Editorial La
Cáfila
Independencia hasta que duela
Esta es la frase que no quieren sea su lema,
pero que definitivamente representa a esta pandilla
formada por Pablo San Martín y Eric Carvajal,
director y editor respectivamente, de la única
editorial independiente existente en la región
y que hasta la fecha tiene a su haber una treintena
de títulos entre poesía y prosa.

Por Rodrigo Benavente
Braniff
Intelectuales
y científicos sociales hace un tiempo vienen
pregonando el descrédito social de los estados
y la política como árbitros de la lucha,
muchas veces salvaje, entre los poderes privados.
Ahora, junto con describir un hecho que puede apreciarse
a simple vista, pensadores de la talla de Noam Chomsky,
Néstor García Canclini o el editor de
Anagrama Jorge Herralde, traspasan esa responsabilidad
por hacer valer lo público, entre otros, a
instituciones, medios periodísticos y editoriales
independientes que marquen la pauta de lo que le está
pasando a la humanidad y reconquisten una suerte de
espacio público en que se pueda repensar dicha
sociedad. Y si de independencia se trata, editorial
La Cáfila lo es en todo orden de cosas. Desde
la autogestión total, ya que jamás se
han adjudicado un fondo concursable, hasta la lucha
contra lo que llaman la camarilla de escritores consagrados
que no permiten que salgan a la luz lo que consideran
son los valores jóvenes de la literatura regional.
Pese a este panorama un tanto desolador, este par
de emprendedores se han dado maña para lograr
posicionar la editorial en el ámbito regional
recogiendo a las nuevas voces de la literatura, esas
que no encuentran cabida en las grandes editoriales
y que quizá algún día sean las
que mejor describan este tiempo que nos toca transitar.
Inicios
Todo parte hace 5 años cuando junto a un grupo
de periodistas forman la desaparecida revista literaria,
La Cáfila, que como muchos otros emprendimientos
independientes no logró pasar del segundo número.
Sin embargo, este acercamiento al mundo de la literatura
les permitió lograr contactar tanto a escritores
como a impresores, lo que con el tiempo maduró
en la idea de crear una editorial para satisfacer
la creciente demanda por publicar que se vislumbraba
en la zona, sobretodo por parte de escritores nóveles.
De ese primer acercamiento aparecieron los primeros
libros y luego otros en un trabajo que no se ha detenido
y que cada día tiene más interesados
en publicar.
Línea
editorial
Si hay
algo en lo que está de acuerdo este par es
que jamás se ponen de acuerdo en nada, debido
a lo mismo han separado funciones dejando a cargo
de la sección poesía a Pablo, mientras
Eric se encarga de la prosa, ahora al momento de decidir,
simplemente alternan la dirección de la editorial
cada año, con lo que quien dirige tiene la
voz resolutiva al momento de haber una discrepancia
–y siempre las hay-. Al respecto Eric declara
que lo importante para que un texto sea considerado
editable es “la existencia de una buena historia,
con personajes contundentes y verosímiles,
que no se queden en la anécdota o el relato
facilista y efectista, privilegiando historias que
aporten un valor, que vayan más allá
de la persona que la escribió, más allá
de lo que cuentan”. “Valor fundamental”,
agrega Pablo, “es la perseverancia, las colecciones
rescatan precisamente a quienes hacen del escribir
un oficio.”
Como
editorial no se niegan a publicar cualquier material
que llegue financiado y aunque en estos casos su labor
se centre en meramente satisfacer el gusto de los
escritores que traen el dinero para publicar, este
método les ha permitido financiar proyectos
que van más con su sensibilidad, como son las
colecciones de escritores emergentes (colecciones
negra y roja hasta la fecha) que se reparten en mitades
para poetas y prosistas en un ejercicio que se agradece.
También trabajan el concepto de la coedición,
es decir, el repartir los gastos a medias con algún
escritor, generalmente medianamente reconocido, quedando
por cuenta de La Cáfila todo lo relacionado
a difusión y colocación del producto
literario.
Por cuanto a los contenidos de las dos colecciones
que llevan a su haber, concuerdan que han sido tremendamente
depresivos y desesperanzadores, adjudicando esto quizá
al color institucional de la editorial (negro) aunque
sospechan que, dada la tendencia del grueso de los
trabajos que llegan, va más allá y tiene
que ver con “una expresión política
de los tiempos que corren en un país donde
los jóvenes –la mayoría de sus
escritores- no ven oportunidades, todo es caro, estudiar
es caro y hacerlo no garantiza nada” indica
Pablo.
