tú nos sabes -yo estoy hablando conmigo mismo- lo que pasa cuando Paris se enamora de la bella Helena. Pasa todo lo que sucede entre la mujer y el hombre entonces, ahora y después. Y entre los hombres. El amor y la guerra. Pasa lo que aconteció en Troya. Pobre Ilión. Algunos exclaman. ¡Las mujeres! ¡Las mujeres! Agamenón está furioso. O sea empieza, con una alusión brevísima a la historia griega, a la historia clásica, a la guerra de Troya, porque un troyano se robó la mujer del rey, a la bella Helena.

Homero anda recogiendo historias por las calles, por los montes, tal vez en la Acrópolis y en la llanura. Por los puertecillos del Egeo. Lo que se cuenta en Ática. La historia del caballo de madera, el caballo ofrendado como signo de paz. Los troyanos no saben que dentro del caballo hay guerreros griegos. Es la trampa ideada por cierto aqueo al cual algunos llaman "el vanidoso". Otros lo estiman gran armador de trampas. Los escondidos esperan el amanecer. A esa hora abrirán las puertas como si el caballo fuera una casa, abrirían su vientre. ¿En la mañana o en la noche?
Odiseo -es el que idea la estratagema- es un experto en trucos. Así lo narra Homero, que recogió los cuentos en mentideros y mercados. -porque el escritor no sólo se alimenta de sí mismo sino de la vida de los otros y de lo que escucha- Tenía que ensartarlos como cuentas de un collar. Las perlas caían de la boca de los aldeanos y de los cronistas chismosos. ¿Ficciones? Sí, tal vez muchas historias en gran parte inventadas. Tantas leyendas, que son como excavaciones de antiguas ciudades ocultas -porque la literatura nació como literatura oral, hace millares de años- Relatos de los tiempos en que nació la historia. Cuentacuentos, rapsodas, la voz, el vocablo del pueblo analfabeto. Palabras de poeta, de improvisadores ciegos -porque tampoco existía la escritura- acompañados por un perro lazarillo. Hablan de la guerra, de diez años o de tres mil años. Una carrera contrareloj que data de entonces y desde antes.

O sea que yo empiezo con esto, y yo también me quiero reír de aquellos que se presentan con sus antepasados, bueno están muy orgullosos de sus blasones y de aquellos que son nobles padres, antepasados todos muy respetables, pero yo conocí sólo a mis padres, porque soy hijo de inmigrantes, conocí sólo por fotos a un abuelo.

Y entonces, yo me invento un árbol genealógico Y mi árbol genealógico es el más largo de todos, es el árbol genealógico de todos los seres humanos, porque yo soy un hijo de la naturaleza, no un hijo natural, o sí un hijo natural, porque soy un hijo de la naturaleza, de una naturaleza de millones de años, que sencillamente llegó a un momento determinado a crear al hombre; el homo sapiens, y yo reclamo también porque soy pelirrojo como niño; nadie lo puede pensar ahora. Soy el niño pecoso, al que los chiquillos gritaban en las calles de Curico: "cabeza de incendio", "cabeza de cobre".

El cabeza de incendio quiso después, así lo dijo, incendiar el mundo -era un sueño de niño- con el fuego de la poesía. Y la antorcha de la revolución para que comenzara una vida nueva, aquella que nace del sueño. Palabras grandotas, aunque ese piromaniaco no lo consiguió; pero no pierde la esperanza, todavía sigue sintiendo ganas. Es curioso, cuando niño le cargaba que alguien lo llamara "cabeza de incendio", ahora a estas alturas le gustaría, pero nadie lo dice, por razones que están a la vista. Bueno, entonces yo reclamo que ese es mi árbol genealógico, el árbol genealógico de todos. Porque todos somos hijos. Se ha descubierto que el gen pelirrojo tiene ya 35000 años, por lo tanto tengo antepasados muy antiguos, como todos los pelirrojos.

Así el libro es un libro en cierto modo original y busca también esta incorporación de la persona como un hijo de la naturaleza, porque todos nosotros lo somos. Y de este proceso infinito, al parecer, que dura millones de años, en que cada persona es un momento y un instante en la historia de la humanidad. Que seguramente pasará desapercibido, no dejará una huella, pero es la humanidad la que proseguirá siempre y espero que no se suicide nunca. Y también tengo otros notables antepasados como el hombre de Neardenthal.

Y después el libro pasa también, por lo que produce la ficción literaria del niño, o del muchacho, o del adolescente que está en el liceo, y descubre la lectura y a través de la lectura llega a la escritura. Y lee muchos libros, y piensa: porqué yo no puedo intentar escribir un libro y escribe sus mamarrachos juveniles. Pero un día, escribe un poema en el liceo, un poema escolar, que sale premiado en uno de los llamados entonces concursos de la fiesta de la primavera. Que fue el gran trampolín de todos los poetas chilenos del siglo XX. Neruda, Gabriela Mistral, todos empezaron por ahí.

Bueno, este libro es un paso que naturalmente llega al momento actual, y que escribe en función también de un sueño, un sueño de mejorar la vida, y finalmente lo dice con entera libertad, este libro habla de todo. Por ejemplo un capitulo muy importante del libro y de todos los libros: las mujeres. En nuestra generación las mujeres fueron a veces nuestro "trance hipnótico". A algunas, las capitales, las seguimos viendo porque nos visitan en sueños o en evocaciones. Las mujeres andan por casi todas partes. Salen más a la calle, trabajan, estudian. Hay algunas que siguen siendo bastante románticas, al parecer. Otras un poco surrealistas o realistas con el paso del tiempo. Para nosotros era un hecho excepcional la mujer de vanguardia, pero las había y existía un temor atroz al embarazo no deseado -en esos tiempos no había la píldora ni nada de aquello-

Y en medio de todo eso mi poesía era una ciudad sumergida, a medio construir, coludida con el paisaje y el mundo y con la presencia femenina que hacia levitar el recuerdo. Nosotros no teníamos un mundo sosegado. Éramos muchachos imbuidos por el contexto de nuestro tiempo, por la política axiomática, la lectura sustanciosa, la admiración por Sartre, la idea de la modernización de la cultura, y a veces sentíamos el efecto explosivo de cierta voluptuosidad y nos sentíamos transeúntes más o menos apresurados en la tarea de construir una sociedad mejor.

La relación urbana ha cambiado mucho. Ha llegado también la hora de los talleres literarios, de las fundaciones, de los encuentros de poetas, de la aparición de un ministro de Cultura, de las pugnas literarias, que son menos violentas pero más frecuentes que las de nuestro tiempo. Se habla de la poesía, de la literatura femenina.¿Acaso existe como un mundo hermético? ¿O ellas saben abrir la puerta?. E incluso aparecen sus "obras completas" o su "obra selecta".

Han pasado tantas cosas. Y sin embargo quedan mil episodios graves sobre los cuales no se habla. Son la historia más larga y más triste que las mil y una noches al revés. Fueron seis mil noches y seis mil días hechos de incertidumbre y temor. Con un balance de muertos, de asesinados, de torturados, de personas a las cuales se les negó también el derecho a la tumba; a saber donde están.

Bueno, da las gracias por estar vivo porque pudiste morir en el camino. Y sigue contando este cuento real, de nunca acabar. Tendrás que escribir al menos un tomo más, aunque lo hagas a la luz del ocaso. Mantén la esperanza, como la última frase del libro: no olvides que volveremos a clase en marzo próximo. Porque en marzo próximo debería publicarse el último tomo de "Antes del olvido" y terminar así con esta tetralogía. Esperamos que así sea.