XII Encuentro de Payadores de Casablanca
La paya, tradición que se redescubre

Nos fuimos pa` Casablanca al Encuentro de Payadores
no arrugaron los señores repentistas y verseros
que con hidalguía y esmero
desde acá, Cuba, Argentina y Uruguay
nos hablaron de chilenidad
porque aunque suene contradictorio
notando lo diverso del repertorio
hablamos de identidad
que en todos estos terruños
es la verdadera nacionalidad

por Rodrigo Benavente Braniff

Identidad es una palabra que con la entronización de la globalización ha cobrado nuevos bríos, es que parece que la promesa de un mundo homogéneo y sin variables culturales, más que atraer, asusta. Es por ello que cada cierto tiempo reconocemos por allí alguna expresión que nos es familiar y que identificamos como nuestra, y el mundo de la poesía oral improvisada o paya es uno de esos fenómenos culturales que, calzando en esta categoría de propios, nos suenan muy ajenos y lejanos. O sonaban, ya que basta haber asistido al XII Encuentro Internacional de Payadores de Casablanca para entender que esta tradición goza de una salud envidiable y no sólo eso, sino que el espectáculo ofrecido por más de una docena de exponentes de la poesía improvisada fue de una calidad interpretativa admirable.

Por dos días se dieron cita artistas de Chile, Argentina, Cuba y Uruguay, con variadas actividades, entre las cuales el coloquio sirvió para atisbar lo que sucede en este mundo que no aparece en los medios, a mi criterio, por simple desconocimiento, puesto que posee la fuerza de la poesía y el atractivo del humor socarrón, cartas ganadoras que lo hacen tremendamente “vendible”, aunque algunos payadores me matarían por usar este calificativo.

Más interesante aún es constatar que un 80 por ciento de los participantes chilenos de este encuentro son menores de 40 años, con lo que se desmitifica aquello de que el género se esté perdiendo. No obstante la irrupción de estas nuevas voces trae de la mano una cierta ruptura con la tradición, que a los ojos de algunos entendidos y catedráticos, se está produciendo en forma violenta y no con la parsimonia que imperó durante centurias en esto de la tradición oral.

¿La nueva Paya?

Para algunos exponentes de este arte los vientos favorecen a las nuevas voces, y creen que son precisamente éstas las que han extendido esta tradición hacia el intercambio con otros países cultores como Argentina, Uruguay, Brasil o Cuba., Para Rodrigo Núñez, payador de 31 años y secretario de la Asociación Gremial de Poetas y Payadores de Chile, AGENPOCH, “los viejos tienen un estilo más campesino, bucólico y sosegado, con temáticas a lo divino o las cosas simples de la vida, en cambio nosotros estamos más metidos en la contingencia, así tomamos de la política, de George Bush, del sudeste asiático, de la globalización, del Foro Social, etc. En general hemos elegido la injusticia social como estandarte de lucha y la paya y la décima como vehículos de identidad, así como al guitarrón como instrumento representante de Chile en el mundo. También en este renacer creo que la juventud tiene la fuerza y el vigor de los años jóvenes como elemento que aportar”.

No obstante, también han surgido voces que llaman a la cautela. Un ejemplo de éstas es el español, Maximiliano Trapero, catedrático de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Filólogo y especialista en cultura oral, quien advierte que a pesar que no cabe duda que hay un determinado resurgimiento joven, lo que ocurre es que estos jóvenes no han tenido el aprendizaje lento y paulatino que han tenido los antiguos. Y aunque interpreta este choque como positivo, el mismo puede provocar cambios importantes dado que “la tradición oral normalmente vivía cambiando pero esos cambios eran muy lentos, sin embargo, con este movimiento nuevo y la incorporación de nuevos valores se provocan cambios importantes, que no diré son malos o negativos, pero sí motivan cambios importantes en la tradición.”

Una muestra patente de esto es Manuel Sánchez, joven payador y símbolo de esta nueva generación, que ha incluido en su repertorio una pieza llamada “Guita Rock” que emplea un guitarrón con cápsula o electroacústico y la inclusión de otros instrumentos y temáticas contingentes que simplemente horrorizan a las generaciones antiguas.


¿Nueva vida o reinterpretación?

Es indudable que estos nuevos estilos de acercarse a la paya han popularizado, sobre todo en la generación de recambio, este arte casi perdido. Es también innegable que este género requiere de estas nuevas voces para perpetuarse en el tiempo, y las obras lo demuestran. Es así como Moisés Chaparro, presidente de la AGEMPOCH, junto con reconocer que este encuentro tiene la marca de la juventud, indica que se están haciendo esfuerzos por sacar un libro recopilatorio al año, lo que, sumado a la elaboración de una página Web y a la creación de talleres de paya en conjunto con la Municipalidad de Casablanca, permite visualizar un futuro promisorio, pero siempre entendiendo la responsabilidad que esto conlleva, puesto que este resurgimiento acarrea consigo valores históricos e identitarios fundamentales.

