Cueca
Chora, Como el Puerto
Si quieren escuchar cueca, caramba, cantarla como
Dios manda, vamos pal puerto, caramba, vamos
pal Nunca se Supo, caramba, que la cantan con
el alma, vamos pal puerto.
Una
de las tradiciones mas clásicas de Valparaíso
es la cueca chora, ritmo que gozó de una época
de esplendor que muchos se empeñan en rescatar,
pues se trata de un valioso patrimonio intangible.
por
Cristián Rojas Molina
Si
hay una música netamente porteña, esta
es sin duda, la cueca chora, un tipo de cueca de temática
urbana, distinta a la cueca campesina, propia del
mundo huaso. Aquí los intérpretes visten
de terno y sus letras retratan fielmente las vivencias
de los bohemios de los años 40 a 60.
“Yo no creo que haya una expresión musical
que represente mejor al puerto que la cueca, sobre
todo en la época de esplendor de Valparaíso.
Las casas de prostitución, como la Miss Merry,
Los Siete Espejos, La Casa Amarilla, en la Plaza Echaurren,
Cajilla, era un barrio con mucha vida”, cuenta
Jorge Montiel, cantante de Los Pulentos de la Cueca.
En
San Roque, había numerosas quintas de recreo,
donde los parroquianos se encerraban hasta por cinco
días seguidos, prolongando la fiesta hasta
límites que en esos tiempos a nadie le extrañaban.
Algunas de estas quintas eran la Alba Rosa, o la mítica
“Vieja de las Cazuelas”, totalizando más
de 15.
Tampoco
se puede dejar de mencionar al Nunca se Supo, emblemático
local del barrio Almendral donde los diversos artistas
de la zona, luego de culminar su trabajo en otros
bares y burdeles, llegaban a rematar la noche, estirando
la juerga hasta la mañana siguiente.
Estos
lugares de encuentro eran territorios de músicos
legendarios de la cueca brava porteña, como
el “Zurdo Bernal”, Mascareño, Elías
Zamora, Juan Pou, Benito Núñez, Jorge
Montiel, Osvaldo Gajardo, Silvia la Trigueña,
Luis Salas, Lucy Briceño y muchos otros que
ya se han ido de este mundo, como el “Cuadradito”.
“Antiguamente
la vida nocturna en Valparaíso era espectacular,
el barrio puerto era el barrio rojo, las casas de
puta eran conocidas, la mondonga se movía,
había un underground bien conocido y hasta
elegante. Hoy día no hay nada de eso. Influyó
mucho el canal de Panamá y esto terminó
por morir con el golpe de Estado y el toque de queda”,
acota Fernando Leiva, ex integrante de Los Paleteados
de Puerto, agrupación con la que obtuvo diversos
premios en Festivales.
La
cueca porteña tiene varias características
distintivas, propias de Valparaíso. “Una
de las principales es el entorno en la que se desarrolla,
ya que nace en los bares, las quintas de recreo, los
prostíbulos, lo que conforma todo un submundo
que involucra a la cueca, por todas las características
de la gente. La poesía de la cueca habla de
lo que vivían ellos, entonces eso la hace más
interesante, porque representa ese movimiento cultural”,
señala el profesor de música Aliro Núñez,
uno de los integrantes más jóvenes de
La Isla de la Fantasía, grupo de antiguos cuequeros
que, gracias a un Fondart, pudieron editar un disco
que rescata esta tradición, de la cual no había
registros.
En
cuanto a las diferencias musicales, aquí se
usa mucho piano, batería, pandero y guitarra.
Esa es la base, después se le agregaron más
instrumentos, como el acordeón. También
se canta en la rueda, “que quiere decir cuatro
o cinco personas. Yo salgo por la derecha y el otro
sigue cuando termino yo, continúa otro, después
sigue otro, y siempre hay una segunda voz, y cada
uno tiene su forma de cantar, pero todos se acoplan
en una cueca. A veces se cantaba de cerro a cerro.
Uno salía a cantar y los otros le contestaban
del cerro del frente, la gente salía a escuchar
y aplaudía”, describe el guitarrista
Juan Pou, de La Isla de la Fantasía, quien
llegó en 1965 desde Santiago a pasar un fin
de semana largo que continúa hasta hoy.
“Otro
elemento que caracteriza a la cueca porteña
es la forma de interpretación: se canta más
lento que la sureña, la centrina o la cueca
de Santiago, que tiene características similares
en cuanto a la temática, pero es un poco más
rápida. El baile también es distinto:
la habilidad no está en hacer más pasos,
más rápidos y mostrar el zapateo. Al
igual que en la cueca tradicional, el hombre tiene
que tratar de conquistar a la mujer, pero más
que con los pasos, con la actitud, la choreza”,
explica Núñez.
