Álvaro de Valparaíso, El Chileno que canta con la Nariz
Nadie es Profeta en su Tierra

Que la bandera chilena es la más bonita del mundo, que nuestro himno nacional salió segundo en un concurso después de la Marsellesa y que un chileno fue parte de los inicios del movimiento punk son tres mitos que forman parte de nuestro archivo de rarezas. Bueno, en esta entrevista develaremos el tercero de ellos para conversar con el músico, poeta y productor discográfico Álvaro Peña Rojas también conocido como Álvaro de Valparaíso o “The Chilean with The Singing Nose”.


por Carlos Morales Osorio

Radicado en Europa desde comienzos de los ‘70 Álvaro Peña ha sabido conjugar una historia que obedece a su particular propuesta artística y una opción de vida diferente. A sus 61 años se mantiene vigente en escenarios alternativos de Europa, siempre ataviado con sus guantes blancos, camisas de saco harinero y aquellos negros zapatos que parecen moverse al latido de los corazones rojos que los coronan. Pero además de su facha, Álvaro cautiva al público con una personalidad extravagante que mezcla una aguda ironía y el humor de un showman barrial que contagia de una desconcertada hilaridad. El año recién pasado por primera vez se presentó en Estados Unidos en eventos undergrounds que le abrieron la posibilidad de volver este año.

Su infancia transcurrió en Valparaíso en el seno una familia “bien constituida” con un padre dentista que siempre se opuso a tener un hijo músico y que le prohibió aprender a tocar el piano que tenían en casa. Se desempeñó como redactor publicitario para destacadas agencias nacionales y extranjeras hasta que desechó el trabajo para entregarse de lleno a la música. En Chile participó de dos bandas de la nueva ola: “Los Bumerangs” y “Los Challengers”, para luego trasladarse a Inglaterra donde se encontró desempleado y llegó a vivir a una casa okupa, donde compartió con un joven músico que aún no lograba manejar con destreza la guitarra, Joe Strummer, -que años más tarde daría inicio al movimiento punk al conformar The Clash- con quien forma la banda The 101ers - Los Cientouneros- en referencia al número de la casa tomada.

Siempre cercano a su Valparaíso amado, este año pudo tener el reconocimiento de dos bandas locales y un grupo de amigos-admiradores que le organizaron un recital para reconocer su trayectoria que ya comprende 20 discos editados.

¿Cómo recoges tu vinculación a los orígenes del movimiento punk?
Es una cosa que yo no me puedo sacar de encima. No sé si tuve la suerte o la desgracia de ser parte de la cuestión. Nosotros no estábamos interesados en hacer nada de historia, hacíamos una música pésima, las críticas decían esta banda ya no pueden caer más abajo porque son tan malos, tan malos, que no les queda otro camino que ir pa’rriba y lentamente fuimos levantando cabeza todos.

En ese tiempo éramos todos amigos, todos conocidos, los “Sex Pistols” estaban por ahí cerca, después vino Vivian Westwood que creó todo el concepto estético del punk, de moda, de andar con unos tomates hechos de malla de manzana; usando todo el desecho, las panties raídas y las botas pesadas. Así se hizo la música y yo seguí haciendo mi cuestión totalmente independiente, la moda cambió, Joe Strummer se hizo millonario y yo seguí pegándole a lo mío, formé un trío y para de contar.

En tú música existe una mirada muy personal, que te diferencia y, por lo mismo, no sé si llena esa proximidad que te hacen con el punk
Por suerte eso ya terminó, antiguamente todos querían escuchar punk y yo no soy punk.

Al parecer tu tema pasa por propuestas, que se aprecian tanto en tus composiciones como también en la gráfica de tus discos ¿respondes a un concepto?
Claro, he llegado a definir que estoy en la etapa de mi madurez musical en todo sentido. Tanto musical como poética. Ojalá que me acompañe la voz por un par de años más. Para mí son cuatro los elementos de la naturaleza que son los esenciales en la vida: el agua, el aire, el fuego y la tierra. El aire para mi es la voz, el agua es el piano, el bajo es el fuego y la batería es la tierra, con esos cuatro elementos yo puedo hacer y deshacer, esos cuatro elementos son mi concepto de composición.

Crees que en Chile se cumple el refrán que dice: nadie es profeta en su tierra
Sí, yo creo honestamente que sí o curiosamente yo no sé cuál es mi tierra, je, je, je. Eso me dicen los alemanes.

