Volodia
Teitelboim en La Sebastiana.
En
los festejos del centenario del nacimiento de Pablo
Neruda. "El poeta en la memoria y la vida una
suma de historias."
Por
Mauricio Carreño A.
Neruda
en la memoria
La
Sebastiana, la casa de
Neruda, para mirar desde lo alto los barcos que estoy
mirando yo, comienza digamos, o tal vez prosigue la
celebración del centenario de su nacimiento.
Yo recuerdo muy vivamente la celebración de
su cincuentenario, o sea el año 1954. El ya
estaba pensando en la fundación, lo dijo y
lo escribió. Él entonces, que era un
hombre en la fuerza de la vida, pensó y lo
realizó en la fundación que no llevaría
su nombre, sino fundación -el nombre que propuso
él- fundación para el estudio de la
poesía.
Él era un agradecido de todos los maestros,
de todos los poetas que leyó, pero sabía
también que la poesía es un deber continuo
a través de las generaciones, ya lo dijo en
su propia obra cuando habló de aquellos que
seguirían en el tronco enorme, ininterrumpido,
tejiendo las significaciones del mañana. O
sea hablaba de los poetas del futuro, que son los
poetas de hoy y que serán también los
poetas del siglo XXI, y porqué no, ya que la
poesía es eterna, del tercer milenio.
Y
recuerdo perfectamente que ese día, él
estaba en su casa de los Guindos, como entonces se
decía; actualmente La Reina, barrio de Santiago,
y que es conocida como la casa de la fundación
de nuestra amiga "hormiguita", que fue su
segunda esposa. Estaba allí el rector de la
Universidad de Chile, un hombre activísimo:
Juan Gómez Millas, y él hizo entrega
a la Universidad de su preciosa biblioteca. Con libros
inestimables, entre ellos libros de Petrarca, libros
del siglo XVI, libros de una alcurnia sobresaliente
y únicos en el mundo. Y los entregó
a la Universidad de Chile, con vistas a esta fundación
que proponía.
Él juntaba cosas, era un gran cachurero, iba
por los mercados persas, o los llamados mercados de
las pulgas en otros países, y se enamoraba
de las cosas aparentemente desechadas, abandonadas,
objetos pequeños que le llamaban la curiosidad
y que él quería tener, porque en el
fondo en Neruda hubo siempre un niño pequeño
al principio, solitario y un niño grande. Y
murió como niño grande. Pero también
tenía el sentido de compartir las cosas, compartía
la mesa. Fue un enorme practicante de la amistad,
la mesa siempre compartida, no podía estar
sólo, necesitaba de la compañía
humana.
Y necesitaba dar en grande, y así donó
a la sociedad humana, a todos los que pasaran por
la Chascona, por la Sebastiana, por Isla Negra, donó
colecciones de todos los objetos y las casas mismas.
E hizo -no hay parangón- los donativos del
punto de vista cultural, que se transformaron en puntos
de referencia mundiales del turismo internacional.
La gente, muchos vienen a Chile, y quieren visitar
la casa de Neruda, así sucedió en el
primer viaje con los reyes de España, con el
hermano del emperador del Japón, con los visitantes
más lejanos, y a veces más inverosímiles.
Saben que las casas de Neruda son de una atracción
formidable.
Él mismo lo dijo, yo he nacido pobre, y a diferencia
de los que nacieron ricos, que muchas veces jamás
se desprenden de sus posesiones y se llevan sus casas
y sus tesoros a la tumba, yo quiero entregarlo todo
y lo dispuso así testamentariamente. Bueno,
esto sucedió ya en el cincuentenario, ahora
se suma otro cincuentenario; es el centenario. Y Neruda
en aquel tiempo era un poeta muy significativo, el
más importante poeta chileno, tal vez latinoamericano,
que se ha proyectado ahora como un poeta mundial.
Él es conocido en América latina, en
Estados Unidos, en Norteamérica, en Europa.
En los últimos años, lo que no alcanzó
en vida, lo logró cuando se convirtió
en un poeta de interés para los asiáticos.
