Felipe Moncada Mijic

 

 

Nace en Quellón (Chiloé) en diciembre de 1973.Realiza estudios de Física en la Universidad De Santiago De Chile.
Reside en San Felipe desde 1999. En el año 1990 obtiene el primer lugar, en el concurso regional de poesía, convocado por la Sociedad de Escritores de Talca.
En el año 2002, obtiene una mención honrosa en el concurso nacional “70 Años De Las Juventudes Comunistas”, ocasión en que se publica una antología con los seleccionados.
En la actualidad dirige la revista “La Piedra De La Locura”.

 


Cuando cae la máscara del actor

En la sala pánico, los muros son micrófonos
que comentaristas calvos soplan contra el tiempo.

La geometría de la sala es un caracol
que mujeres de vidrio llevan en los ojos.
En ella, en el medio de la escena
cae la máscara del actor, y en su rostro:

como en la pantalla de un televisor
se puede apreciar la niebla
chocando contra roqueríos azules.

Se puede apreciar además,
la lluvia mojando la maleza en un vagón desierto
ya que su rostro es una ventana abierta.


Minotauro

Una vez adquirido mi fabuloso condominio

(donde siempre pensé poseer mujeres por miles
y ver desde mi balcón bucólicos atardeceres
y techos de lata donde los gatos enfermos
despedazan lauchas hundidos en el vapor de la noche)

Contemplo la inmóvil extensión de los pasillos

(con las puertas abiertas hacia lugares
donde grandes televisores pasan prendidos noche y día)

O camino desnudo por los corredores

(masturbándome de vez en cuando
y cambiando de canal en canal
hasta quedarme dormido en los sillones
y pasar a los turbios canales del inconsciente
donde veo estrenos de pesadillas
y sueño de vez en cuando, aún, con el mundo real).

Ayer, mientras tomaba té en el techo de las ruinas

(contemplando desde la lejanía
el interminable flujo de gente por las calles
los ordenados cardúmenes de peces humanos)

observé algo completamente irreal
y contrario a todo orden y buenas costumbres:
una (turbia) paloma intentando cazar un gato.

(cuando pensaba que las palomas se conformaban
con picotear incesantemente el pasto de las tumbas)

La vi agazapada a punto de asesinar al inocente felino

(y hubiera salido corriendo para tratar de impedirlo
si hubiera tenido algo para tapar mi cuerpo desnudo
y ese tipo de persistentes ojos en la calva
no me hubiera mirado tan fijo
desde el televisor que está al terminar la escalera).


Durmiendo en el condominio

En el momento exacto que desaparecen
los camiones blindados de la basura municipal:
un pájaro de raza desconocida entona su canto.

Esto dura exactamente treinta segundos, tiempo que le basta
para entrar en el sueño de los habitantes del condominio:
un pastizal en común donde los vecinos caminan desorientados.

Allí pronuncia en distintos idiomas la palabra miedo,
esto, ya lo dijimos, durante treinta segundos,
luego se echa a volar y los vecinos despiertan de súbito
escuchando la sirena de una ambulancia.

Bestias y leones

Desde los leones del palacio de Nínive
atravesados en el relieve por flechas Asirias
hasta la jaula del Dumbar Circus Rex
mil quinientos pesos la galería
últimas dos funciones en San Felipe;

la evolución de la bestia
se opone a la del domador;
a toda luz, hombre de pocas luces:

especie de verdugo de feria pública
o mal ejemplo de la cabeza sobre el músculo.

Aún así, durante la noche:
escuchamos su rugido desde la jaula del Dumbar
y soñamos ser pastores en el suburbio de Ur.

Escuchamos también
balazos en la población vecina y en el sueño:
cae Ur domada
mientras los muros humean por las bombas.


Señales en casa de Plutón

Iluminación de velatorio para celebrar
la noche mas estrellada del invierno;

historias de terror para espantar a las musas
que drogadas a esa hora
sueñan con la primera risa de los pájaros.

En la casa Usher
los celebrantes son succionados en su médula
por el invierno y su nogal.

Colchones mojados aterran los visitantes
dedicados a la contemplación de azules en el fuego.

