Centros Culturales
Cultura
desde la comunidad
En nuestra región
son innumerables los habitantes que se interesan en
participar en actividades artísticas y culturales.
Para satisfacer esta necesidad se crearon diversos
centros culturales, ya sea dependientes de Municipalidades
o por propia iniciativa de personas motivadas por
aportar. Se trata de instituciones que proporcionan
las herramientas a la comunidad para que se desarrollen
como personas, que promocionan y difunden actividades
artísticas a costos muy bajos y muchas veces
gratis, ya que no persiguen el lucro económico,
y por lo mismo deben lidiar con la escasez de recursos.
Aquí revisamos la historia y el presente de
cinco centros de características diversas:
uno consolidado y con una larga trayectoria, otro
un caso único en que se unen salud y cultura
y otros tres emergentes. Pese a sus aspectos heterogéneos,
son idénticos en un punto: su afán de
poner el arte y la cultura al alcance de toda la comunidad.

por Cristián
Rojas Molina
Centro Cultural
de Casablanca
El Centro
Cultural de Casablanca es uno de los más consolidados
dentro de la región, con un fructífero
camino que se inicia en diciembre de 1992. Se trata
de un caso particular, pues funciona en conjunto con
la biblioteca y el museo, como un conjunto dependiente
de la Municipalidad. A lo largo de su historia ha
realizado numerosas actividades de extensión,
con gran aceptación del público. Uno
de los eventos más exitosos ha sido el encuentro
de payadores, pero también se han realizado
diversos talleres de capacitación, como teatro,
literatura, computación, guitarra, acordeón,
artesanía, pintura, serigrafía y vitraux.
Hoy muchos de estos talleres son organizaciones con
personalidad jurídica, algunos con más
de diez años de trayectoria.
En un primer momento no aparecen requerimientos culturales
específicos como ahora, ya que en aquellos
años la gente buscaba primero mejorar los servicios
básicos de vivienda, alcantarillado, agua potable
y accesibilidad. Una vez que se suplieron esas carencias,
la gente empezó a preocuparse de la cultura
como una parte de sus necesidades y la comunidad comienza
a demandar servicios culturales, como bibliotecas,
puntos de lectura, museos, ciclos de cine o música.
La directora del Centro, Catalina Gatica, señala
que ahora están abocados a “mejorar la
infraestructura y reforzar temas como el patrimonio
tangible e intangible, la flora y fauna y otros aspectos
que antes no aparecían, tanto para la comunidad,
como para la demanda que viene desde afuera, debido
al auge turístico que se ha generado con la
ruta del vino.”
La encargada de la biblioteca, Paloma Olivares, afirma
que “casi toda la población de Casablanca
ha sido beneficiada en al menos una oportunidad por
alguna actividad del centro cultural o algún
servicio que éste ofrece.” Una de las
iniciativas más exitosas es el Bus Cultural,
que recorre la comuna, de 954 kilómetros cuadrados,
comprendidos por el centro urbano y 17 localidades
rurales. La encargada del museo, Andrea Ponce, cuenta
que el bus “partió en mayo de 2001, con
más de 2000 socios, en su mayoría mujeres,
ofreciendo libros, discos compactos y cassettes, que
se van prestando a los socios en forma gratuita: se
los llevan a sus casas por 15 días y luego
los devuelven. También se realizan programas
de cine y talleres de capacitación a los socios,
como guitarra, teatro, computación y cerámica,
éste último con el fin de estimular
el emprendimiento y tener un punto de venta de artesanía.
Partimos el 10 de enero en Quintay y vamos a continuar
allá por unos meses, con las socias de allá.”
Llama la atención la alta demanda. Así
por ejemplo, de los cerca de 900 habitantes de Quintay,
370 son socios del Bus, lo que obliga a renovarse
y mejorar permanentemente, con el consiguiente beneficio
a los usuarios.
Uno de los objetivos es reforzar la identidad local
y para eso se realizan talleres de historia oral,
que dio como fruto libros que recopilaron aquel valioso
trabajo, o el taller “Yo soy Arqueólogo”,
que fomentó en los niños el conocimiento
de los primeros habitantes de su comuna. Actualmente
hay un proyecto de paya y poesía popular, que
estimula el rescate de costumbres y tradiciones, pero
tampoco se deja de lado la modernidad, como lo comprueban
los talleres de computación y los encuentros
de bandas emergentes de rock.
La
cultura es saludable
El Centro
de Promoción de la Salud y la Cultura (CPSC)
es un caso único, ya que depende del Departamento
de Salud de la Municipalidad. Su directora, Sandra
Varas, indica que el CPSC “nace en 1999 como
una instancia de salud, de trabajar la sanidad más
que la enfermedad, cómo rescatar lo saludable
que tiene toda persona y trabajar con eso, más
que trabajar con la enfermedad. Ahí nació
este centro, que antiguamente era un consultorio”.