Viene la televisión de Hong Kong, de Corea
del Sur, a fin de entrevistar, de conversar, y de
proyectar a Neruda en su centenario. O sea por primera
vez un chileno alcanza una popularidad mundial. Y
ahora, incluso ante estos muy severos críticos
extranjeros, Neruda es considerado el mayor poeta
del siglo XX. Y algunos también lo citan entre
los grandes de la literatura occidental de todos los
tiempos. No todos pueden estar de acuerdo con esta
consagración de nivel universal. Pero el hecho
que lo haga gente que no tiene lazos directos con
nuestro país, representa también la
consagración de un poeta extraordinario por
muchos conceptos. No sólo por su calidad sino
por su extensión temática.
Neruda empieza -y esto creo que lo he dicho aquí
mismo y todo el mundo lo sabe- como un poeta del amor
y como un poeta del paisaje. Estos dos valores caracterizan
el primer libro que publicó el año 22
o 23, que es "Crepusculario". Luego el año
24, cuando él tiene 20 años y lo ha
entregado a la imprenta con anterioridad publica "Veinte
poemas de amor y una canción desesperada".
Es sorprendente que un muchacho escriba una obra que
se ha convertido en clásica, con tanta madurez,
perfección y emoción. Y la capacidad
de convertirse en una especie de secretario de los
amantes, porque hay muchos jóvenes o no tan
jóvenes que para impresionar a la amada, suelen
presentar como propios versos de Veinte poemas. Este
fenómeno fue un fenómeno a nivel latinoamericano
por lo menos, y Neruda lo conoció, y le gustaba
el hecho, porque él era propiciador del amor,
de la buena amistad, y estaba encantado de que su
poesía fuera útil, incluso como material
de seducción.
Pero a la vez Neruda, en su primer libro es el poeta
de l paisaje, es el poeta de la naturaleza, es el
poeta ecológico; cuando nadie hablaba de ecología,
es el poeta del mar, es el poeta de la costa, de las
rocas, de las piedras de Chile, es el poeta de la
pajarería. Él mismo se declaraba poeta
pajarón, y en verdad no lo era porque fué
un hombre gran inteligencia, pero junto con eso fue
el poeta al cual hay que consultar en el punto de
vista de lo que el hombre ha hecho. Y sus muchísimas,
sus varios tomos de odas, son dedicados a una idea
que él tuvo, una idea revolucionaria desde
el punto de vista de la poesía.
Se aceptaba hasta entonces que la poesía era
un tema delicado, que era un tema sublime, que debía
tener una sentimentalidad profunda, rica; es la llamada
poesía pura y además decantada. Pero
Neruda fue el que propuso por una poesía impura,
o sea él quiso darle carta de ciudadanía
dentro de la literatura y de la poesía en concreto
a todos los temas considerados incluso prosaicos,
los temas de cocina, de comida, de tejidos, de pequeños
asuntos a los cuales jamás le fue concedido
el derecho a ingresar a la casa de la poesía.
Él lo hizo y seguramente, estoy repitiendo
algo considerado casi como el rey Midas, quien según
la leyenda, convertía en oro todo lo que tocaba,
el gran poeta, no sólo él sino todos
los poetas realmente inspirados pueden convertir en
poesía cualquier tema que toquen.
Y por eso él también le dio carta de
ciudadanía y legitimidad estética a
la política, a la acción del hombre,
a los objetos que construía, a las luchas que
libraba: por una democracia, por una libertad profunda,
por la participación de la gente, por el derecho
a cultivar la felicidad. Pero eso está en su
Canto general, que es una obra descomunal en cuanto
a su ambición. Porque en el fondo es una historia
poética de América, y empieza con el
continente vacío, aquel que esta sólo
entregado al árbol, al cielo, al viento, a
la naturaleza; donde el hombre todavía no ha
llegado. Y luego en capítulos diversos posteriores
aparece al hombre que ocupa una América vacía
y que la va poblando en una caminata procedente del
Asia durante diez o doce mil años. Es la caminata
más extensa de la historia. Y así esos
pueblos primitivos pueblan este continente desde Alaska
hasta la Tierra del Fuego.
El quiere cantar a aquello y quiere cantar también
el arrojo de los aborígenes que defendieron
su tierra frente a la invasión del conquistador.
