Emile
Dubois, la historia que crea el mito
Revive aquí la historia de este célebre
asesino en la ciudad de Valparaíso, quien pasó
a la posteridad creando un mito en torno a su excepcional
personalidad.

Por Mauricio
Carreño Araya
Es
a fines de 1903 cuando arriba a Valparaíso,
procedente de Perú, Emile Dubois Morraley,
oriundo de la ciudad de Etaples en el norte de Francia.
Desde el vapor en que llega, queda admirado por el
espectáculo que le ofrece esta ciudad, por
su conformación y edificaciones.
Decide
entonces quedarse y probar suerte con su peculiar
sistema de vida, que consiste en relacionarse con
gente de holgada posición económica,
con objeto de sacarles dinero de una u otra forma,
para mantener su propio nivel de vida.
Viste
elegantemente y se ha hecho imprimir tarjetas de presentación
donde ostenta el titulo de ingeniero en minas, conocimiento
que había obtenido desde joven, cuando en su
Francia natal trabaja como obrero en las minas de
Courrières.
Como
le ha ocurrido en otras ocasiones, se le acaba el
dinero que trae consigo y tiene que tomar una decisión
para conseguirlo, apremiado por la deuda que tiene
con el Grand Hotel, donde se hospeda.
La solución
es dirigirse a Santiago, a fin de tentar suerte allí
y obtener el dinero para sobrevivir. Una vez en la
capital se reúne con su compañera Ursula
Morales -quien lo sigue desde Colombia- y su pequeño
hijo.
No tarda
en regresar a Valparaíso luego de cobrar su
primera víctima en el país. Se trata
del hombre de negocios Ernesto Lafontaine, a quien
asesina con el móvil del robo. Frente a este
hecho es detenido y luego dejado en libertad, al inventar
una ingeniosa coartada, demostrando su gran habilidad
para convencer al prójimo.
Una vez
en este puerto se separa de mujer e hijo, tomando
pensión en la calle Cochrane, próxima
a la bolsa de corredores. Desde esa ubicación
céntrica observa los movimientos de la ciudad,
especialmente a los hombres de negocios, con quienes
traba relación empleando su capacidad de seducción
y modales refinados.
De este
momento data la confección de una lista de
individuos, donde detalla sus ocupaciones y principales
caracteres, producto de sus agudas observaciones y
conocimientos del corazón humano.
La situación
comienza a apremiarlo, ya que sus métodos para
conseguir dinero empiezan a fallar. Se hace demasiado
conocido de aquellos que lo socorren, revelándose
para algunos como un sinvergüenza que no desea
trabajar.
Llega
el momento de actuar, entonces cambia de hospedaje
al Hotel Los Andes, ubicado en la Calle Tivolá,
lugar que cumple la función de aislarlo de
sus relaciones. Revisa su lista, medita y elige a
Reinaldo Tillmanns, quien poseía un almacén
en una zona poco transitada de la calle Blanco. Allí
llega Dubois de noche, y en una acción limpia,
da muerte al caballero de una certera estocada en
el corazón. La suerte no le es favorable y
tiene que conformarse con unas pocas menudencias de
botín.
Nuevamente
cambia de dirección, esta vez a una casa situada
en la primera cuadra de la calle Cumming, construcción
que probablemente aún se encuentra en pie.
Al igual que en Santiago con el señor Lafontaine,
con quien mantuvo una estrecha relación basada
en el negocio minero, ahora desarrolla una amistad
con Gustavo Titius sustentada en torno a la propiedad
de una mina en la ciudad de Limache. Le presenta unas
muestras de minerales que conocía bien, con
el objeto de obtener la pecunia de la que siempre
se encontraba necesitado. A punto de ser descubierto
en su ardid, decide atentar en su contra y robarlo.
El día
que aquel infortunado viaja a Limache para el pago
a los obreros de la mina, se presenta como una oportunidad
única. Urde entonces la estrategia de demorar
la partida del señor Titius y evitar que tome
los trenes de la tarde con dirección al interior
de la provincia.
