Power Trío

Los 3 Estados de la Materia

 

 

Por Cristián Rojas Molina


Power Trío es una banda viñamarina de rock progresivo, compuesta por Carlos Carvajal (bajo y teclados), Rodrigo Veraguas (guitarra) y Felipe Negrete (batería). Este, su disco debut, nos transporta por un amplio espectro de melodías, que se inician con un colorido ambiente creado por los teclados (El Octavo Pasajero), para luego ir transitando desde la densidad sabbathiana de Una Temporada en el Infierno hasta la profunda melancolía de Tributo, el hermoso tema que cierra el disco.En medio, podemos encontrar variados cortes instrumentales.

El Jardín de las Delicias es una composición que se divide en seis temas. Luego de la temporada en el infierno que da la bienvenida a este jardín, prosigue con 7 AM (La Balacera) un tema que no es de lo mejor del álbum.

Luego, los cortes 4, 5 y 6, brindan una triada perfecta, que se inicia con Canon, en que Rodrigo Veraguas aporta un bello sólo de guitarra que es una pequeña muestra de su talento. Tango, el tema que le sigue, es una gran composición, dominada por el piano y los riffs intercalados con punteos. De improviso irrumpe Corre que te pillo, más acelerado y con ciertas reminiscencias al clásico Heart of Sunrise, de Yes. El Epílogo quizás está demás.

Tras salír del Jardín, una Amarga composición se hace presente, extraña sicodelia en teclado que resulta un poco densa, al estilo Ummagumma, de Pink Floyd, aunque sin llegar a los niveles enervantes de aquel disco.

Posteriormente, el tema más exótico del álbum: de partida es el único cantado y además se trata de una balada romántica que bien podría sonar en radios como Pudahuel u otras por el estilo. Nunca Sabrás es una edulcorada melodía, mitad en español, mitad en francés, con un Felipe Negrete que deja de lado la batería para ponerse al micrófono (algo que no le resulta extraño, ya que también es el vocalista de Reinarpía). Aparte de la voz (bastante buena, por lo demás), la canción es llevada practicamente por el teclado y en la mitad suena una guitarra acústica que casi no se hace notar, mientras el bajo pasa prácticamente desapercibido.

Luego de tamaña extravagancia (para lo que uno podría esperar de un grupo de rock progresivo), La Venganza del Escualo, un tema que ya a partir de su título, es una clara referencia al Tiburón compuesto por John Williams.

Desde las profundidades del océano nos trasladamos hacia El Mercado de Tel-Aviv, que comienza una ocarina, a cargo de Negrete, y de improviso salta a un tema más rápido, dominado por la guitarra. En medio, su estructura cambia y se convierte en una composición cadenciosa y oscura que cierra con los riffs del comienzo y finaliza con unas voces de fondo que nos trasladan al corazón de aquel mercado.

El álbum concluye melancólicamente, primero con Tortuga, una melodía que, tal como lo señala su nombre, es extremadamente serena. El desenlace de Los 3 Estados de la Materia es Tributo, que comienza de una forma un tanto extraña, pues si uno escucha los primeros acordes del teclado, jamás deduciría que a partir de allí se desarrollaría una canción tan emotiva, en la que Veraguas nuevamente hace gala de su destreza interpretativa, con conmovedores solos, acertadamente intercalados con el teclado. Una conclusión perfecta.

En resumen, un gran disco, que, si bien tiene sus altibajos, se suplen por la gran calidad de la mayoría de los temas y de los propios músicos, que, dicho sea de paso, en vivo registran un sonido aun más potente y una performance notable. Vaya a modo de ejemplo el caso de Carlos Carvajal, quien sobre el escenario toca el bajo y el teclado a la vez (a lo Gedy Lee, de Rush). No podía ser menos tratándose de una banda de rock progresivo, música que se caracteriza por las elaboradas estructuras de los temas, que hacen necesaria una gran pericia en cada uno de los integrantes del grupo.