Y frente al conquistador él tiene una actitud
dual; simpatiza con los pueblos originarios, critica
al conquistador, porque se llevó el oro, se
llevó todo el oro, pero a su vez lo celebra
porque también nos dejó, dijo, el oro
de la palabra, el lenguaje que aprendimos, el castellano
en este caso que le permitió a él también
escribir en esa lengua la poesía resplandeciente.
Este hombre es un poeta.-yo digo- multiuso y todo
terreno. Multiuso porque cualquiera que quiera encontrar
los versos precisos para referirse a una situación
que puede ser un sentimiento personal como el amor,
o que puede ser una respuesta política como
aquel que debe recordar a los desaparecidos, recurre
a Neruda. Recurre a sus palabras, porque allí
están sus palabras para todos los asuntos humanos,
y yo creo que por eso se ha transformado en un poeta
digamos a nivel universal y un poeta que es descubierto,
en circunstancias que la poesía no tiene fama
de alcanzar esa vastedad geográfica.
Él la está alcanzando, o sea que muerto,
treinta años después de su fallecimiento
que también fue un fallecimiento nerudiano
o un fallecimiento al estilo de la tragedia griega,
porque normalmente él debió tener funerales
comparables a los que tuvo Víctor Hugo en París,
a fines del siglo XIX, o sea funerales nacionales.
(Hoy lo pienso así) -digo - que Neruda había
muerto de muerte nacional; murió con la democracia,
murió con la libertad, murió con todos
los muertos de septiembre y con los muertos que después
no tuvieron sepultura. Y sin embargo es un muerto
que siguió viviendo para conservar esos valores.
Y a treinta años de su desaparición
física él está poéticamente
mas vivo que nunca.
Y además es una maravilla que exista una Sebastiana,
que exista Isla Negra, que exista la Chascona, y otros
lugares en que la poesía tiene su casa. Y una
casa visitada por muchos, incluso por muchos extranjeros.
Eso es un triunfo de la poesía. Porque en muchos
casos los poetas piensan que escriben sólo
para sí mismos y que no trascenderán
a la atención de los demás y Neruda
lo demostró. Con todo esto que digo, quiero
también significar que no es mi intención
divinizar a un hombre ni convertirlo en estatua, porque
sería muy anti nerudiano;él era un hombre
de carne y hueso, y todos los que lo conocieron supieron
que el habitante de esta casa era un chileno; en muchos
aspectos, en casi todos, común y corriente.
Con la única diferencia que tenía genio
poético.
Pero no lo hacía sentir, no lo hacía
pesar, era extraordinariamente democrático
e igualitario en el trato con los demás, se
podía y siempre esa conversación era
una conversación cotidiana e interesante, inteligente,
pero no se estaba conversando con un semidiós,
ni con un titán, ni un ser extrahumano, sino
que él era un ser humano por excelencia y era
en el fondo un hombre de pueblo, y era también
un hombre que tenía esos problemas de niño,
tal vez porque murió su madre cuando él
tenía tres semana de vida, y por lo tanto no
la conoció, siempre buscó en las mujeres
también a esta persona, a la madre que no tuvo,
y yo creo que este hombre, este joven, este niño,
que tuvo una infancia triste, que tuvo una juventud
alborotada y bohemia; varios de sus colegas, compañeros
de entonces, de la generación del año
veinte, murieron víctimas de la tuberculosis,
era la enfermedad que acechaba sobre todo a los jóvenes,
en aquellos tiempos de hace ochenta años atrás
donde no se había descubierto todavía
la droga, la estreptomicina, que podía detener
los avances de la tuberculosis.
Él temió enfermarse; era un muchacho
flaco y descomido y bohemio y por eso se escapó
de Chile y se fue al Asia, un continente que desconocía,
donde conoció la infinita soledad, pero que
también lo introdujo en un mundo introspectivo
que no había tenido en Chile. El poeta melodioso,
raro, romántico, de veinte poemas, en el Asia
se transformó en un poeta interior, misterioso,
a ratos incomunicado, que llega a decir en cierto
momento incluso, que se cansa de ser hombre. Pero
está escribiendo una poesía que pareció
para muchos oscura en ese momento y era como otra
dimensión del arte. Es la poesía de
"Residencia en la tierra".