Las señales de la decadencia exageran:

cae la dueña de casa y se rompe la cara,
Davinci echa hojas de nogal al fuego:
tierra de cementerio que multiplica el crepitar
sobre las caras de los convocados
(otra vez el mito de la caverna)

En casa de Plutón:
sombras exceden en su magnitud
la metáfora de las ánimas
y su labor de persuasión
mientras el cielo cae
vaciado de si mismo
agujereado por luciérnagas de una niebla vecina.


Breve historia de San Felipe

Por las mismas calles que recorrió la Quintrala
llevada sobre cojines por dos esclavos
hoy arranca un lanza en bicicleta robada.


El misterio de la poesía

Escribir no constituye ningún misterio:
afeitarse sin pensar en la muerte
compartir un pedazo de pan
lograr que el trabajo sea un canto
eso sí, que constituye un misterio.


Comparaciones

Un hombre compara pantalones en una vitrina.
De pronto recuerda la muerte
y compara pantalones con ataúdes.

Cambios de forma

La poesía de la rabia agoniza
amenazada por las flores de una enredadera.


Ángelus

Un pájaro de especie desconocida
canta parado sobre una antena de televisión.
Nuestras almas quedan esclavas de su canto,
pero el ave lo abandona y se abre la noche.


Metamorfosis

Cierto poeta
que con frecuencia recordaba la infancia
despierta una mañana
convertido en un enorme niño.


Neo princesa etno

Se inyecta grandes cantidades de incienso
en su pirámide artesanal
escuchando música en inglés
con el principoto andrógino de cejas rasuradas.

Pero intuye de pronto
que tiene de amante a su mejor cliente.

Indignada
planea romper las alas de la mariposa
mientras toma su sopa de vidrio
imaginando variantes de la tragedia,
pero llega la prosperidad
y sopla las pocas palabras de sangre
que había puesto sobre el papel.

Salamandras de ciudad

La magia en la forma de un músico ciego
alborota desde un muro
con acordes que parecen un tango.

El terror en la forma de un payaso
amedrenta desde el pasillo de una micro
con una voz que parece de sangre.

El misterio en la forma de una gitana
canta en medio de la calle
con un aparato para predicar el Apocalipsis.


En el salón de Narciso

Emergen como tulipanes de los muros
pequeños retratos captados por la polaroid:
en ellos Narciso mira hacia el lago
(la lente, es decir, el resto del mundo)
como quien espera oír una piedra
chocar al fondo de un barranco
o como quien pide auxilio desde mundos paralelos:
espejos, mas allá, en fin;
el otro lado, el alma que captura la fotografía.

En aquella distancia -aquel salón de cristal biselado-
Narciso cae por las tardes al suelo trizándose
“cartas del árbol genealógico que derriba el viento otoñal”
pudiendo resucitar siempre
a la hora del cine de horror
cuando actúan todos los candados del condominio
para seguridad de los asociados.

Pero Narciso no recuerda sus rostros innumerables
el espejo no da abasto para tanta pantomima
y como las hojas del místico Gynko
cubriendo las plazas de provincia;
las imágenes en el suelo simulan una pantalla encendida
cuando ya solo se transmiten pesadillas de los satélites.


Retrato de Dorian Rojas

Ochenta años en el útero de su madre
como Lao Tsé
-el chilenismo complica la expresión-

De ahí hasta ahora
la muerte para él
ha sido un continuo proceso de rejuvenecer.

El secreto de la eterna adolescencia
lo bebió por casualidad en una taberna fenicia
o en un bar de Pittsburg -no imagino las coordenadas-
que cada uno asuma la inmortalidad a su manera:

él
en la incesante desintegración del lenguaje
el autor
en la búsqueda de su propia lengua muerta.


Indocente

Deimos y Fobos
bajo la blusa de la apoderada:
designaciones demasiado Griegas
para el mito de la maternidad y la abundancia.

Demasiado clasicismo para nombrar
aquellas lunas rebosantes de asombro.

Aún así
funciona en la caverna del profesor
la mimesis de aquellos polos
que se agitan bajo la blusa.

Mencionar los planetas en desorden
conjura catástrofes en su calendario

pero Demonio y Terror
coinciden en la boca de la pecadora
para que al profesor
se le olviden
los nombres de los planetas
y la desgracia
busque su corazón de animal domesticado.

De Irreal (Ediciones El Brazo de Cervantes)