En el camino de tomarse las cosas con calma y entendiendo el término tradición como una unión entre lo antiguo y lo reciente que genera formas nuevas, el profesor de estética de la Universidad Católica, Fidel Sepúlveda, agrega que “es un contrasentido decir que vamos a levantar un movimiento nuevo, porque vivimos inmersos en una tradición de la cual no somos concientes, entonces esto de inventar la pólvora en los hechos culturales y en la vida no se da, lo que sucede es que hay una muerte que genera una nueva vida, pero la nueva vida no es otra cosa que una reinterpretación. Ahora, en ese sentido me parece muy saludable para la cultura chilena que haya este encuentro de los jóvenes con su juventud, pero a la vez con su tradición y raíces. Las culturas sólo perduran cuando ahondan y renuevan estas raíces.”


Realidad inalcanzable

A la hora de conocer a los exponentes internacionales de este encuentro, el ejemplo cubano, sin lugar a dudas, pone la vara muy alta. Para los de la isla esta no es sólo una tradición que se ha mantenido en el tiempo y goza de una salud a toda prueba, sino que el repentismo, como denominan en esa tierra al arte de payar, tiene el apoyo del Ministerio de Cultura y por ende, del Estado, por lo que quienes abrazan esta disciplina pueden hacerse profesionales y vivir de ello. Luis Paz Esquivel, profesor cubano de repentismo y participante del encuentro de Casablanca arguye que esto les da ventaja sobre los cultores de otros lugares ya que el caso cubano es único. “En la isla existe el Centro Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado, que difunde estos eventos a nivel local, municipal, provincial y nacional, lo que hace que el acercamiento a la poesía repentina se produzca a muy corta edad, en la época en que el niño es plástico y se le puede dar el molde que uno quiera, lo que sumado a su poder de asimilación lo hace un material increíble.” Y la verdad sea dicha, esta preparación se nota ya que en la cancha el cubano salió airoso frente a las pruebas y puyas que con mucha picardía los locales, incluido el público, le impusieron.


Identidad socarrona

Pero también quisimos saber cual es la diferencia que, aparte de ritmos y entonaciones, distingue a la paya nacional tradicional de la del resto de América Latina. El profesor Fidel Sepulveda, que además es director del Instituto de Estética de la Universidad Católica, nos aclaró que “America Latina es una gran matriz que tiene una unidad y en ese sentido las diferencias que haya no son sustantivas porque somos hijos de una misma experiencia de dependencia en lo económico, cultural y en todo orden de cosas. Algunos luchan contra esa dependencia mientras otros la copian sin críticas, y otros la copian con adaptaciones. Ahora, si vamos a un elemento más fino, creo que esta misma cultura de dependencia que marca a Latinoamérica, genera un tipo de voz que no es soberana ni con tintes de autonomía, sino que del miedo o la reacción. Es decir, tú callas o modulas tú voz de acuerdo a un miedo que te domina. Es decir, que sacas la voz en dependencia de aquello contra lo que sacas la voz y eso es una característica común, pero claro, hay distintos modos de silenciar, camuflar o revelarse y en Chile hay un cierto modo de decir las cosas que es el más o menos, la línea del medio, es el no decir nunca lo que hay que decir, pero sí darlo a entender, dejarlo caído con el trabajo de las medias palabras, medias oraciones o juicios, lo que genera una voz chilena con margen de subentendido, de subtexto, de interpelación al auditor para que complete la frase que no es lo mismo que en el Caribe u otras partes. Entonces la poesía popular tiene esto de lo cazurro del cálculo, de la picardía de la astucia del cuidarte siempre las espaldas que es quizá de una experiencia muy larga de guerrillas heredadas de los mapuches.”

Finalmente, sólo queda agregar que más que un fenómeno de ruptura generacional, lo que estamos observando en este arte tradicional es un redescubrimiento y adaptación del mismo a un nuevo paradigma sociológico e incluso comunicacional, que ha encontrado eco en esta nueva hornada de payadores que, sin dejar de lado o irrespetar a los viejos y a la tradición, le han dado un aire de renovación que por supuesto generará resistencia, la que por lo demás es connatural a todos los cambios, pero que, según lo observado, se da en un espíritu de reconocimiento que habla muy bien de estas generaciones que se encuentran y aportan, más que colisionando, colaborando.