La idea no era ampliar el tema asistencial, sino hacer
algo de tipo promocional. “Se nos ocurrió
relacionar el tema de la salud y la cultura y ahí
aparecen distintos grupos, el grupo de mujeres, a
través de actividades físicas, como
gimnasia aeróbica, tres veces a la semana,
que durante el periodo de verano pasó a clases
de salsa. También están los grupos de
rock, que ocupan una sala de ensayo. Surgió
también el teatro, como una instancia para
trabajar con niños, después se transforma
en teatro familiar y actualmente es un espacio de
los jóvenes. Con el tiempo nace una academia
de música (bajo, batería, guitarra y
teclado). También existe una sala de exposiciones,
las que se renuevan una vez al mes, donde se ha presentado
grabado, pintura, escultura e instalaciones”,
agrega.
En el CPSC se fomentan ciertos temas, como la participación
ciudadana, la tolerancia y el respeto a la diversidad,
como conceptos que refuerzan el tema de la salud integral
del ser humano, entendiendo la salud como una estrategia
de actitud y calidad de vida, donde la cultura adquiere
un rol fundamental. “Nuestro diagnóstico
tiene que ver con que cada vez los grupos son más
pequeños y se aíslan más y por
lo tanto, pensamos que si lográbamos integrar
a distintas personas, éstas, a su vez iban
a mejorar su calidad de vida. Es factible que las
personas negocien su espacio y lo compartan con grupos
muy distintos, pero que persiguen un mismo interés”,
añade.
Además de las exposiciones se han realizado
otras actividades en el recinto, como tocatas de rock
con los propios grupos que se benefician del centro.
En su momento de mayor demanda llegaron a haber más
de 30 bandas emergentes que ocupaban la sala de ensayo,
lo que generó un desgaste de los instrumentos,
en especial la batería, por lo que ahora están
en proceso de renovación. Esto a raíz
de un proyecto que la propia Asociación de
Bandas Emergentes de Quillota (ABEQ) presentó
y ganó, por lo que ahora los instrumentos son
de propiedad es los músicos.
También bajo el alero del CPSC se realizan
actividades en otros puntos de la ciudad, como el
segundo encuentro de teatro de Quillota, que contará
con diversas compañías, tanto de la
zona, como de otros puntos del país. Una de
las compañías teatrales de Quillota
que se ha visto apoyada por la labor del CPSC es Initio,
que si bien es un grupo independiente, han sentido
el respaldo del CPSC, como cuenta una de sus integrantes,
Coca Vargas: “el centro de salud nos ha ayudado
harto, nos presta el espacio para poder ensayar y
nos apoyan cuando necesitamos algún permiso”.
La sala de exposiciones, en tanto, está enfocada
a presentarle a la comunidad obras de arte contemporáneo.
“Tratamos de no exponer naturalezas muertas
o marinas, porque creemos que eso ya lo ha visto el
ciudadano común. Por eso pretendemos mostrar
cosas novedosas para ellos, aunque a veces no sean
apreciadas por todos de la misma forma, como sucede
en el caso de las instalaciones”, indica Fritz
Demuth, del equipo coordinador del Centro. No sólo
artistas de Quillota han expuesto en la sala, como
lo comprueba el quilpueíno Renzo Calderón:
“Me dijeron que aquí habían posibilidades
de exponer, que estaba abierto a cualquier tendencia
y no era tan cerrado, como otros espacios de exposición.
El espacio es bien bueno y me parece bien que hagan
este tipo de cosas, que esto pase de ser un consultorio
a un recinto cultural me parece super bien”.
Uno de los problemas que enfrentaron desde sus inicios
es la asociación que la gente hace de salud
como un tratamiento a una enfermedad, entendiendo
como inversión prioritaria los insumos médicos
y medicamentos. A raíz de eso han debido buscar
formas de financiamiento, lo que ha sido difícil,
dado el costo mínimo que tienen las actividades.
“Somos el único espacio de este tipo
en el país, que une la cultura y la salud.
No existe otro centro cultural que dependa del departamento
de salud.”, concluye Varas.
En
el puerto
En Valparaíso
existen numerosos centros culturales, algunos consolidados
y otros emergentes. Dentro de estos últimos,
quisimos destacar tres que han surgido a pulso, por
iniciativa de sus fundadores, motivados por aportar
en el desarrollo personal de los habitantes de tres
tradicionales cerros.
