Ex
Cárcel de Valparaíso
La defensa de lo nuestro
Más de tres años de conversaciones,
dudas y cuestionamientos se han sucedido en torno
a la determinación de qué proyecto se
desarrollará en las dependencias del ex penal
porteño. Hoy el tema entra en su etapa decisiva,
sin que aún se logre vislumbrar qué
futuro tendrá este valioso espacio público
Por Carlos Morales Osorio, Cristián
Rojas Molina y Pablo Rojas Molina
Para
poder entender el desarrollo que ha tenido la elaboración
de un proyecto para el antiguo recinto penitenciario,
debemos recordar que éste tiene su génesis
en el año 1998, cuando el Estado de Chile adquirió
a la Municipalidad de Valparaíso, mediante
el Ministerio de Bienes Nacionales, las dependencias
del lugar. La administración no se hace efectiva
hasta el año 1999, luego del traslado de los
más de 900 reclusos al nuevo complejo construido
en el camino La Pólvora.
El
recinto, de 2.2 hectáreas, alberga en su interior
una de las edificaciones más antiguas de la
ciudad de Valparaíso, conocida como Polvorín
-un fuerte español que data del siglo XVI-,
además de las dependencias que fueron habitadas
por los internos, como la galería, patio central,
talleres, imprenta, enfermería, etc. Ubicada
en un sector privilegiado de la ciudad, a escasos
metros del plan, la ex cárcel es uno de los
pocos espacios de estas dimensiones existentes en
la región que aún permanecen en manos
fiscales.
La
Secretaría Regional Ministerial (SEREMI) de
Bienes Nacionales, V Región, administradora
del lugar, comenzó a desarrollar, a partir
de una iniciativa del Gobierno central, que asociaba
ciudadanía y Estado, el proyecto Cárcel:
Un Cerro Para la Cultura, en el que se pretendía
rescatar el espacio para su uso patrimonial, ciudadano
y de acceso cultural, entre los años 2000 y
2002. La iniciativa convocó a más de
dos mil personas que participaron de las actividades
realizadas en el recinto y significó el reconocimiento
del Ejecutivo sobre las potencialidades del lugar.
En
este marco, un grupo de organizaciones artístico-culturales
de la ciudad recogen la invitación que hace
el Gobierno a ocupar, restaurar y animar los distintos
espacios del ex penal. Es así como este lugar
que otrora fuese el símbolo de la privación
y la falta de liberar, lentamente se transforma en
un sitio abierto a la creación, el desarrollo
y la libertad de expresar, iniciativa sin precedentes
en el país.
Así,
el espacio ha albergado un sinnúmero de expresiones
artísticas, como exposiciones plásticas,
recitales, obras de teatro, etc. La comunidad paulatinamente
se ha ido empapando del aire recreativo y artístico
que reina en el lugar, participando y haciendo suyas
las distintas actividades que allí se han desarrollado.
Todo indicaba que este sería un proyecto viable,
el cual ya estaba rindiendo frutos para los porteños
amantes del arte y la cultura, pero…
El
zarpazo del Centralismo
Todo
el desarrollo que se venía plasmando en el
espacio, a punta de esfuerzo y sacrificio, se ve amenazado
a fines del año 2002, ante un ambicioso proyecto
emanado de la Comisión Presidencial Plan Valparaíso,
que paradójicamente se creó en Santiago.
En éste se encarga a la empresa inmobiliaria
Novaterra el desarrollar un megaproyecto cultural
en el lugar.
Novaterra
presenta una propuesta de uso inmobiliario que permitiría
la implementación de una gran infraestructura,
denominada Campus Cultural de Segunda Generación,
cuyo costo asciende a 4,2 millones de dólares.
Este megaproyecto, para poder garantizar su viabilidad
económica, contempla la venta de la mitad de
los terrenos de la ex cárcel para la construcción
de inmuebles que pasarían a manos de privados,
lo que pudiese implicar someter al arbitrio de los
nuevos dueños el tipo de actividades que podrán
realizarse en el mentado Campus.
Es importante señalar que este proyecto “monumental”
se enmarca en las actividades planteadas por el Gobierno
para el Plan Bicentenario, lo que garantizaría
al Presidente Lagos un rol significativo en el proceso
de modernización de Chile.
Hoy
se construyen en el país un gran número
de obras relacionadas con dicho plan; sin ir más
lejos, en la región se desarrollan importantes
mejoras en la infraestructura vial, como la Cuarta
Etapa de la Avenida España y también
mejoras en el plano estético, como el despeje
de contenedores en el borde costero de Valparaíso,
iniciativas que han sido valoradas por la comunidad,
no así en el caso de la ex cárcel, en
que este proyecto se transformaría en un nuevo
intento centralista de emplazar en la ciudad una obra
que no contempla el desarrollo a escala local, que
tiene una escasa participación ciudadana y
cuyo propósito es constituir un atractivo “polo
cultural” visible para la región, el
país y el mundo, es decir, el público
objetivo son los turistas foráneos.
El
proyecto del Campus estaría momentáneamente
congelado, a la espera de una propuesta de corte local
que desarrolla la Intendencia Regional. En tanto,
en la Minuta de Avance de la Comisión Presidencial
Plan Valparaíso del presente año se
apuntan cuatro etapas calendarizadas para la consecución
del proyecto, que concluiría el año
2007.
