Rhapsody
Dawn of Victory (2000)
Por Cristian Rojas M.
La
excelente banda italiana de heavy metal sinfónico,
vuelve a deleitarnos con su tercer álbum, Dawn
of Victory, grabado a fines del 2000. Con un cambio
en la formación -el baterista Daniele Carbonera
fue reemplazado por Alex Holzwarth- pero no en su
particular estilo, siguen combinando con maestría
las influencias clásicas de los cerebros del
grupo: el eximio guitarrista Luca Turilli y el tecladista
Alex Staropoli -admiradores de los maestros barrocos,
como Vivaldi- con el heavy metal melódico y
rápido de la escuela de Helloween, que su gran
cantante, Fabio Lione, ya cultivaba en su ex grupo,
Labÿrinth.
Si
bien en este álbum el acompañamiento
orquestal y coral no es tan espectacular como en Symphony
of Enchanted Lands, su anterior trabajo, -que contó
con más de 40 músicos adicionales, incluidos
coros rusos y sacros, violines, cellos, contrabajo,
viola da gamba, oboe barroco, clavicémbalo
y balalaika, entre otros-, el quinteto continúa
con el acompañamiento de coros (épicos
y de iglesia) y de instrumentos clásicos, donde
destaca el primer violín de Maggie Ardorf,
lo que le confiere a su música
un
carácter épico y medieval, con toques
barrocos muy definidos en los arreglos orquestales
de Alex Staropoli, quien también realiza un
notable trabajo en los teclados, especialmente en
temas como Holy Thunderforce y Dargor, Shadowlord
of the black mountain.
El
conocedor de Rhapsody puede encontrar guiños
al disco anterior, como las baterías a ritmo
de marcha, acompañados por violines y teclados
que asemejan trompetas, de Heroes of the lost valley,
que esta vez se insertan dentro de The mighty ride
of the firelord, con unos coros. Esto se explica porque
Luca Turilli escribe una historia que desarrolla a
lo largo de todo el álbum e incluso continúa
en los siguientes, es decir, son álbumes conceptuales.
Para
aquellos que pregonan que una banda debe evolucionar,
basta con el ejemplo de Metallica, que con Load y
Reload no hizo más que caerse estrepitósamente.
Valga el ejemplo contrario en el caso de AC/DC.
Por
eso es que Rhapsody no decepciona, pues se mantienen
fieles a su ecléctico estilo, combinando a
la perfección el peso de unos acelerados riffs
y baterías de doble bombo, característicos
del heavy metal, con la belleza de la música
clásica. 