OVAM
En la
subida El Parque, a los pies de Playa Ancha, funciona
desde hace 15 años el Taller de Arte Medieval.
El maestro forjador de metales Geraldo Ojeda tenía
la inquietud de entregar sus conocimientos a jóvenes
de la zona que tuvieran interés en perfeccionar
sus aptitudes artísticas y así nace
la Organización de Valparaíso de Arte
y Materia, OVAM. “A través del tiempo
nos hemos reunido con mucha gente, comenzamos a hacer
una cena medieval y Arte Medieval fue creciendo no
sólo como o una idea de hacer reproducciones
de armaduras, sino también fuimos convocando
algunos artistas y a otras personas interesadas en
la cultura. Así nace el Organismo de Valparaíso
de Arte y Materia (OVAM), orientado también
al tema patrimonial. El año 2003 sacamos la
personalidad jurídica en la Municipalidad y
comenzamos a funcionar como tal. Postulamos a fondos
del Consejo Nacional de Arte y Cultura, con un taller
de imaginería y comparsas, los que obtuvimos
y eso nos permitió presentarnos dentro del
programa de los Carnavales Culturales 2004. En un
mes hicimos un taller con 14 alumnos de diseño
de diferentes universidades de la zona y con ellos
hicimos una treintena de máscaras y disfraces,
con los que nos presentamos el 30 de diciembre en
la pérgola de la Plaza Victoria, acompañados
del coro Voces de América, que funciona en
el OVAM, asociados con el coro de ex alumnos del colegio
Eduardo de la Barra. Además se presentaron
tres grupos de rock, una batucada del cerro Placeres
y un grupo de bailes chinos de Quilpué. Después
marchamos en comparsa hasta el Parque Italia”
relata don Geraldo, director de OVAM. Para Gabriela
Ponce, alumna del taller de imaginería y comparsas
carnavalescas, la experiencia ha sido “buenísima,
porque te enriquece personalmente. Para mí
ha sido importante, porque uno puede mostrar las aptitudes
que tiene, aprender nuevas técnicas y aportar
con tus ideas”
Uno de los proyectos más interesantes es el
de realizar un juicio a Judas, rescatando la tradición
de la quema del apostol. La idea es hacer una obra,
con escenografía y actores, además de
un gran Judas que luego se quemaría. También
pretenden conseguir algunos fondos para premiar a
los mejores Judas de los distintos cerros.
Otro punto destacable es el trabajo de restauración
de diversas iglesias y edificios históricos
de Valparaíso. Actualmente un grupo de jóvenes
integrantes de OVAM, bajo el mando de don Geraldo,
está restaurando la Iglesia Anglicana, en el
cerro Alegre.
Se trata de una organización sin fines de lucro
y con sus puertas abiertas a la comunidad. “Cualquier
joven que tenga el interés llega acá
y nosotros, luego de un pequeño tiempo de observación,
vemos sus aptitudes y si reúne las condiciones,
que son básicamente un comportamiento social
noble, se queda con nosotros. Lo otro se forja en
el camino, si tiene el interés por aprender
algo, se lo enseñamos”, señala
Ojeda.
OVAM tiene cerca de 50 socios, artistas y gente de
diversas profesiones. Actualmente se está ampliando
la casa para abrir nuevos talleres, como madera, género
y modelaje de figuras. Dentro de las actividades permanentes
que se realizan está el coro Voces de América,
que funciona los días lunes, el taller de imaginería
y un taller de estudio orientado al tema patrimonial,
tratando de aportar por el lado de asesoramiento técnico.
“Este año pretendemos crecer socialmente,
brindarle los instrumentos necesarios a los jóvenes
para que puedan desarrollarse como artistas. Por ejemplo,
el mural que está afuera surgió a partir
de que un día un joven se acercó hasta
acá y nos preguntó si podía rayar
la pared. Le dijimos no nos rayes la pared, píntala
si quieres, nosotros te costeamos. Primero le compramos
los tarros, pero como el costo era muy alto, le sugerí
preparar una base con latex y le enseñamos
a hacer murales. Es un cabro de enseñanza media
de la escuela industrial, que a partir de ahí
sigue con nosotros y lo hemos recomendado a otras
partes, donde ha podido seguir pintando murales. Lo
hemos convertido de un rayador de paredes a un muralista,
que tiene muchas dotes y que por supuesto pretende
recibir alguna retribución económica
por su trabajo. Ese es el aporte que nosotros planteamos,
algo que yo hubiera querido tener en mi juventud,
que si me falla una herramienta, contar con alguien
que me preste otra. Los talleres abiertos son con
esa finalidad”, concluye.