Obstáculos
Los principales obstáculos para este par han
sido el dinero y el nulo apoyo que declaran haber
tenido por parte de las personas que empezaron haciendo
lo mismo que ellos, es decir, los viejos consagrados
en el circuito literario regional. En este sentido,
recalca Eric, “hay figuras que determinan que
es publicable y que no en las poquísimas instancias
que existen, por ejemplo en el fondo del Gobierno
Regional” y agrega Pablo “no hay ese fairplay
que había antes, si tu analizas la literatura
chilena, entre los viejos y los jóvenes, en
donde los viejos le pasaban el bastón a los
cabros, les ayudaban prestándole su nombre
incluso, como en el caso de Vicente Huidobro ayudando
a sacar una antología al joven Volodia Teitelboim
en 1935. Ese juego limpio no lo vemos ahora, vemos
que hay una camarilla y que allí no entra nadie,
creo que hay un poco de mala intención. De
hecho el día que notemos que estamos seniles
y ya no interpretemos el curso de la literatura, nos
largamos a nuestros cuarteles de invierno. Y nótese
que nos quedan pocos años.”
Independencia
Respecto a este tema, mira que raro, tampoco están
de acuerdo, mientras Pablo postula el pensar y dejar
la puerta abierta a una posible incorporación
a alguna de las asociaciones de editoriales que últimamente
han puesto con fuerza en el tapete temas relacionados
al valor del libro y políticas de lectura,
Eric disiente y aboga por el camino de la independencia
total que los transforme en un referente para las
nuevas voces de la literatura. Por fin Pablo concuerda
aunque reconoce que la grandilocuencia de estas palabras
hará que “lo logremos o nos vayamos al
infierno.”
Tres
enfoques que encarecen el libro
Este es uno de los mayores contrasentidos en la política
cultural chilena. En un país donde se intenta
poner el tema cultural como eje rector y matriz formadora
de sentido, el precio de un libro es simplemente demencial
y muy lejano al bolsillo de la inmensa mayoría
de sus potenciales consumidores, incluidos los estudiantes.
Es por esta razón que llegué con mi
caballito de batalla de un IVA diferenciado esperando
el apoyo de nuestros interpelados, mas Eric me aclaró
que si bien no es un esfuerzo despreciable, el mayor
valor del libro no va por allí, sino por un
subsidio estatal a los materiales usados por las imprentas,
así como para la introducción de nuevas
tecnologías de impresión como las digitales,
que hoy día, aún son más caras
que el tradicional método offset. Por supuesto,
no me extrañó cuando Pablo estuvo totalmente
en desacuerdo y apuntó a que el verdadero problema
son las cadenas intermediarias que venden los libros
al doble del valor en algo en que no están
invirtiendo nada. Ante esta realidad, como editorial
tomaron la decisión de trabajar solamente con
librerías independientes que tienen una política
menos depredadora y más cercana a la realidad
nacional como son la Crisis y la Ivens. “El
problema”, cierra Eric, “es que tenemos
que hablar de marketing y de mercado cuando tendríamos
que hablar de literatura en lo que considero una deformación
del quehacer literario”
Librería
La Cáfila
Transformar la sede de la editorial en una librería
que se convierta en un centro neurálgico de
los amantes de las letras es uno de los sueños
que está pronto a cumplirse en el local que
poseen en Cumming 94, y aunque el principal obstáculo
es la falta de recursos, poco a poco sienten que se
está cumpliendo la sentencia fundacional de
Eric que rezaba sobre el “crear un público
literario ante la inexistencia de uno”, y los
hechos parecen confirmar este anhelo ya que cada día
son más los que se acercan a la editorial para
comprar los libros, aún cuando no están
instalados formalmente como una librería. “Y
si hay un público”, sentencia Pablo,
“es que también hay escritores que están
llenando ese vacío, aunque todavía son
pocos”.
Jugados,
osados y consecuentes, son palabras que se me vienen
a la cabeza cuando de calificar esta iniciativa y
a sus mentores se trata, y aunque puedo o no estar
de acuerdo con algunas de sus posturas, sin duda son
una voz fundamental en este puerto que tiene tantas
historias no contadas. También siento que como
comunidad necesitamos apoyar estas iniciativas en
forma concreta, no solo aplaudiendo y solazándonos
con este esfuerzo, sino que apoyándolo en forma
concreta, comprando sus libros, dándolos a
conocer. No es menor el hecho de que según
estudios internacionales el valor de un libro que
cuesta 10.000 se desglose en 5.500 para el distribuidor,
mientras el autor se queda con apenas 1.000 pesos,
siendo el resto costos de producción y posibles
beneficios para la editorial. Estamos en presencia
de una forma de romper este cerco y está en
nuestras manos dar tiraje a esta chimenea literaria
que Valparaíso necesita con desesperación.
Finalmente quisiera darle espacio a las lúcidas
palabras de Jorge Herralde, que describe al libro
como “uno de los inventos más perfectos
de la Humanidad. Sirve para explorar lo de fuera e
investigar en uno mismo. Es cómodo, portátil,
y no necesita enchufe.”