Provoco, luego existo

 

Por Carlos Morales O.

Durante su desarrollo, el arte en diversas ocasiones se ha visto enfrentado con el normal quehacer de la sociedad y las instituciones que en ella se radican. Es así como propuestas artísticas de destacados realizadores chocan con los cánones existentes generando una polémica en torno al desarrollo de su propuesta y lo que la sociedad considera como válido o ajustado a la moral imperante. Ejemplo de ello es el propio Miguel Ángel, que en el Renacimiento italiano sacudió a la sociedad en general y a la iglesia en particular, con su creación regada de desnudos producto de su admiración por la anatomía humana, que incluso lo llevó a desnudar al propio Cristo.

Pero el caso de Miguel Ángel no es el único. Por mucho tiempo la Iglesia Católica satanizó al rock como música propia del pecado y de la herejía de una juventud exenta de valores y con pocas visiones de futuro. Hoy es base de una propuesta musical concreta y con diversas derivaciones.


En nuestro país el arte también ha provocado en más de una ocasión una reacción en la sociedad, como las acciones de arte del colectivo CADA que en la década de los 70 postulaba el uso de la ciudad como espacio de creación; de ellas se destacan las realizadas por el Premio Nacional de Literatura 2000, Raúl Zurita, quien se quemó una mejilla con un fierro incandescente, se volcó ácido en los ojos y se masturbo en público frente a una pintura de Juan Dávila, causando revuelo y consternación en más de una persona.

Hoy la provocación parece ser un implemento más que contemplan los artistas a la hora de plantear sus creaciones, como si esta trasgresión lograra garantizar en la comunidad alguna reacción en base a sus trabajos o más aún, les permitiera dejar constancia de su existencia. Los casos de las jugueras con peces vivos que se presentaron en el museo de arte contemporáneo, la "Casa de Vidrio", la pintura en que se presentaba a Bolivar como travesti, la "performance" de Baby Vamp, los desnudos masivos para el fotógrafo Spencer Tunick, los Oleos sobre Perro de Antonio Becerro o últimamente la obra de teatro "Prat" de Manuela Infante sin duda tuvieron reconocimiento, cobertura de medios de comunicación y más de una opinión a favor o en contra. Si separamos la paja del polvo, veremos que en el fondo los artistas de hoy quieren ser escuchados, poner de manifiesto su punto de vista, sin hacer concesiones e incluso desacralizar el propio arte, con la finalidad de ganar un espacio donde se les escuche y se note su presencia.

Tal vez el constante bombardeo de información que reciben cada día las personas ha generado en un sector de los artistas del país, la necesidad de buscar algún tipo de estrategia comunicacional que les asegure cobertura mediática y tribuna para exponer sus argumentos.

Lo cierto es que en democracia el arte se puede desarrollar y fortalecer en la medida que exista debate, que las personas tengan la posibilidad de determinar cual es su opinión con respecto a tal o cual artista, sus obras y los conceptos que manejan, pero para ello es necesario no establecer una censura previa ni tampoco que existan poderes fácticos que se atribuyan una moral universal para todos. De esta forma podremos determinar cuanto de cada propuesta es sólo efectismo y cuanto arte.

Si queremos una realización artística seria y de calidad debemos procurar generar un espacio en los medios de comunicación donde los artistas puedan plantear sus propuestas, dar a conocer sus trabajos o los desafíos del arte nacional, lejos de la tribuna que se da a la pololita del futbolista o las aventuras de algún personaje de la farándula, para que en el arte la disyuntiva no sea… Provoco, luego existo.