Gonzalo Ilabaca:

"No en todas las ciudades del mundo un pintor puede caminar dos cuadras y encontrar un cuadro"

Por Catalina Silva Hott

Gonzalo Ilabaca en los '80 se apasionó totalmente por el arte, y desde que se volcó de lleno a su formación autodidacta, no ha pasado desapercibido. Sus exposiciones, llenas de pinturas de viajes, junto a una buena crítica hicieron que su nombre sonara junto a Bororo, Domínguez y Benmayor.
Como pintor, Ilabaca es un observador de submundos culturales, un poeta urbano de la brocha. De mirada aguda en lo cotidiano, rescata la magia de los pequeños momentos. Sus diferentes obras parecen tener vida propia, mostrando en interesantes encuadres la vida íntima de un lugar. Con su mirada curiosa de voyerista extasiado, también puede rescatar diferentes tipos de belleza, pintando una figura femenina sensual algunas veces y angelical otras, como en sus cuadros de niñas guatemaltecas,
Se empapa de cada lugar haciéndolo parte de sí, de su energía, su alimento y así enciende el motor creativo para mover sus pinceles. Al preguntarle que le motivó a vivir en una casona en Playa Ancha, confiesa que fue para buscar un lugar donde pudiera estar tranquilo. Reconoce, a su singular manera, que Valparaíso está en todo sentido "a más de 18 años de kilómetros de distancia de Santiago" -el tiempo que tardó en llegar por primera vez al puerto- y que las riquezas que posee Valparaíso son simples pero valiosas, como disfrutar el sol, bajar en un ascensor al mercado o caminar por el plan, olvidando poco a poco el olor a cemento.
Poseedor de una identidad más apátrida, argumenta que no le interesa el tema -a su juicio chauvinista- de identificarse sólo con la patria natal y la ciudad de actual residencia. Libre de superficiales sentimentalismos, su postura es más trascendente, sin fronteras, demostrando que también le interesan las historias y los personajes de cada lugar. Sus obras son coloridos testimonios de la itinerante aventura en que ha convertido su existencia, buscando la inspiración nacida en parajes extraños, desde la mística India hasta el pintoresco México, lo que le hace dueño de una interesante bitácora plástica, digna de un viajero que lleva el arte como equipaje.
Aunque su sed por conocer nuevos lugares es insaciable y a pesar que sus ojos han visto miles de paisajes diferentes, admite que Valparaíso tiene su encanto. No en vano posee una secuencia de obras inspiradas en la cuidad en la década de los 90, las que ha retomado para seguir trabajando el tema. De sus cuadros del puerto, sus vivencias y su peculiar mirada del arte, Gonzalo conversó con CulturArt.

MATICES DEL PUERTO

¿Cuándo comenzaste a interesarte por pintar Valparaíso?
A Valparaíso lo pinté desde el 91' hasta el 95, más o menos, y fue fabuloso para mí como pintor. Aprendí a pintar la arquitectura, visiones nocturnas y otras cosas que no había explorado antes. Esa sorpresa, en el fondo, fue una escuela de arte. Aprendí a mirar con otros ojos qué es la noche, qué es el neón sobre un fondo verde, los olores, los marinos, las chicas de la noche y uno que otro porteño que te encuentras por ahí y te cuenta una historia sin decir "agua va". Todas esas cosas me asombraron y las pinté. Desde el momento que me dejaron de asombrar y empezó a pesar la sobrevivencia del habitante de la ciudad sobre su vida, es decir, el vivir el día, me empezó a cansar y eso es una cuestión que me mata. Por lo tanto, salí de Valparaíso, con la idea de ventilar los pinceles y darle nuevos colores a mis cuadros. Como una cuestión de salvar el pellejo. Por eso partí hacia otros lados.

¿Cuándo y porqué retomaste el tema?
Después de estar seis años sin pintar Valparaíso, este año retomé el tema después de conocer India, México y otros lugares, me he quedado asombrado nuevamente, porque no en todas las ciudades del mundo un pintor como yo puede caminar dos cuadras y encontrar un cuadro. En México me pasaba dos días buscando qué pintar y aquí en Valparaíso me demoro un par de cuadras. Yo, como pintor todavía no llego más allá de la plaza Sotomayor. Yo quiero respirar a Valparaíso por el lado pictórico, es mi tema.