“Las
cuecas sureñas son más chicoteaditas,
cuecas de a caballo. Aquí son más fraseadas,
son mas alargadas las estrofas, eso se llama sincopar
una cueca” ilustra Pou. “Nosotros la hacemos
con más dedicación”, precisa Benito
Núñez, cantante y además dueño
de La Isla de la Fantasía, una verdadera casa
de campo en pleno corazón del cerro San Juan
de Dios, donde se reúnen a cantar y tocar varios
cuequeros antiguos.
Coincide
en lo del ritmo sincopado Fernando Leiva, agregando
que “la cueca que se hace en el puerto es mucho
más pausada, porque dice más cosas,
los fraseos son distintos a cualquier parte, meten
más cosas que la simple línea melódica
y eso también pasa por el bacán, yo
puedo decir más texto que tú o puedo
arremangar más alto, es decir, la cueca, sin
temor a equivocarme o ser siútico, es por esencia
un desafío y el que se sale de eso no es cuequero”.
Esta
forma más lenta de interpretar y los ritmos
más marcados permiten a los intérpretes
jugar con las voces e improvisar. “Nosotros
cantamos la cueca más lenta porque se puede
frasear mejor el ritmo de seis octavos”, indica
Montiel, quien no comulga con el folclor de salón,
al estilo de Los Huasos de Algarrobal o Los Quincheros.
“Hay ballets como el Bafona o el Bafochi, que
hacen coreografías, pero eso es muy aparte,
eso es la cueca como un espectáculo. La cueca
en sí es del pueblo, no se viste de gala y
la baila cualquier persona que tenga las ganas.”
Concuerda
en esto Aliro Núñez, agregando que “la
cueca porteña es viva, era parte de la vida.
Hay grupos que se disfrazan para la cueca, que se
visten de huaso, una realidad que nunca han vivido.
Les gusta y eso es respetable y válido, pero
la cueca porteña es más auténtica,
más honesta”.
En
Valparaíso no se canta vestido de huaso simplemente
porque el campo es una realidad ajena. Sería
absurdo. “El repertorio de cueca nuestro no
es para cantarlo vestido de huaso. Nosotros somos
muy respetuosos de la vestimenta del huaso, pero creemos
que no le viene cantar de huaso a la cueca porteña,
con un vocabulario que utiliza mucho el coa.
Se
entiende que la tenida de huaso es para la cueca campesina.
Fuimos los primeros en presentarnos de civil en el
Festival de Viña y recibimos críticas:
poco respeto por el traje de huaso, que éramos
muy elegantes, que la dama que tocaba el piano lo
hacía con un vestido de fiesta, etc. Nosotros
siempre hemos respetado mucho a la cueca y por respeto
a la cueca nos presentamos correctamente vestidos.
Nos gusta ser pulcros en nuestra vestimenta y la cueca
nuestra es porteña, urbana, entonces no estamos
faltando el respeto al no vestirnos de huaso, al contrario”,
señala Osvaldo Gajardo, cantante y guitarrista
que lleva más de 50 años en la cueca
y fundador de Los Paleteados del Puerto, que este
año cumplieron 12 años de trayectoria.
“Cuando
mandé una cueca a Viña –añade
Leiva- , que salió seleccionada, salió
un viejo Collado, que escribía en el Mercurio,
diciendo que lamentaba que los Paleteados -vestidos
de civil- no tocaran vestidos de huaso y que la niña
iba vestida como mujer de dudosa reputación.
¡Y eso era adrede! Entonces, en una oportunidad
en que me entrevistó, le dije que le apostaba
el premio íntegro, a que él aprovechara
la colección de El Mercurio y me mostrara dónde
se vistieron de huaso en el puerto para cantar cueca.
Claro, tiene que haber habido, porque para los 18
se les contrata si se visten de huaso. Pero en forma
natural, aquí ¿cuanto huaso andaba en
la orilla?, ¿los huasos vendían mariscos?.”
A
juicio de Leiva “la cueca muere aquel 18 de
septiembre en que se firma el decreto que la declara
baile nacional. Si a los cultores de la cueca no se
les permite expresarla como ellos la sienten, está
condenada a morir. La cueca no tiene futuro mientras
siga estereotipándose”
Algo
de ello ocurre en el tradicional campeonato de cueca
que se realiza en Arica, desde hace décadas,
donde hubo muchos campeones porteños y “las
parejas de Valparaíso eran muy respetadas.
Pero con el tiempo se impusieron reglamentos sobre
cómo bailar la cueca, cómo debían
presentarse las parejas y ahora en los campeonatos
todos bailan igual. Antes Valparaíso tenía
su estilo, muy diferente del que se bailaba en otras
ciudades y esa era una de las razones porque ganaban.”,
rememora Gajardo.
¿Se
valora la cueca?
En
Chile, pese a que la cueca es el baile nacional, muchos
creen que ésta sólo se baila para las
Fiestas Patrias. Pero aún así, los verdaderos
cuequeros se han visto desplazados de las fondas.
