De algo hay que morirse

 

Por Mischa Díaz

Hace unos años leí una frase que me interesó. Era de un filósofo francés que hablaba sobre la muerte: Uno no se muere de enfermo, ni por un accidente. Se muere por estar vivo.
Pero pensar de esa forma, aunque sea una muy realista, es para un día domingo en la mañana en un estado de caña y decepción al límite.

De que hay que morirse, hay que morirse. La cosa esta en la forma, no en el fondo.
Hay que morirse no como dios manda, eso es para tontos graves. ¿Cuál es la gracia de morirse en el sueño, o de Cáncer, o en un choque automovilístico porque al señor chofer de la micro se le ocurrió tener un ataque al corazón justo cuando viajaba en la carretera? ¿Y qué es esa huea de ponerse una pistola en la cien y apretar el gatillo? No señor, esa no es muerte, ese es un castigo por hueón.

La muerte hay que enfrentarla con los ojos mirando hacia al frente, con pachorra, con decisión.
Abogo por todos los vicios habidos y por haber: alcohol, drogas duras, blandas, peludas y peladas, fiestas, pataches, amigos, amigas, conocidos, desconocidos, la tía, el tío, la vecina, la hija de la vecina -o tal vez las dos ¿Por qué no? - sexo cien por ciento carnaza que no se salve ni el perro, total el gua-gua es como un hermano. ¿Y cuál es la gracia de meterlo con un pedazo de hule en la diuca? Ninguna. Si lo vas a meter, mételo con todo. Si hay que cagarse la existencia, hazlo con clase, hazlo a lo campeón, a concho, después al otro lado se ve como se arregla la carga, si al final de todo, de algo hay que morirse.