Bueno, ese hombre se fue hace treinta años
en circunstancias y condiciones que todos conocen,
y está aquí, y sigue caminando por el
mundo, porque el centenario va a ser celebrado en
Chile y de alguna manera nosotros, y La Sebastiana
está dando el puntapié inicial a la
celebración que se prolongará por todo
el año, al menos, como a él le gustaba.
Porque era un gran celebrador de sus cumpleaños,
o sea de la vida, de la posibilidad de seguir trabajando,
de la humanidad, del pueblo, de la gente, de lo que
él era. Por eso, yo considero que esta bien
que en el mes de enero cuando se inicia el año
2004, se le recuerde y que esta fiesta intelectual
y sentimental de reconocimiento a un conciudadano
que es un padre de Chile, porque pensó a Chile
y lo quiso, y ennoblece a Chile ante el mundo, también
por su poesía que esta presente ahora aquí,
y esté también caminando por otros continentes
llevando la palabra de una poesía que no muere.
Eso es muy importante.
Pero él, vuelvo, pensó siempre en que
la fundación tenía que abrir la puerta
a los nuevos poetas, y los nuevos poetas muchas veces
pueden ser no nerudianos, incluso anti nerudianos,
por un fenómeno que se da mucho en la historia
de la literatura, es el fenómeno, para emplear
términos también literarios, del parricidio.
O sea, los jóvenes, la nueva generación
trata de matar literariamente a sus padres para sentirse
renovadores, para dar una palabra distinta. Cosa que
se produce, porque al fin y al cabo la literatura
es siempre una gran renovación. Una generación
no repite a la anterior, la continúa, pero
también la descontinúa, escribiendo
una poesía distinta, que puede ser de distintas
calidades, pero que de alguna manera también
alcanzará ciertas cumbres.
Es así, si nosotros miramos hacia el siglo
XX, notaremos que este siglo fue una enorme revolución
estética y literaria, respecto del siglo XIX
que a su vez había sido un siglo colosal del
punto de vista de la novela con Tolstoi, con Dostoievski,
pero al aparecer el siglo XX con Proust, también
vinieron los grandes renovadores, todo se renovó,
y así el siglo XXI también tendrá
los renovadores que negarán la poesía
anterior, para proponer una poesía nueva. Y
en el fondo están continuando la tradición,
en el fondo están agregando un nuevo eslabón
a la cadena de la historia de la creación literaria
de las generaciones. Porque los hijos pueden negar
a los padres, pero de todas maneras son hijos de sus
padres, de sus madres, como son los chilenos que no
pueden olvidar ni a Gabriela Mistral, ni a Neruda,
ni a Pablo De Rokha, ni a Vicente Huidobro, ni a tantos
poetas grandes que Chile tiene, porque al fin y al
cabo los tuvieron en cuenta, pero no para repetirlos,
no para copiarlos, sino para decir su palabra nueva,
original, porque esa es la ley de la poesía
también.
De tal manera que uno viene a su casa, a esa casa
en la cual conversamos tantas veces con él
de asuntos cotidianos, de la vida, y nos encontramos
con ustedes para recordarlo. Eso tiene su emoción,
tiene también su significado profundo. Se producirá
en otras partes del país, y en otras partes
del mundo, que se prepara para recordarlo. En el fondo
es la continuidad de la humanidad, de lo mejor, de
su gran belleza, de la poesía, del arte; y
este hombre es nuestro representante máximo
en esto.
La
vida una suma de Historias
Hace
cosa de una semana en la feria del libro del parque
forestal, en Santiago, un periodista me dice, usted
parece un escritor muy porfiado, insiste en recordar,
y porqué este memorialista no quiere acordarse
de usted, ni hablar de usted. Bueno yo le dije, no,
yo soy un hombre que escribo, porque no puedo dejar
de escribir; el cuerpo me lo pide, el alma me lo exige.
Si no lo hago me siento mal, es como una enfermedad.
Entonces, para ser más feliz, para sentirme
bien, escribo. Pero yo trato de escribir sobre los
demás.