La
Propuesta Porteña
Diversas voces disidentes han surgido ante lo que
se considera un nuevo intento centralista de determinar
el funcionamiento de la ciudad. Es por ello que el
Gobierno optó por que se desarrollara un proyecto
cimentado desde nuestra región, encabezado
por la Intendencia Regional quien designó a
la directora del Teatro Municipal de Valparaíso,
Hilda Arévalo, como la encargada de diseñar
un plan de gestión alternativo que debe ser
consensuado entre los diversos actores locales “socialmente
validados. Por ejemplo, si tenemos una mirada sobre
los creadores, hay un sindicato de trabajadores teatrales,
hay un círculo literario, hay una agrupación
de audiovisuales, es decir, todas esas instancias
que están socialmente validadas. Las plataformas
que están institucionalizadas, pero de diversos
ámbitos, creadores, gestores, están
también universidades, los vecinos, obviamente
a partir de la junta vecinal, jóvenes, los
empresarios, que están asociados también
en una cámara del comercio y el turismo”,
explica Arévalo.
Sin
embargo, dentro de los cuarenta encuestados también
se incluyó a personas ajenas a la región
“personas de Santiago, dentro de lo que significa
la Sociedad Protectora del Patrimonio de Chile, un
empresario de Santiago, para que tengan el aporte
de otra mirada. Valparaíso ya no sólo
nos pertenece a los porteños, sino también
Valparaíso está en el mundo. Aquí
van a empezar a suceder cosas como turistas que empiecen
a llegar y obviamente tenemos que tener una respuesta
para ello, es decir que se vea este proyecto en una
escala mayor”, señala.
Por
su parte, de las cerca de cuarenta agrupaciones que
por casi dos años han trabajado en el ex penal
sólo se encuesto a un representante de Corporación
de Amigos de la Ex Cárcel y un representante
del Movimiento por el Mejor Destino de la Ex Cárcel.
En tanto, los ocupantes siguen en la incertidumbre
de qué ocurrirá con el lugar. “Hay
grupos que tienen hoy día proyectos específicos
al interior de la ex cárcel. En el tema de
las artes musicales tenemos al recinto hoy como un
lugar de ensayo, como un lugar que acoge a tres o
cuatro bandas. Pero la intención en esta idea
de parque cultural es que sea un espacio que pueda
permitir albergar colectivos artísticos como
espacios de creación y que desde allí
podamos generar alternativas de capacitación,
como lo que hoy día ocurre a propósito
de la danza. Específicamente ahí hay
iniciativas desarrollándose en términos
de capacitación, pero también nos interesa
que haya un desarrollo de actividades de extensión
artística, o sea, la posibilidad de tener una
cartelera cultural más o menos permanente,
diversa, con la posibilidad también de albergar
complementariamente a colectivos emergentes, como
también a otros más consagrados. O sea,
tener un espacio de integración desde el punto
de vista del desarrollo y del arte”, sostiene
la vocera del Movimiento por el Mejor Destino de la
Ex Cárcel, Irene Tapia.
En
concreto, la propuesta realizada por las organizaciones
ocupantes del espacio, y que habría tenido
gran coincidencia con los resultados de la encuesta
realizada por la directora del Teatro Municipal, tienden
a establecer ciertos criterios básicos sobre
los cuales determinar el proyecto final, como la no
venta del recinto, que éste sea un espacio
abierto a la creación, difusión y formación
artístico cultural, orientado a la participación
comunitaria y la cultura ciudadana, respetuoso de
su pasado y legado patrimonial e histórico.
A
diferencia del proyecto del gobierno central, las
organizaciones plantean que el ex penal se transforme
en un gran parque cultural que permita el acceso de
familias, en el que además se puedan desarrollar
actividades deportivas y recreativas, que garantice
el acceso a los artistas locales, tanto consagrados
como emergentes. Es significativa en esta propuesta
la utilización del lugar a partir del vacío,
situación que se traduce en ir desarrollando
y utilizando el espacio a medida que se vayan consiguiendo
los financiamientos y que la comunidad, organizaciones
sociales e instituciones, soliciten el uso de sus
dependencias.
El
punto en cuestión aquí parece estar
dado por el determinar qué intereses son los
que se persiguen a la hora de desarrollar una iniciativa
para el lugar. Lo que se pretende es habilitarlo para
los turistas nacionales y extranjeros, ofreciéndoles
instalaciones con un alto estándar de calidad,
en que la cultura se presentará como una oferta
turística más. O se pretende desarrollar
un modelo de trabajo de formación y desarrollo
cultural y social alejado del “eventismo”
tan de moda, al estilo de los Carnavales Culturales,
que llegan se presentan, se van y no aportan nada
para todo el resto del año o consagraremos
un espacio de encuentro ciudadano en que la comunidad
de la ciudad pueda participar, sin excluir a los turistas,
que disponga de las dependencias para el desarrollo
de un proyecto formativo a gran escala y que garantice
que este espacio lo podrán enriquecer las futuras
generaciones.
Como último dato, es importante señalar
que en iniciativas similares previas al megaproyecto
de infraestructura cultural que el Gobierno pretende
extrapolar, como el Centro Cultural Estación
Mapocho y Matucana 100, en Santiago, el valor de las
entradas se ha elevado considerablemente, bordeando
los cinco mil pesos por actividad.
Así,
este valioso espacio público, que ofrece arte
y recreación a todos los porteños sin
miramientos, se transformaría en un centro
de corte más elitista. Además, de concretarse
este proyecto ¿qué valor tendrá
para los artistas de la zona poder arrendar el espacio?
¿Podrán acceder? Así, vemos como
se desconoce la realidad local, pues los espectáculos
que aquí se han presentado, de calidad probada,
tienen un costo muy bajo para el público e
incluso algunos son de entrada liberada.