Despliega toda su capacidad de palabra y convencimiento,
logrando su objetivo. Al minero no le queda más
que una opción: tomar el tren nocturno, dirigiéndose
a su oficina a buscar las cosas necesarias para el
viaje. Dubois se adelanta y lo espera agazapado para
ultimarlo. Gustavo Titius es sorprendido al entrar
en su oficina y opone una férrea resistencia,
pero el puñal entra varias veces en su cuerpo,
para definitivamente clavarse en su corazón.
El
precursor de los asesinatos en serie
Nos hallamos
en octubre de 1905, fecha en que comienza el terror
en Valparaíso y aparece por primera vez en
Chile el homicidio serial.
A diferencia de otros golpes dados por nuestro personaje,
éste le reporta buenos dividendos: alrededor
de tres mil pesos de la época, que le otorgan
tranquilidad por un gran periodo de tiempo. Ya no
tiene que pensar en cómo pagar el mes de la
pensión y visita a Ursula Morales, a fin de
entregarle dinero para el cuidado de su hijo.
En la
calma Dubois piensa y reflexiona, volviendo siempre
a su cabeza la irritación por el trato que
le dieron en el pasado sus compatriotas Julio Duprez
e Isidoro Challe al negarle más de algún
favor monetario llegando incluso a humillarlo. Insuflado
por el odio toma la resolución de atentar en
contra de ellos.
Como
en ocasiones anteriores prepara sus herramientas de
muerte: laque, daga y linterna y estudia los hábitos
de vida de las potenciales víctimas. Concluye
que el lugar apropiado es la casa del señor
Challe ubicada en el pasaje Ludford, en la noche al
regreso de este comerciante del Círculo Francés,
al que asistía regularmente.
Dubois
acecha a su víctima en la oscuridad hasta que
se presenta el momento previsto. Entonces, cual felino
se lanza sobre Isidoro Challe, hiriéndolo en
una mano primero para luego concluir con una diestra
puñalada en el corazón. La policía
al revisar el cadáver confirma que las heridas
que le causaron la muerte provienen de similar arma
utilizada en dos asesinatos anteriores, provocando
aún mayor conmoción en la población
Al igual
que en ocasiones anteriores asiste a los funerales
de su víctima perdido en la multitud. Pasan
los días y la policía no logra mayores
avances en la investigación. Pareciera que
Dubois decide no arriesgarse en vano y en vez de preparar
el otro golpe que tenía previsto sobre Julio
Duprez, le envía un anónimo amenazándolo
y enrostrándole su colaboración con
la policía.
Como
todo tiene un fin, para bien o para mal, Dubois comprueba
que su dinero está próximo a acabarse
y decide obtenerlo de la manera más drástica.
Elige entonces a su siguiente víctima, lugar
y momento apropiado. Esto se traduce en atentar en
contra de Charles Davies, dentista de profesión,
en su casa y en los momentos de efervescencia popular
producto de acercarse la época de elección
presidencial, en junio de 1906.
Dubois
trata de forzar la mampara de la casa de Davies, pero
es sorprendido por éste, iniciándose
un feroz forcejeo que concluye con un golpe de laque
al dentista y una precipitada huida. No contaba nuestro
personaje que su víctima se levantaría
del suelo y que pediría auxilio a voces. Los
gritos provocan una reacción y muchas personas
lo siguen hasta darle alcance en la plazuela de Bellavista,
donde decide enfrentar la situación alegando
que es una persona conocida y de bien.
Un guardián
lo detiene y es conducido en presencia del señor
Davies quien lo reconoce y lo hace conducir a la comisaría.
Allí trata de imponerse con natural audacia,
pero esta vez el delito es in fraganti y se le traslada
a la cárcel.