Durante muchos años yo me resistí a
la idea de las biografías, porque encontraba
en ellas el peligro de rendir culto, un culto que
podría ser incluso excesivo a ciertos poetas,
que podrían ser Pablo Neruda, Gabriela Mistral,
Huidobro, Borges. Y también me resistí,
más todavía, mucho más, a la
idea de las memorias. Y porqué, porque se corría
el riesgo de hablar de uno mismo en un sentido, digamos
parcial, cariñoso, justificar su vida, incluso
de incurrir en ese vicio feo del narcisismo. El cual
cerca, amenaza y perjudica a grandes poetas como el
propio Huidobro, del cual yo fui acompañante
en mi primera juventud. Y conocí también
los excesos de estarse mirando en el espejo, y considerarse
a sí mismo como persona extraordinaria. Yo
creo que un poco de modestia no hace mal a nadie.
Por lo tanto yo no voy a escribir nada que huela a
autobiografía. Pero mi hijo Claudio se suma
a otras voces y me reclama diciendo; tú eres
una persona de edad, que ha vivido una vida larga,
que ha visto muchas cosas en Chile durante el siglo
XX. ¿Te vas a llevar esto a la tumba? ¿Va
a ser esto silenciado, se va a perder definitivamente?
¿O tú tratarás de dejar algún
testimonio? Le digo, pero es que yo no quiero hablar
de mí mismo. Me dice: no hables de ti mismo,
habla de los demás. Fue un consejo que yo seguí
a medias. Porque lo importante es hablar de los demás,
es hablar del país, es hablar del mundo, de
la época, de la historia, de lo que sucede,
de los sufrimientos, de las esperanzas.
Sí, hay que hablar de los demás, pero
yo necesariamente voy a ser el que está contando
el cuento, el veedor, el oidor. Yo tengo que ser el
testigo ocular, el que vio las cosas o que las oyó.
Y que por lo tanto las reproduce dando también
su opinión. De ahí nació también
esta serie "Antes del olvido", que ya tiene
tres tomos. Y yo lo pensé al principio; el
primero no lo pensé, después cuando
acepté esta idea, entonces escribí un
libro que se llama "Un muchacho del siglo XX",
que habla de la infancia y la juventud de un joven
chileno que esta viviendo estas décadas del
siglo XX, cruzadas por la historia también,
pero de repente siento, escucho que hay gente, muchachos
contemporáneos míos, o no tan contemporáneos,
incluso más jóvenes que se proclaman
muchachos del siglo XX. Porque son muchachos del siglo
XX.
Cada ser humano es distinto, tiene sus particularidades,
pero vive épocas iguales, vive el mismo tiempo,
está expuesto a los mismos problemas del país,
y por lo tanto esa fraternidad no buscada existe.
Y muchachos del siglo XX son todos los que fueron
muchachos del siglo XX. Y naturalmente el siglo XX
es muy largo, cuenta de cuatro o cinco generaciones.
Cada una tendrá lo suyo, pero también
elementos comunes. Y después vino "Un
hombre de edad media", que así se llamó
el segundo tomo, y ahora este tercero que debía
ser el final "La vida una suma de historias".
Porque es así, la vida es una suma de historias;
no hay vida que no dé material para una novela,
o para varias novelas, pero esas novelas no se escriben
porque la propia persona que la está viviendo
no escribe. No todos son escritores. El escritor es
una persona que tiene una vocación. Tal vez
tiene una cierta sensibilidad especial, aunque él
no sea nada especial. Y él siente la comezón
en la mano derecha y tiene que escribir. Tiene que
escribir porque sino se siente mal, y en ese caso
hay que escribir de la época, hay que escribir
del otro, pero también hablando uno mismo y
opinando sobre aquello que existe. Y yo quisiera leer
un parrafito muy breve de esta historia que puede
ser larga.
Al comienzo, porque este libro es un libro como todos
los que yo trato de escribir, digo: hijo de la memoria;
de la memoria individual y también de la memoria
colectiva. Pero, a su vez es como la historia de toda
la literatura, toda la literatura es eso. Yo digo
en un primer momento, se abre el libro con esto y
entonces me permito una lección que aprendí
de Vicente Huidobro, como lo recordaba también
Gonzalo Rojas. Aprendí la lección de
la libertad, o sea que en la literatura puede hacerse
todo, y puede incluso trasponerse los tiempos. La
literatura es una gran empresa en común, en
que todo lo que se ha escrito forma parte de una cultura
universal y puede ser recordado, entonces hablo y
se habla.
