Sergio Badilla Castillo

 

Nació en Valparaíso el 30 de Noviembre de 1947. Su creación nace en cercana amistad creativa con los poetas, Juan Luis Martínez, Raúl Zurita, Juan Cameron, Eduardo Embry y Renato Cárdenas.

Durante su vida en el exilio formó parte del Grupo Taller de Estocolmo y del Pelican Gropu of Arts, junto al poeta uruguayo Roberto Mascaró y el artista chileno, Juan Castillo. Periodista de Radio Suecia Internacional y antropólogo de la Universidad de Estocolmo.

Ha sido invitado como lector al Congreso Mundial de Poetas de Madrid en 1982, al Poetry International de Rotterdam, al Primer Encuentro de Escritores de Lengua Española en Islas Canarias, al Encuentro Mundial de Poetas de Oslo y en 1993 a los Poesidagarna de Malmo en Suecias. En 1991 fue publicado en la antología sueca, Bevingade Lejon, editada por editorial Bonniers de Estocolmo. Ha sido traducido al sueco, inglés y francés. Desde 1993 reside en Santiago de Chile.

 

Evangelio

Mis progenitores imaginaron el cosmos desde Valparaíso un día martes de junio cualquiera. Poco es sin embargo lo que puede instaurar con el discernimiento un hombre en la inocencia escrutar los ruidos de la noche escasamente, mixtificar la negrura de su territorio o mirar simplemente las estrellas. Mis antepasados escribieron su propio catecismo en el tabernáculo de Playa Ancha mientras miraban las astros en el amplio firmamento. Las Tablas de la Ley fluyeron en el oleaje bajo el cielo encapotado cuando el océano abandonaba su lecho en la rompiente. Moisés apareció años más tarde - cansado y apático - después de caminar largas horas por Las Torpederas y subir por Carampangue hasta la calle Frontera. Los reptiles y saurios seguían merodeando la Piedra Felíz por cañadas y meandros. La sílice era refulgente en el litoral como figura de gusarapo oceánico varado en la tempestad. Así de pronto - sin que se dieran cuenta - ocurrió el diluvio con 30 días de lluvia en plena oscuridad y largos anocheceres de viento en toda la urbe. Noé apareció un domingo en la ribera occidental del muelle Prat con su barcaza llena de animales. Sara ya se había convertido en estatua de sal en el Parque Alejo Barrios esa misma primavera. Mis progenitores transitaban cada día los cerros para sorprender al sol esconderse tras el horizonte La tierra se abrió y el fuego consumió progenies y residencias un año incierto y anduvimos descalzos sobre la tierra humedecida durante mucho tiempo detrás del cataclismo. No hubo más desastre en esos días y tuvimos que velar en el cansancio a mis venerados amigos y sepultar en la oquedad de la roca a mis queridos hermanos. Mis progenitores imaginaron el cosmos desde Valparaíso mientras miraban las estrellas un día martes de junio - de ese primer año riguroso- mientras la arena fulgurante se confundía con el brillo del sol en la mañana fría de la costanera