¿De dónde proviene la búsqueda de personajes en tu obra, de qué forma logras definir qué es lo que te interesa pintar?
Un personaje es una historia y el arte siempre se ha alimentado de historias. La literatura, por ejemplo, siempre te está metiendo ideas y sorpresas, y una buena historia, como una buena canción, o un buen cuadro, son cosas que han movido el mundo del arte. Por eso me gusta encontrarme con personajes que generalmente tienen una vida distinta a la mía. Yo soy un consumista de vivencias y eso uno lo va echando a un saco que va adentro, muy profundo, y a medida que esas historias son potentes, con más profundidad, tú te sientes más humano, como si fuera una gran joroba hacia atrás. Si un hombre ha vivido y conocido muy poco, con pocas emociones, su profundidad es del pecho hacia la espalda, pero a medida que va metiéndose en el mundo de las personas, en el mundo espiritual y humano, esa profundidad se va haciendo cada vez más espesa, densa, luminosa. Yo busco alimentarme de eso y echar a andar mi espíritu. En el fondo todos los personajes que pinto son arquetipos: el marino, la prostituta, el borracho, el tipo que no trabaja y puede pasarse todo el día en la Plaza Echaurren, y con ellos comencé a alternar cuando me vine a Valparaíso. Pero cuando esos arquetipos se empiezan a repetir, se va perdiendo el encanto, por eso los he ido desapareciendo de mi pintura. Ahora estoy pintando bares, pero sin gente en ellos, bares que sólo tienen sus recuerdos.

¿Te identificas con la clasificación de tu obra como "neoexpresionista"?
Bueno, los verdaderos expresionistas eran los alemanes, pero yo estoy metido en un cuento de la pintura muy propio y que al mismo tiempo no tiene nada de novedoso. Estoy inserto en la tradición pictórica de siempre, como ese pintor que pinta su ciudad, su mujer o los hijos que tiene, el paisaje que ve, las calles que recorre, en fin, lo que pasa día a día en su vida. En ese sentido, las clasificaciones en el fondo dan lo mismo, lo que se busca justamente es hacer ese día un poco más trascendental en su vida.

¿Entonces, podrías identificarte con un cronista urbano?
El cronista tiene algo de literario que mi pintura lo tiene y a veces no. Tampoco me interesa tratar la realidad tal cual es. Por ejemplo yo puedo poner unos edificios arriba de un cerro si es que me gustan... y lo he hecho, por lo tanto el cronista de alguna manera tiene que estar en cierto punto avalado por la realidad, Rugendas cuando andaba por Sudamérica pintaba los indígenas que iba encontrando con sus mismos trajes originales e iba formando con su pintura una especie de crónica. Yo no. Yo he estado pintando mujeres-flores de Guatemala, me gustan sus vestidos, pero le cambiaba los colores, sus formas, podían ser más flacas, más altas, más asiáticas. Lo que sí me interesa es que a través de la obra de un pintor te puedas dar cuenta cómo ese pintor miraba el mundo, no tanto como un cronista de la historia, sino uno de su propio espíritu. Y eso, a la larga, puede ser un gran regalo. De mí también me gustaría eso, y que en 100 años más viniera un tipo y diga: "voy a estudiar a este pintor, quiero saber quién es", eso me interesa, trascender de algún modo.

Tomando en cuenta la variedad de tus creaciones ¿puedes definir en cierta forma tus motivaciones y tu estilo?
Mi estilo va variando, pero en cierta forma siempre es el mismo. A veces es como leer a Truman Capote: tú nunca lo ves a él en sus obras, nunca aparecía, pero todo llevaba su sello. Otras veces, en cambio, me gusta aparecer a mí también, porque no soy un tipo muy filosófico que digamos y me gustan los artistas que se mezclan con su arte y aparecen en su obra, como por ejemplo, Violeta Parra, que se comprometía y se reflejaba. Para mí la pintura nació en la búsqueda de un grado de trascendencia, dicho de otra forma, para salvar el pellejo.

¿CULTURA O CIRCO?

¿Qué opinas de la vorágine en que está la sociedad chilena en cuanto al arte como consumo masivo? ¿En qué pie crees que estamos para valorar realmente el arte?
Hay muchas cosas que te pueden aportar o empobrecer en cuanto a que te desarrolles culturalmente. Hay medios de comunicación, información y cantidades de instancias que te pueden acercar a cosas trascendentales del arte. Depende de ti, como persona en esta tierra, qué hagas con eso.