Empiezo con algo que no tiene mucho que ver y sin
embargo tiene mucho que ver.
La
bella Helena, Tú nos sabes -yo estoy hablando
conmigo mismo- lo que pasa cuando Paris se enamora
de la bella Helena. Pasa todo lo que sucede entre
la mujer y el hombre entonces, ahora y después.
Y entre los hombres. El amor y la guerra. Pasa lo
que aconteció en Troya. Pobre Ilión.
Algunos exclaman. ¡Las mujeres! ¡Las mujeres!
Agamenón está furioso. O sea empieza,
con una alusión brevísima a la historia
griega, a la historia clásica, a la guerra
de Troya, porque un troyano se robó la mujer
del rey, a la bella Helena.
Homero
anda recogiendo historias por las calles, por los
montes, tal vez en la Acrópolis y en la llanura.
Por los puertecillos del Egeo. Lo que se cuenta en
Ática. La historia del caballo de madera, el
caballo ofrendado como signo de paz. Los troyanos
no saben que dentro del caballo hay guerreros griegos.
Es la trampa ideada por cierto aqueo al cual algunos
llaman "el vanidoso". Otros lo estiman gran
armador de trampas. Los escondidos esperan el amanecer.
A esa hora abrirán las puertas como si el caballo
fuera una casa, abrirían su vientre. ¿En
la mañana o en la noche?
Odiseo -es el que idea la estratagema- es un experto
en trucos. Así lo narra Homero, que recogió
los cuentos en mentideros y mercados. -porque el escritor
no sólo se alimenta de sí mismo sino
de la vida de los otros y de lo que escucha- Tenía
que ensartarlos como cuentas de un collar. Las perlas
caían de la boca de los aldeanos y de los cronistas
chismosos. ¿Ficciones? Sí, tal vez muchas
historias en gran parte inventadas. Tantas leyendas,
que son como excavaciones de antiguas ciudades ocultas
-porque la literatura nació como literatura
oral, hace millares de años- Relatos de los
tiempos en que nació la historia. Cuentacuentos,
rapsodas, la voz, el vocablo del pueblo analfabeto.
Palabras de poeta, de improvisadores ciegos -porque
tampoco existía la escritura- acompañados
por un perro lazarillo. Hablan de la guerra, de diez
años o de tres mil años. Una carrera
contrareloj que data de entonces y desde antes.
O
sea que yo empiezo con esto, y yo también me
quiero reír de aquellos que se presentan con
sus antepasados, bueno están muy orgullosos
de sus blasones y de aquellos que son nobles padres,
antepasados todos muy respetables, pero yo conocí
sólo a mis padres, porque soy hijo de inmigrantes,
conocí sólo por fotos a un abuelo.
Y entonces, yo me invento un árbol genealógico
Y mi árbol genealógico es el más
largo de todos, es el árbol genealógico
de todos los seres humanos, porque yo soy un hijo
de la naturaleza, no un hijo natural, o sí
un hijo natural, porque soy un hijo de la naturaleza,
de una naturaleza de millones de años, que
sencillamente llegó a un momento determinado
a crear al hombre; el homo sapiens, y yo reclamo también
porque soy pelirrojo como niño; nadie lo puede
pensar ahora. Soy el niño pecoso, al que los
chiquillos gritaban en las calles de Curico: "cabeza
de incendio", "cabeza de cobre".
El cabeza de incendio quiso después, así
lo dijo, incendiar el mundo -era un sueño de
niño- con el fuego de la poesía. Y la
antorcha de la revolución para que comenzara
una vida nueva, aquella que nace del sueño.
Palabras grandotas, aunque ese piromaniaco no lo consiguió;
pero no pierde la esperanza, todavía sigue
sintiendo ganas. Es curioso, cuando niño le
cargaba que alguien lo llamara "cabeza de incendio",
ahora a estas alturas le gustaría, pero nadie
lo dice, por razones que están a la vista.