Se acumulan
las pruebas en su contra y se forman verdaderas multitudes
cada vez que es conducido a declarar a los tribunales,
donde desafía abiertamente tanto al público
como a la justicia.
Acaece
el terremoto de Agosto de 1906, que prácticamente
deja en el suelo a la ciudad de Valparaíso
y que no fue menos severo con la cárcel pública.
Esto provocó una sublevación de los
reos, quienes junto a un Dubois disfrazado con poncho
y chupalla, pretenden evadirse del penal. Muchos internos
intentando huir caen abatidos por los guardias mientras
nuestro personaje se limita a observar pasivamente.
Al poco
tiempo de estos sucesos el juez del proceso Santiago
Santa Cruz, emite la sentencia que condena a muerte
a Emile Dubois por los crímenes de Lafontaine,
Tillmanns, Titius y Challe. Viéndose perdido
el acusado comienza a estudiar la legislación
penal chilena y toma personalmente su defensa, redactando
recursos de casación, forma y fondo e incluso
una recusación en contra del juez. Así
logra que la corte de apelaciones revise el primer
fallo, no pudiendo establecer su responsabilidad en
los crímenes de Valparaíso, pero sí
confirmar la sentencia por el asesinato de Ernesto
Lafontaine y el atentado en contra de Charles Davies.
Infructuosamente
Dubois trata de apelar a la sentencia presentando
varios recursos, los cuales no fueron considerados,
confirmando la corte suprema el fallo que lo condenaba.
Solicitó incluso el indulto al presidente Pedro
Montt, quien lo negó señalando: “Este
francés se muere en Chile”
En la
víspera de la ejecución del fallo, emitido
por los tribunales de justicia Emile Dubois se casa
con Ursula Morales en un momento bastante emotivo
a juzgar por las palabras que emite un periodista
de la época en El Mercurio de Valparaíso.
Amanece
el 27 de Marzo de 1907 y toda la atención de
una ciudad está puesta en la cárcel
publica. Allí se despliega un operativo enorme
a fin de garantizar seguridad al proceso. Se cuenta
con sesenta guardias de cascos prusianos para reforzar
la seguridad. El público se encuentra expectante
tanto dentro de la cárcel, donde se han cursado
cien invitaciones, como fuera de ella con curiosos
encaramados sobre los techos de casas aledañas
no queriendo perderse detalles de la ejecución.
El acusado
formula su último deseo de evitar que le venden
los ojos para encarar a la muerte. Fuma uno de sus
cigarros marca Yolanda y se le conceden unos minutos
para hablar, donde con voz firme silencia a la multitud,
declara su inocencia y pide consideración para
con su hijo y su mujer. Sus últimas palabras
van dirigidas al pelotón. “Apunten bien
al corazón, ejecutad”. Cuatro disparos
dan en el blanco concluyendo con una vida y a su vez
inmortalizándola.
La conmoción
de la comunidad sólo es comparable a la huelga
de 1903 o al terremoto del año anterior. La
prensa habla profusamente del caso, llegando incluso
a que el mercurio de Valparaíso retrasara la
edición del 27 de marzo para otorgándole
íntegra su primera plana a seis columnas con
los pormenores del fusilamiento, donde un subtítulo
dice: “El público está tembloroso,
mientras el reo lo mira perfectamente dueño
de sí”
Así
concluye la vida de Luis Brihier Lacroix, el verdadero
nombre de Emile Dubois, quién ha pasado a la
historia como un refinado criminal, creándose
un fuerte mito en torno a su persona y que hoy a casi
cien años, sigue dando mucho que hablar.
(Nota:
este artículo se confeccionó sobre la
base de las informaciones de prensa de la época,
del libro “Emile Dubois. Relación verídica
de sus crímenes y aventuras” de Inocencio
del Campo (Valparaíso: sociedad “imprenta
y litografía Universo”, 1907) y del gran
conocimiento que tiene sobre el caso el investigador
Samuel León Cáceres.) 