Cuando la gente se quiere acercar a ti en la búsqueda fetichista de tu historia de vida ¿Qué tratas de transmitirles?
Yo hace más de 35 años que no leo un libro, en mi casa no había libros, había música. Yo busco una realidad de nuestra propia música, de Chile. Es difícil encontrar esa propia música, si empiezas a mirar al Chinchinero, es lo que más se acerca a esa realidad, a lo nuestro. Entonces hay que escucharse a uno mismo, dejar de oír la radio o los discos, y escucharse uno. Es como lo que yo les señalaba a los cabros en Londres, no importa que sepas tocar sólo tres acordes, dale a los tres acordes y tócalos bien.

¿Cómo evalúas el que emigren músicos o artistas chilenos porque acá no tienen la posibilidad de desarrollarse, en un proceso de fuga de cerebros?
Exactamente, la fuga de cerebros existe no solamente en la música, existe en la biología, en la investigación, en el mundo hay muchas personas que no las han inflado aquí y se han tenido que marchar.

¿Te parece que de alguna forma se ven cambios en la valoración del artista nacional y un ejemplo de ello es el tributo que te realizarán bandas regionales este año?
Sí, porque yo tuve experiencias muy malas cuando llegue acá. Me llenaron de escupos hace como 10, 12 años atrás en Viña. Estaba recién empezando la democracia, había un grupo de morenitos asociados con un rubiecito que les decía que hacer. Ahí estaba Alejandro Cid, el actor, y a él y a mí nos llenaron de pollos. Me pidieron que cantara una sola canción como a las dos de la mañana. Estaban tomados, pichicateados y subimos al escenario y gritaron: degenerados. Un gallo con un doble estándar terrible.

¿Por qué subiste con él?
Claro, porque pensaban que yo era un guardaespaldas suyo, pero la idea era que el primero llegaba al escenario y luego venía yo. Éramos los dos entre como 20 bandas punk, hardcore, hip hop, de todo tipo. Entonces a alguien se le ocurrió la brillante idea que nos tiraran a los dos, como éramos solos. Él se bajó lleno de pollos, después me toco a mí y yo canté Tonteras hasta que terminó la canción. Parece que quedaron más enardecidos, tanto que unos amigos tuvieron que hacer un círculo para sacarnos. Esa fue una experiencia malísima y que me dolió mucho porque esa era mi gente. Después a mí nadie me pescaba, ahí vendía un cassete y me decían: oye, cuánto cuesta el casette -500 pesos- oye te puedo dar 50 ahora y el resto durante el mes. O sea el casette está siempre a 500 pesos – si querís uno son cuatro canciones muy buenas- pero de ese tipo de cosas. Si iba a cantar boleros me decían cabeza de plumero. He pasado por las de kiko y caco como se dice.

Ahora en Alemania recibí 5 mil euros para hacer un musical sobre Valparaíso, era la primera vez que yo pedía plata allá a un gobierno o a una institución social, y me dieron no solamente lo que yo pedí sino que más, porque allá soy conocido como artista, incluso figuro en el pasaporte como artista, y tengo la isapre de los artistas. Soy miembro del Derecho de Autor Mundial, de hecho hice un par de conciertos hace algunos años en La Batuta y en otras partes y llegaron 70 euros por derecho de autor cobrados por el Derecho de Autor de Santiago que los transfirió al de Alemania, que los ingreso en la cuenta mía. Mira, funciona la cuestión.

Eso también es particular en tu forma de hacer música, el jugársela por la producción independiente y más directamente auto editarse
Yo no creo en nadie, no estoy esperando que me caigan las cosas del cielo. Si tienes algo interesante empieza a moverte para ver cómo lo haces, si estás esperando que el sello venga, tal vez no va a venir nunca. A la edad que yo tengo -61 años- no me interesa ningún sello, yo tengo independencia y puedo hacer lo que quiera con mis discos.

En mi casa en Alemania tengo 300 discos que han estado pa’ aca, pa’ allá, porque los discos míos pasaron de Inglaterra a Alemania . No se vendían, aparecieron discos comidos por los ratones en las esquinas, pero no importó porque ahora se están vendiendo y tal vez voy a tener que hacer más ediciones de vinilo porque me cabrié de los demás formatos. Me cansé de estar persiguiendo los mp3s, lo audiovisual, el iPod y la gente de la edad tuya en Alemania está volviendo al prensaje de discos, de hecho, en Nueva York, yo vendí puro vinilo a críticos de arte, que se yo, a 60 dólares el disco.

