La Casa del fugitivo: más que un centro cultural

Por Rodrigo Benavente Braniff y Carlos Morales Osorio


Para poder comprender los alcances del proyecto que pretende establecer el centro cultural La Casa del Fugitivo en el cerro Lecheros, debemos remontarnos a la década del 40, cuando el poeta Pablo Neruda tuvo que sortear la persecución propiciada por el Presidente Gabriel González Videla hacia los comunistas, escondiéndose en el piso bajo de una morada en las cercanías del ascensor Lecheros. Por ese entonces, los comunistas formaban parte de la coalición de Gobierno en cargos ministeriales y además ejercían fuerza a través de organizaciones sindicales.

Más aún, la elección municipal de 1947 amplió las fuerzas del PC, lo que motivó la presión de la derecha para eliminarlos de los cargos públicos. El escenario mundial se dividía en dos, la amenaza de la Guerra Fría generaba algún grado de preocupación en Estados Unidos por el avance de las fuerzas de la hoz y el martillo en Chile, por lo que también presionó a González Videla para que esta situación se frenara. El Presidente opta por expulsar a los comunistas del gabinete, lo que propició una serie de movilizaciones en protesta, a lo que el Gobierno respondió con represión militar, detención de dirigentes y finalmente la promulgación de la “Ley para la Defensa de la Democracia” en 1948, también conocida como “Ley Maldita”.

Este marco legal permitió la represión de los comunistas y una supervisión estricta sobre el movimiento sindical. Neruda en ese entonces ya era conocido como una figura pública y no fue la excepción de este seguimiento, que lo obligó a ocultarse en una serie de hogares de Santiago, Valparaíso y localidades sureñas, hasta que el poeta logró salir clandestino a Argentina.

Es en este periodo que Neruda escribe parte de su obra, Canto General, transformándose en un perseguido político más al interior del país.

María Teresa Aguilera, propietaria del inmueble que sirvió de refugio al vate en Valparaíso recuerda: “buenas tardes puedo pasar, soy Pablo Neruda” con esta frase el poeta se presentó años después a su puerta para relatar su furtiva estadía y filmar un documental con el realizador Hugo Arévalo. Según habría señalado Neruda en ese momento el propietario de la casa era un marino mercante, quien lo acogió a solicitud de su hijo que era militante del Partido Comunista, a quien le habría señalado su madre ¿cómo vamos a recibir a Neruda si nosotros somos pobres? No, les contestó el hijo, Pablo es uno de los nuestros.

“No se sabe a ciencia cierta cuánto tiempo estuvo acá, pero Volodia Teitelboim y Sarita Vial, que eran amigos del maestro, sostienen que entre seis u ocho meses en el periodo de invierno habría sido asilado en el sótano del lugar. Aquí era visitado por Delia del Carril -la hormiguita- y sus amigos. Ahora el sótano es muy especial porque normalmente los sótanos son ciegos, pero éste tiene una ventana por donde Pablo accedía a través de una escalera a contemplar las noches. Se asomaba y miraba la vida activa, la bohemia porteña, la podía mirar desde esa ventanita y pernoctaba en el segundo piso. Si tú me preguntas por su imagen yo te puedo decir, que para mí siendo niña de siete años, era un tipo altísimo, robusto, cálido, el quería mucho a los niños. Tomó a mi mamá del brazo, la felicitó por las condiciones en que estaba la casa y, como te digo, con tanta cámara aquí, nosotros no atinamos a nada, lo único que mi mamá dijo fue pásale un libro, para que me dejara una dedicatoria. Unos años después ganó el Nobel.

“Neruda le encomendó a Sarita Vial que ubicase esta casa. Sarita, junto al equipo que filmó el documental de Hugo Arévalo, preguntaron a todas las personas que vivían acá si sabían de ésta, hasta que por casualidad un moreno encantador me atajó para cuestionarme al respecto, con los resultados conocidos. Ese documental es el testimonio del reencuentro del vate con la casa y los recuerdos de una época tremendamente dura, pero también muy creativa y marcada por una tremenda solidaridad.”, rememora Aguilera.

El 2000 se acerca la conservadora de la Fundación Neruda, Elisa Figueroa, para poner una placa recordatoria, dado que se cumplían 50 años del Canto General. La colaboradora en la gestión del proyecto, Juanita Fernández señala que la implementación de un centro cultural denominado La Casa del Perseguido pretende, además de apreciar históricamente el lugar en función de la permanencia del poeta, establecer una valoración y un nexo entre los chilenos de adentro y fuera, pues se pretende desarrollar un centro de la memoria con un archivo, documentos y testimonios de la gente que se tuvo que ir, lo que implica revivir y reactivar relaciones que son de amor y de odio.

“Hay gente que se muere por Valparaíso pero que no volvería jamás porque le trae una serie de recuerdos tristes, y no por eso dejan de ser porteños, entonces la abuela del muchacho que está en Suecia, podrá venir al centro cultural y tener alguna rebaja, por ejemplo, en las horas de Internet o en el acceso a ciertos servicios multimedia que son más complicados, para que la señora pueda hacer una video conferencia y la gente se pueda comunicar con los parientes y amigos en el exterior. La idea es tener unos cuatro computadores porque el espacio y los presupuestos no dan para más.”, señala Fernández.

“La intención de este centro cultural es, en primer lugar, rescatar este espacio como parte de la memoria colectiva patrimonial de la ciudad. Esto pasó, pasó aquí. En segundo lugar un centro cultural de la memoria que no existe en Chile, ya que no hay ningún espacio donde existan testimonios de lo que pasó con la gente que se tuvo que esconder en Chile o salir al extranjero, los dos exilios. No hay nada de eso, es toda una cosa nebulosa llena de mitos y fantasías, llena de mucha mentira y de muchas idealizaciones también, pero en donde la gran historia, la del pequeño heroísmo, ese de la persona que te dice mira yo tengo harto susto pero igual podís quedarte en mi casa, eso me parece que es un heroísmo mucho más valioso y que necesita un espacio donde se pueda celebrar, conocer, divulgar y preservar. Parece que nos falta a nosotros un poco de cariño con lo que somos, porque los chilenos somos mucho más que la tropa de consumistas en que nos hemos convertido muchos de nosotros.

En el lugar se pretende instalar un centro cultural para los artistas incipientes de todas las disciplinas: pintores, escultores, poetas, para conferencias, para encuentros literarios ese es el sueño.” Pero también, propietaria y ejecutora se apresuran en aclarar que no se trata de un lugar en donde se podrá apreciar físicamente la presencia de Neruda, no se trata de un lugar de fetiches, sino que de un sitio con valor que habla de solidaridad, no a través de objetos, sino de emociones que trasuntan lo poético y nos hablan de la esencia del hombre.