Ulises Varsovia

 

Ulises VarsoviaCasa paterna

La casa paterna diseminada
en el remolino de las edades,
dispersa en fechas y domicilios
cuya fachada una débil impronta
de rostros furtivos en la memoria.

Lluvia el invierno propagatorio
repartido entre los agrestes cerros,
cuando julio en marcha desbordándose
hacia la vecindad de las vertientes,
y el mar rugiendo indomeñablemente
desde sus hostilidades salobres.

En su follaje húmedo el hogar,
en el azar de las direcciones
atadas al talante de los vientos,
bajo cualquiera de los tejados
confundidos entre las techumbres
asimétricas del conglomerado.

¿En cuál de tus guaridas colgantes,
en cuál de tus moradas roídas
por el viento y la metralla de la lluvia,
en cuál de los módulos anárquicos
de tu indisciplinada arquitectura,
Puerto, mi primer hogar, la casa paterna?

¿Y quién el que de pie en cubierta,
con su ronco vozarrón de mando
y su perfil de guerrero de piedra
asumiendo la paternidad,
borroso en la niebla de los años?

En el remolino de las edades
la casa girando, girando,
diseminada en el rudo desorden
de una ciudad de abrupto relieve
navegando por el océano,
perdiéndose en el horizonte.


Inédito, 2007

 

Eucaristía

La temprana mañana de julio,
húmeda aún de la recia resaca
arrojada a las calladas playas.

Toda la noche la furia temporal
sus bramidos de apocalípticas fieras
girando en soplido oceánico,
gimiendo por quebradas y cerros.

Ya la familia en marcha, reunida
a bordo de la nave inmóvil,
bajo el velamen del palo mayor.

Eufórica de bríos la tetera
humeando hacia cada mañana
de pan caliente en la mesa,
del cálido tazón ceremonial.

Capitán, la filial tripulación
extenuada en la gran travesía
por infernales mares, por islas
sin mención en cartas ni en leyendas,
perdidas en la bruma onírica.

Escalofriantes monstruos, gorgonas,
gigantescas serpientes marinas
silbando horrísonos alaridos,
y las olas de insólito vértigo
levantando murallas de espuma,
sepultándonos bajo su furia.

A babor las márgenes de finisterre,
y a estribor las pesadillas náuticas
de todos los antepasados muertos.

Pero ahora la familia reunida
en torno al duro pan de cada día,
y en el sacramento del tazón humeante
las manos en unción aferradas,
los labios las palabras rituales,
los rostros cabiszbajos, el perdón.


de Hermanía, Ed. Apostrophes:

 

 

El bosque de eucaliptus

Duérmete otra vez, infante,
en el bosque de eucaliptus,
cierra tus ojos en la exhalación
del fresco aliento de aquellas hojas
penetrando en tu íntima existencia,
en tus sentidos, adormeciéndolos.

No es verdad que haya pasado el tiempo,
nos es verdad que aquella mancha verde
danzando en el capricho del viento,
ya no pueda mecerte en sus brazos,
ya no pueda custodiar tu sueño.

Como en aquel entonces, encamina
tu rumbo hacia el bosque encantado,
y penetra en él inhalándolo,
penetra en él apoderándote
de sus substancias mentoladas,
de su odorífera corteza
donde tus fosas nasales se durmieron.

Por mucho que huyas por el planeta,
por mucho que tus pasos febriles
te lleven sin rumbo por el mundo,
siempre volverás a la montaña,
siempre regresarás al sitio
donde yace esperándote tu infancia.

Y siempre encontrarás el bosque
de eucaliptus meciéndose al viento,
siempre volverás a embriagarte
de sus penetrantes emanaciones,
de su mentolado aliento verde.

Duérmete en él nuevamente, infante,
duérmete en el bosque de eucaliptus,
arrullado en su fresco murmurio.


de Volver a Valparaíso, 2006


Amor a tu tierra

De prisa por los archipiélagos,
de prisa por acantilados,
por roqueríos y arrecifes,
de prisa por los fiordos nórdicos,
por dársenas, piélagos y radas,
por rías, golfos, istmos y estrechos.

¿Dónde está mi patria, asediada
por el océano immensurable,
dónde mi mar de olas aguerridas,
mi costa de granítica estirpe?

Desventurado bastardo errante
si en el entresueño del reposo
no escuchas la voz clamorosa
del océano estatutario,

desventurado hijo sin patria,
si el viento marino en ráfagas
no acaricia y envuelve tu cuerpo
de su inequívoco aliento salino.

Numerosos años ya que tus pies
dispersan por el ancho mundo
tus huellas de errabunda impronta.

Pero así erraras siglos, viajero,
no olvidarías la estela azul,
el surco en el mar de tu barca
capitaneada por tus dos manos.

Y así el amor retenga tu voluntad,
no olvidarás el amor a tu tierra
extendida como una doncella
en la línea longitudinal,
acariciada y besada y velada
por el océano clamoroso
en el sur-poniente del planeta.


Inédito, 2007

 

Llaves

Años de difusa luz
detenidos, temblorosos,
en la caligrafía
de mis viejos cuadernos.

Alguien vino aquella vez,
alguien tocó a mi puerta,
y me entregó un manojo
de llaves oxidadas,
carcomidas por el tiempo.

¿Qué cerradura abriré,
a qué casa fantasma
regresaré con los míos
a soplar el polvo,
a reconocernos, di?

¿En qué fría habitación,
sobre qué lecho vetusto
depositaré mi cuerpo
para volver a dormir,
para regresar del sueño?

¿Y quién nos llamará, di,
quién irá de cuarto en cuarto
llamándonos en alta voz,
pronunciádonos despierta,
con la misma voz del ayer?

Imágenes de mi cuaderno,
letras que escribí llorando
para arrancarnos del polvo,
para volver a vivir.

Alguien vino, sí, hermanos,
alguien me reconoció,
alguien me entregó las llaves
de las viejas cerraduras,
de una casa, un lecho, una voz.


de: Pasto de las llamas (Inédito), 2008