¿Pero crees que actualmente nuestra sociedad prioriza más una intervención social desechable, en vez de una obra o proyecto de mejor calidad?
Eso pasa en todas partes y siempre ha sido así, es una cuestión humana. Por ejemplo pasa con el FONDART, que se convirtió en una cuestión social, más que una instancia para potenciar el arte. Pero eso no es nuevo, como por ejemplo el escritor Henry Miller que estuvo 30 años prohibido en Estados Unidos, con su obra "Trópico de Cáncer", jamás ganó la beca Guggenheim a la que postulaba, cuando él tenía 50, 60 años aún no veía ningún fruto de su trabajo, pero después vino un joven como Jimi Hendrix, que a los 25 años ya tenía acceso a todo. No tiene nada que ver con un sistema social, en el fondo, es el mismo ser humano que está repartido en todas partes, la misma idiotez alternada a la misma humanidad. Que a veces hace volar como un cometa a un artista y en otras, hay que llevarle flores a su tumba.

¿Crees que en el caso del FONDART se perdió el norte? ¿Qué te parece el financiamiento que se dio a la obra "Prat"?
Casi nunca lo tuvo, porque el FONDART es igual a una ruleta, una lotería. Se lo ha ganado gente que vale la pena, pero también cantidad de proyectos mediocres y malos, y nadie responde o renuncia por esos. La Casa de Vidrio, si esa mujer era tan guapa ¿Por qué la gente alegaba? ¿Es preferible acaso Zurita leyendo en el zoológico? El arte es muy subjetivo yo puedo decir que soy un buen pintor pero no tengo cómo demostrarlo, por eso la ruleta es inevitable.
Lo que sí es objetivo es la cantidad de plata que da el Estado y es evidente que es poca y sobre todo mezquina, porque eso va más allá de ser o no ser un país pobre.
En el caso de la obra Prat, que tú mencionas, por lo menos ya premiaron una obra concreta, con autores, un elenco, un montaje, para mí eso ya es algo. Y que no se pueda manchar el honor de un héroe, es absurdo, en el fondo es ficción, es sólo una obra de teatro. Todo depende como se mire: a Cristo los cusqueños lo pintaban como un cordero, "el cordero de Dios" y eso puede ser mucho más denigrante que representar a Prat como un borracho. Después ese cordero en la cultura cusqueña pasó a ser un símbolo que enriqueció la pintura religiosa. Aquí en Chile uno no se puede reír ni de la Iglesia ni de los militares, los mismos poderes fácticos de siempre, desde el siglo pasado. Eso es propio -en el término negativo- de la "provincia". Porque uno no se puede reír de Prat, pero se puede mantener en el anonimato al pintor Carlos Faz, por ejemplo, y eso es más grave. O sea, no me puedo reír de alguien, pero sí me puedo olvidar. Eso es peor.


¿Qué opinas de las nuevas gamas de pintores que hay ahora?
El pintor es el que pinta cuadros. Se está perdiendo una herramienta riquísima en la pintura, ya casi nadie usa el pincel. Se hacen más artes visuales, por lo tanto casi nadie pinta, tú vas a una muestra de arte joven y hay puras fotos intervenidas y videos. Eso no tiene nada que ver con la pintura, serán quizás otros tipos de arte que comienzan. Las instalaciones, por ejemplo, no me dicen nada, las encuentro infantiles. Yo como pintor me quedo con la pintura. El simple, esencial y legendario arte de la pintura.

¿Qué le dirías a los jóvenes pintores que se incian en el arte?
Que no se olviden del pincel y la vieja tela, que la tecnología y todo eso son harina de otro costal.
Que sigan su pasión sería lo natural, pero no puedo ser tan cruel en decirles que perseveren y perseveren en un país en que no están las circunstancias para entrar fácilmente al mercado o para vivir sólo de la pintura. Yo soy un tipo con suerte, ya que puedo vivir de esto, pero esa no es la realidad de todos. También conozco pintores que no han ganado un peso y que han llegado a viejos pintando... entonces ahí dices, ese es un verdadero pintor.

 

Galería de Gonzalo Ilabaca