Y en este camino… ¿cuáles han sido los costos y beneficios de llevar este tipo de vida?
Yo diría que estoy súper contento de mi vida, porque estoy sano, tengo la voz perfecta, los oídos me funcionan muy bien, me he casado cuatro veces, aventurillas por aquí por allá. Pucha, Dios me ha tratado muy bien, tengo todo; o sea no tengo nada, no tengo casa, tengo una mochilita de seis kilos que la gente me dice ¿para adonde va?. Yo les digo a Chile, ¿va un mes a quedarse a Chile con siete kilos? pero yo no necesito más, el resto está aquí en la cabeza. Tengo hábitos un tanto extraños, no fumo ni tomo hace más de treinta años; soy vegetariano hace no sé cuantos más. En cuestión de consumismo no tengo un auto en Alemania, ni un televisor pantalla plana; el año antepasado recién puse un teléfono, no tengo computador, no tengo Internet, todo me lo hacen los amigos. Vivo con muy poco, con tener mi platito de comida, que lo ofrezco a Dios, y un vasito de agua, que cada día se va poniendo más escasa, todo está bien.

¿Sientes que tus pasos van enmarcados en la vanguardia?
No, es que yo soy bien burro. A mí me interesa hacer lo mío y nada más, me interesa un cuesco lo que esté haciendo la demás gente. No me interesa estar haciendo mucha predica ni nada. Tal vez será porque tengo un pasado del folclor, de música pop, siempre me ha interesado la música popular, populachenta, la cebolla cortá finita. Yo escuché a Lucho Donoso, las Cebollitas de Oro, de los recuerdos. Después comencé a abrir los ojos hacia otras cosas importantes, unas cosas rarísimas, aprendí a mamarme ruidos por allá por los `60, toda esa gente que ahora son clásicos, y tal vez por el mal gusto de los porteños, je, je. Es como decir: -Oye, tenemos que renovar la casa, tenís una lata de pintura?
- Sí, un rojo bien simpático démosle… uuuh, se nos acabó la pintura qué le ponemos.
- Aaah, tengo un verde por ahí que podría servir.
Si mi papá hace lo mismo, es como un mal gusto de los porteños, lo curioso es que yo no más tengo ese gusto, los demás parece que no tienen mal gusto.

Y cuando compartían el espacio con los cientouneros ¿cómo se daba esa relación?
En la casa okupa cada uno estaba en su rollo, John Graham Mellor ensayaba todos los días de las 11 de la noche hasta las 5 de la mañana porque estaba aprendiendo la guitarra, no sabía tocar la guitarra, por eso se puso de nombre Joe Strummer, de strumm, que es pegarle, rasquetear la guitarra. Por ahí los chicos se fumaban su pitito de marihuana, yo nunca fumé, yo nunca me he drogado en nada, nunca tomé LSD, ninguna cosa. La gente cree que para escribir una canción como “Bebiendo Mi Propia Esperma”, estaba botado. No, yo estaba en otra casa okupa donde habíamos refugiados y era un aburrimiento terrible que nunca había sentido en mi vida. Uno arriba se disparaba con jeringa, otro jalando puras imbecilidades, era una vida terrible. Estábamos con el coco malo por los problemas políticos, entonces a mí se me ocurrió eso, la idea de correrme la paja con las piernas para arriba y beber la propia esperma, o sea yo lo hice personalmente, pero ahora soy vegetariano y la cuestión se va acabando con los años, ja, ja, ja. Entonces cada uno estaba con sus propios rollos, y eso es lo bueno del inglés, que te deja hacer lo que quieras, si sales a la calle y andas en pelota nadie te da bola.

Pero eso de que te encontraran raro en Inglaterra…
Yo calcé perfecto en la sociedad inglesa, como tenía mi estilo personal y quería hacer las cosas así o asa, a ellos les pareció muy interesante una persona que tuviera unos planteamientos de ese calibre, que estuviera arriesgándose a que lo tacharan de esto, de aquí, de acá, de no saber tocar el piano.

¿Te consideras embajador de Valparaíso o de Chile?
De donde sea, soy Álvaro de Valparaíso, Álvaro de todos lados, pero me voy triste, como decía Gonzalo Ilabaca “yo venía en el avión donde venían 400 descalzos chilenos, ninguno de esos calzamos ya en la sociedad chilena”, yo he escuchado conversaciones de otras personas de Valparaíso que no se quieren volver, uno ha estado 20 años en Alemania y otro 20 años en Suiza. No calzo, cada vez que hablo digo puras estupideces, entonces me voy de vuelta a mi departamentito chico, donde soy feliz