Ascensor ArtilleríaValparaíso patrimonio de la humanidad o cómo ponerle el cascabel al gato

La reciente designación de Valparaíso como patrimonio de la Humanidad por la UNESCO es algo a esta altura archiconocido por todos los porteños, pero ¿conoce usted cuáles son los reales alcances que tiene tal designación, los compromisos que se deben cumplir y los beneficios -sobre todo económicos- que se supone en el futuro traerá? Lo cierto es que este reportaje no pretende vaticinar el futuro pero sí hacer un pare, mire y escuche en cuanto a qué está pasando en su ciudad.

Por Carlos Morales Osorio

Para poder saber en qué consiste la clasificación de Valparaíso como ciudad patrimonial, debemos entender que este hecho está ligado al reconocimiento que hace la, Organización de Naciones Unidas para la Ciencia, la Educación y la Cultura, UNESCO, con respecto a la herencia que un pueblo transfiere a través de generaciones, enriqueciendo los rasgos culturales de una comunidad y otorgándole las referencias para su quehacer actual, para así proyectarse a futuro.

Si lo aplicáramos a la realidad de nuestra ciudad sería algo así como valorar aquella construcción y arquitectura de desorden urbano que fue configurando a Valparaíso en el transcurso del tiempo, emplazada en torno a la actividad portuaria o marítima y que con su historia y tradición ha logrado conformar ciertos elementos que nos dan una identidad única. Porteños, tanto en nuestra situación personal como en la relación que establecemos con nuestros vecinos, en este entramado social propio de microcentros barriales tan variopintos como los nombres de los más de 40 cerros que conforman la ciudad. El que se elogie a Valparaíso nunca cae mal a un porteño, pero este reconocimiento también se puede interpretar como un llamado de atención ante la fragilidad y el riesgo que corren estos atributos y que podrían llegar a desaparecer.

De esta forma, tenemos un primer acercamiento al concepto de ciudad patrimonial que se da en la relación de los valores patrimoniales tangibles, referidos a la materialidad de la ciudad, y otro en base a su valor intangible, que se formaría en todo este entramado social que determina a los porteños y su relación con este espacio habitado, como una relación de cuerpo y alma, en que la infraestructura de la ciudad da el soporte del cuerpo y sus habitantes el alma, la vida.

Durante todo el proceso de postulación vimos cómo los medios locales llenaron portadas con el tema, mientras el municipio no dudaba en crear una reglamentación que resguardara al sector de postulación, evitando con ello alguna transformación que pudiera hacer peligrar la nominación. Incluso implementó programas municipales de manejo de basuras, embellecimiento de fachadas y la eliminación de uno que otro can poco turístico. De esta forma, la imagen de Valparaíso se difundía a Chile y el mundo como la nueva ruta patrimonial, lo que de seguro rentabilizaría algunos ingresos en el balance final.

Pero esta nominación no ha estado exenta de cuestionamientos por parte de ciertos grupos de la comunidad, quienes pretenden que su voz sea atendida en función de resguardar los valores de la comuna como un patrimonio para la humanidad

 

¡Al rescate del patrimonio!… ¿Cuál patrimonio?

Un tema central a la hora de hablar de las discrepancias que se producen en relación al tema patrimonial, se da al tratar de determinar qué es lo que se debe proteger. Las opiniones pueden ir desde querer resguardar la ciudad en la forma como se encuentra hoy, hasta ciertas autoridades que ven en la nominación el punto de partida para que Valparaíso se reactive económicamente, en base a una industria turística.

Para la arquitecto asesora del Ministerio de Vivienda y Urbanismo de la Quinta Región y miembro de Ciudadanos por Valparaíso, Paz Undurraga, el tema estaría abordado deficientemente, al establecerse sólo una política de preservación de los valores tangibles de la ciudad. “Lo que pasa es que el concepto de patrimonio tradicional es en base a lo construido. Nosotros creemos que en el caso de Valparaíso su patrimonio no está sólo en lo construido sino que en mayor medida en lo intangible, lo no construido, como por ejemplo el comercio tradicional, su condición de anfiteatro, esta situación que se da de barrios, de muchos barrios en la ciudad, la manera de relacionarnos, etc. Ese valor intangible es más importante que el otro, porque al final si tú proteges solamente las construcciones, la vida de los sectores cambia, el comercio tradicional desaparece y tienes una maqueta de la ciudad”.