“Para el 18 los viejos no trabajaron, en ningún
lado hubo pega, porque las mismas bandas tropicales
tocaban unos pies de cueca”, cuenta resignado
Aliro
“El
porteño es muy ignorante de sus tradiciones.
Por ejemplo, la fiesta de San Pedro, de los pescadores,
tiene batucadas, diabladas, gitanos y ya no tiene
bailes chinos. Los cantores tampoco van a hacer cueca.
De Rancagua para el sur, la gente vive la cueca de
una forma muy distinta a los porteños. Hay
festivales de cueca en los que van 3 mil, 5 mil personas.
Aquí en Valparaíso parece que están
los ingleses de Latinoamérica.”, agrega
Leiva.
Discrepa
en esta apreciación Osvaldo Gajardo, quien
participó en los recitales de cueca que se
realizaron en los teatros municipales de Valparaíso
y Viña del Mar–dos en cada uno-. “Aquí
la gente es cuequera, lo demostró con los cuecazos,
que tuvieron una aceptación tremenda de público,
a tal punto que quedó gente de pie en los pasillos.
Entonces, para una expresión musical como el
folclor, era una novedad ver el Municipal, tanto de
Valparaíso,
como de Viña, lleno, con un público
enfervorizado por la cueca, bailando en los pasillos
e incluso subiéndose al escenario a bailar.”
Pese
a esta enorme convocatoria, no se valora el trabajo
de estos folcloristas, tanto por parte de autoridades,
como de empresarios locales. “Lamentablemente
los cuequeros son mirados en menos. Para los 18 de
septiembre las mismas orquestas tropicales hacen unos
pies de cueca. Para este 18 había un solo conjunto
de cuecas en todo el parque Alejo Barrios. Entonces
hay poco respeto por los cuequeros, porque al momento
de los quiubo ofrecen una mugre de plata”, se
queja Gajardo.
“Falta
compromiso de las autoridades –agrega Aliro
Núñez-. No nos han invitado ni a los
carnavales culturales. El año pasado nos dijeron
si podíamos tocar al día siguiente,
pero querían que tocáramos gratis. Los
grupos que vienen de afuera no tocan gratis. Muchas
veces hemos ido a tocar afuera, en Santiago, hicimos
una gira a al sur, Puerto Montt, Valdivia, y bien
pagado. Pero aquí no se le da el valor que
se merece, no se valora a su gente. Los artistas porteños
no tienen nada que envidiarle a los de Santiago”
Montiel
es categórico al señalar que “los
que abrazan el folclor como nosotros, tienen que ser
locos, como nosotros, porque el folclore no da. Yo
tengo que mantener una familia, por lo que tuve que
empezar a cantar tangos, pese a que el tango no me
gusta para nada. Pero tuve que aprenderlo, porque
desgraciadamente la cueca no da para vivir”.
El
Rincón de las Guitarras
Un
punto en el que coincidieron muchos de los entrevistados
es la falta de un local apropiado donde poder disfrutar
de la cueca en vivo. Si bien es cierto, se han hecho
espectáculos como los cuecazos en Viña
y Valparaíso, éstos se dan con una frecuencia
de aproximadamente cuatro veces al año. Pero
¿y los 48 fines de semana restantes? ¿y
si la gente quiere servirse una comida o compartir
un trago con los artistas?.
Afortunadamente existe un lugar que conjuga todo esto:
El Rincón de las Guitarras, ubicado en Freire
431, entre Chacabuco y Pedro Montt.
“Aquí venimos a cantar, a ensayar, a
tomarnos un traguito, a compartir. Hacemos fiestas
cuando menos se piensa”, cuenta Montiel.
La
idea de este local desde un principio fue brindar
un espacio a los folcloristas porteños, rememorando
antiguos locales. Aquí llega Juan Pou, Luis
Salas (acordeonista de La Isla de la Fantasía
y ex integrante de Fiesta Linda), Lucy Briceño
(cantante de La Isla de la Fantasía), Elías
Zamora, (baterista de La Isla de la Fantasía
y Los Paleteados del Puerto) y también boleristas,
como Jorge Farías.
Jaime,
el dueño del local indica que “generalmente
nos juntamos el día viernes al guitarreo y
canturreo”, mientras una parroquiana advierte
que “hay un lema: es de rotos quedarse el día
viernes en la casa. A veces somos 30 o 40 y durante
toda la noche. A las seis, siete de la mañana
del sábado uno se está yendo”
“Aquí se recibe a toda persona que guste
del folclor, -añade Montiel-. Nunca ha habido
una pelea, sólo hay amistad y cariño.
Esta es, además, una fuente de trabajo para
nosotros, porque muchas veces me han contratado aquí,
para fiestas o matrimonios.”
La música folclórica es la que prevalece,
mientras la cumbia o el rock and roll escasean. Y
es que, como dijo sabiamente Montiel: “la cueca
es perenne, los demás ritmos pueden ser caducos”