Al
Atar las Naves de Winter
Por
Rodrigo Véliz
Pocos
problemas, originan tan variadas opiniones como el
de establecer un fundamento para comentar, pero se
puede entender o confiar que siempre tendrá
algún punto de partida para su origen.
Enrique
Winter (Santiago, 1982), se presenta como una de las
cartas de las nuevas generaciones de poetas chilenos.
Ha mediados de diciembre de 2003 apareció su
esperado primer libro individual “ Atar las
Naves” (Ediciones del Temple).
En
Atar las Naves se demuestra una cierta madures en
el oficio de poeta por parte del autor; logrando dar
un ritmo a cada página, que transforma la lectura
en algo parecido al andar, donde cada poema se integra
con el lector.
Llama la atención que Winter integre algunas
reglas métricas en su poesía, pues bien
la mayoría de los poetas jóvenes, de
alguna manera las dejamos de lados, ya sea por ignorancia
o particular flojera (por decir de algún modo).
Este
poeta transforma la ciudad en un cierto paraíso
donde los viajes toman particular importancia y dan
comienzo a nuevas conquista, también nos induce
a creer algunas cosas, por ejemplo que “las
micros trotan y son nuestras naves”. Es grato
reconocer en él un grado de asombro con ciertas
cosas, es así como dictamina que:
“En
la acera de un pueblo chico, hincarse
es darle un fulminante gancho de box al tiempo”
En
general Atar las Naves, es un libro bien logrado,
es un asombro descubrir en este contemporáneo,
el ejemplo de oficio y dedicación a la palabra.
Por lo general los libros primerizos, siempre tienden
a ser de alguna manera ingratos con el lector. En
el caso de Winter y su escrito, es una invitación
a conocer un mundo que se esconde a la vuelta de la
esquina.
Ilion
En
la contienda nuestra de nombrar las porciones,
Alza el fin de su lengua al marco óseo del
pubis.
Ésta
se adelanta - i -,
apoya en el paladar superior (parpadea),
se mira para adentro y cae - lion.
Amazonas
besaron así el nombre Troya,
los ojos blancos una vez al año.
Ahora
puede izar la banderita,
darle un himno, cobrar impuestos.