La
Chistera
En el
barrio O´Higgins, de Valparaíso, funciona
la Corporación Cultural La Chistera, surgida
a partir de la iniciativa de un grupo de amigos con
la inquietud de contar con un espacio donde hacer
actividades sociales y culturales. Así, el
12 de febrero de 2002 obtuvieron su personalidad jurídica
y después de un año y medio de trabajar
en la calle, surgió la posibilidad de habilitar
un espacio facilitado por el Club Deportivo Las Zorras,
en la calle Julio Zegers. Todo ha sido autogestionado,
se han hecho festivales, tocatas en la cancha del
club, exposiciones, y una toma cultural asociada con
otros centros, como Los Lecheros y Playa Ancha. También
existe la escuela de fútbol Ze Pequenho. “La
idea es generar participación local, nosotros
buscamos generar un desarrollo local más que
global”, señala su director y fundador,
Angelo Ortega. “Estamos enfocados al cerro,
porque aquí están nuestras raíces,
aquí pertenecemos y aquí hay que generar
actividades”.
Dentro de la sede se realizan exposiciones de todo
tipo, abiertas a quien tenga el interés. El
año pasado se realizaron talleres de fotografía,
origami, malabarismo y están en carpeta uno
de papel reciclado y otro de pintura, a la espera
de conseguir los recursos que permitan financiarlos,
ya que todos son gratuitos. “Hemos tenido una
muy buena acogida de la gente, pese a que no nos autoimponemos
un ritmo demasiado exigente de trabajo. La idea es
que este año permanezca abierto casi en un
100 por ciento, en especial por el tema de las exposiciones”,
concluye Angelo.
Bruj@s
de la Kalahuala
Desde
hace casi 20 años, en el cerro Barón,
existe un grupo de personas interesadas en difundir
el arte y promocionar actividades culturales. Durante
todo este tiempo lo hicieron en forma anónima,
pero en 2003 deciden sacar la personalidad jurídica,
que obtuvieron el 11 de agosto del mismo año,
esto a fin de optar a mayores recursos, que siempre
han sido escasos. “No teníamos sede donde
juntarnos, así que partimos reuniéndonos
en algunos cafés y luego en mi casa. Desde
hace dos meses contamos con una casita, cerca de la
avenida Portales, a la altura del Hospital Ferroviario,
la que estamos acondicionando y nos ha servido para
alojar artistas que vienen a la zona”, cuenta
su presidenta, Helen Flores.
La primera actividad pública que realizaron,
para darse a conocer mayormente entre los habitantes
del sector, fue ocupar el hall de la estación
alta del ascensor Barón como una sala de exposiciones.
“Ofrecimos el espacio a artistas para que pudieran
exponer sus obras sin ningún tipo de trabas
ni requisitos previos, como trayectoria o estudios
formales. Lo único que les exigimos fue no
politizar el espacio, porque no nos gusta ser utilizadas
políticamente por el resto. Durante el año
hemos estado realizando diferentes actividades y nos
fijamos como meta el formar una biblioteca comunitaria
enfocada a las artes”, agrega. Hasta el momento
han juntado alrededor de 600 libros, a través
de donaciones del Gobierno Regional, del Consejo de
la Cultura, de algunos concejales y especialmente
por medio de una caja-alcancía que instalaron
a la salida del ascensor Barón, la que ha sido
todo un éxito, ya que un tercio de los libros
recolectados provienen de esta vía.
Otras actividades que han realizado son los talleres
de Tai Chi y de Hip Hop, el ciclo de exposiciones
Artibruj@s y el circuito Kaminarte, una alternativa
a los tures que se hacen en el sector patrimonial.
“Hicimos un tur patrimonial en nuestro cerro,
convocamos artistas, vinieron muchos poetas. Partimos
en la parte alta de Barón y de ahí vamos
recorriendo hacia abajo.” En agosto celebraron
su aniversario realizando el Karnavalito del Barón.
Invitaron a todos los que quisieran participar y fue
todo un éxito ya que reunieron a más
de 120 artistas e incluso vinieron dos grupos de Santiago.
Bruj@s de la Kalahuala tienen cuatro célebres
padrinos: Eduardo Parra, de Los Jaivas, Jorge Yañez
y sus dos hijos, Leo y Jorge. Uno de sus principios
inspiradores dice que “a pesar de las historias
conflictivas de nuestro país, queremos que
este sea reconocido y recordado por sus grandes creadores
y no por unos pocos destructores.”
Así, vemos cómo el gran éxito
de estas loables iniciativas en nuestra región
demuestra el real interés de la comunidad en
enriquecerse como personas y que sólo hay que
proporcionarles los medios y herramientas para que
puedan conseguirlo. 