Bueno, entonces yo reclamo que ese es mi árbol
genealógico, el árbol genealógico
de todos. Porque todos somos hijos. Se ha descubierto
que el gen pelirrojo tiene ya 35000 años, por
lo tanto tengo antepasados muy antiguos, como todos
los pelirrojos.
Así el libro es un libro en cierto modo original
y busca también esta incorporación de
la persona como un hijo de la naturaleza, porque todos
nosotros lo somos. Y de este proceso infinito, al
parecer, que dura millones de años, en que
cada persona es un momento y un instante en la historia
de la humanidad. Que seguramente pasará desapercibido,
no dejará una huella, pero es la humanidad
la que proseguirá siempre y espero que no se
suicide nunca. Y también tengo otros notables
antepasados como el hombre de Neardenthal.
Y
después el libro pasa también, por lo
que produce la ficción literaria del niño,
o del muchacho, o del adolescente que está
en el liceo, y descubre la lectura y a través
de la lectura llega a la escritura. Y lee muchos libros,
y piensa: porqué yo no puedo intentar escribir
un libro y escribe sus mamarrachos juveniles. Pero
un día, escribe un poema en el liceo, un poema
escolar, que sale premiado en uno de los llamados
entonces concursos de la fiesta de la primavera. Que
fue el gran trampolín de todos los poetas chilenos
del siglo XX. Neruda, Gabriela Mistral, todos empezaron
por ahí.
Bueno,
este libro es un paso que naturalmente llega al momento
actual, y que escribe en función también
de un sueño, un sueño de mejorar la
vida, y finalmente lo dice con entera libertad, este
libro habla de todo. Por ejemplo un capitulo muy importante
del libro y de todos los libros: las mujeres. En
nuestra generación las mujeres fueron a veces
nuestro "trance hipnótico". A algunas,
las capitales, las seguimos viendo porque nos visitan
en sueños o en evocaciones. Las mujeres andan
por casi todas partes. Salen más a la calle,
trabajan, estudian. Hay algunas que siguen siendo
bastante románticas, al parecer. Otras un poco
surrealistas o realistas con el paso del tiempo. Para
nosotros era un hecho excepcional la mujer de vanguardia,
pero las había y existía un temor atroz
al embarazo no deseado -en esos tiempos no había
la píldora ni nada de aquello-
Y en medio de todo eso mi poesía era una
ciudad sumergida, a medio construir, coludida con
el paisaje y el mundo y con la presencia femenina
que hacia levitar el recuerdo. Nosotros no teníamos
un mundo sosegado. Éramos muchachos imbuidos
por el contexto de nuestro tiempo, por la política
axiomática, la lectura sustanciosa, la admiración
por Sartre, la idea de la modernización de
la cultura, y a veces sentíamos el efecto explosivo
de cierta voluptuosidad y nos sentíamos transeúntes
más o menos apresurados en la tarea de construir
una sociedad mejor.
La relación urbana ha cambiado mucho. Ha
llegado también la hora de los talleres literarios,
de las fundaciones, de los encuentros de poetas, de
la aparición de un ministro de Cultura, de
las pugnas literarias, que son menos violentas pero
más frecuentes que las de nuestro tiempo. Se
habla de la poesía, de la literatura femenina.¿Acaso
existe como un mundo hermético? ¿O ellas
saben abrir la puerta?. E incluso aparecen sus "obras
completas" o su "obra selecta".
Han pasado tantas cosas. Y sin embargo quedan mil
episodios graves sobre los cuales no se habla. Son
la historia más larga y más triste que
las mil y una noches al revés. Fueron seis
mil noches y seis mil días hechos de incertidumbre
y temor. Con un balance de muertos, de asesinados,
de torturados, de personas a las cuales se les negó
también el derecho a la tumba; a saber donde
están.
Bueno,
da las gracias por estar vivo porque pudiste morir
en el camino. Y sigue contando este cuento real, de
nunca acabar. Tendrás que escribir al menos
un tomo más, aunque lo hagas a la luz del ocaso.
Mantén la esperanza, como la última
frase del libro: no olvides que volveremos a clase
en marzo próximo. Porque en marzo próximo
debería publicarse el último tomo de
"Antes del olvido" y terminar así
con esta tetralogía. Esperamos que así
sea.