Hoy la nominación ya es un hecho, aunque de no cumplirse los requerimientos de la UNESCO, ésta también se puede perder. El tema ya dejó de interesar a los medios de comunicación y diversos sectores comienzan a sacar cuentas de los negocios que ahora se podrán hacer al alero de la ciudad patrimonial.

A tal punto ha llegado la especulación en torno al tema patrimonial, que muchos vecinos han denunciado inmuebles que vulneran la reglamentación vigente ante los organismos fiscalizadores de la dirección de obras de la Municipalidad de Valparaíso, el Consejo de Monumentos Nacionales y la Secretaría Regional Ministerial de Vivienda y Urbanismo, haciendo notar que la escasa fiscalización y sanción de los infractores ha permitido incluso que corredores de propiedades ofrezcan casas en los cerros Alegre y Concepción señalando que existe la posibilidad de subir un piso más para tener vista al mar, lo que en la práctica sería ilegal.

En este momento la Dirección de Obras de la Municipalidad de Valparaíso se encuentra elaborando una modificación al plano regulador -normativa que crearon para asegurar la zona de protección que se presentaría a la UNESCO-, tras la mala aplicación que se le ha dado, la que se presta a interpretaciones que impiden que el criterio entre los diferentes entes fiscalizadores se pueda estandarizar. Mientras se trabaja en su modificación, los infractores siguen sin sanciones. Es importante señalar que en estas infracciones puede haber desde personas que, por desconocimiento, hayan modificado sus inmuebles, como también arquitectos que necesariamente deben saber cuál es la reglamentación del plano regulador y que lisa y llanamente hacen caso omiso a sus normas.

Con respecto a la situación, el arquitecto y director de obras de la Municipalidad de Valparaíso, Miguel Dueñas señala: “En lo personal yo propiciaría una especie de Ley del Mono -que consiste en presentar un croquis de las modificaciones realizadas a fin de obtener su aprobación, una especie de perdonazo- para las Zonas Históricas, porque hay gente que ha hecho cosas y yo no les puedo ir a hacer demoler lo que hicieron veinte años atrás”.

¿Y qué ocurre con casos más recientes como la casa del diputado Girardi en el cerro Alegre, que organizaciones ciudadanas han denunciado por vulnerar la reglamentación o el caso del Café Turri, que señalan habría pedido un permiso para una terraza momentánea, la que no se ha vuelto a retirar?

“Esta aprobación es de tres reglamentaciones. Como estos dos casos están en Zona Típica y la Zona Típica necesita, de acuerdo al artículo 60 de la Ley General de Urbanismo y Construcciones, aprobación previa de la Seremi de Vivienda, si no hay aprobación de la Seremi no lo aprobamos nosotros; tiene que haber aprobación previa del Consejo de Monumentos Nacionales, de la Seremi y luego de nosotros”

A juicio de la arquitecto Claudia Goic, territorialista de la comuna de Valparaíso de la Seremi de Vivienda y Urbanismo, las acciones a seguir son claras: “si el director de obras detecta por fiscalización, si recibe una denuncia por parte de algún vecino con respecto a una irregularidad, él tiene que determinar si efectivamente es una irregularidad o si la persona construyó bajo la norma y si no, tiene que paralizar obras y luego demoler. El decreto de demolición no es función del director de obras, lo firma el alcalde. O sea, en ese sentido está reglamentado, no toda la aplicación de la fiscalización y las acciones a seguir son del director de obras. Aquí no hay un tema de malas intenciones y lo que estamos haciendo es justamente en honor a que estos malos entendidos no sigan. Se debe mejorar el instrumento porque si no, vamos a seguir en la eterna discusión y la única que pierde es la ciudad”.

 

Que no nos Tapen La Vista

Una de las campañas realizadas por Ciudadanos por Valparaíso que ha causado mayor impacto en la comunidad porteña es la denominada Que no nos tapen la vista, en la cuál se trata de crear conciencia sobre la necesidad de respetar el derecho a vistas que tienen los inmuebles porteños. La iniciativa ya cuenta con más de 5.000 firmas de adhesión.

“El tema de la vista es un tema que a todos los ha tocado de alguna manera, ya sea porque siente un riesgo, porque ha sido afectado por una situación puntual de un edificio frente a su ventana, etc. Creo que ese es un tema que está mucho más acuñado, porque es lo que a ti te afecta más directamente. Creemos que hay edificios que deben estar protegidos pero no por su valor de fachada sino por la calidad del entorno que ellos ofrecen a la vecindad, que hay un sistema constructivo, osea que los edificios hay que protegerlos asegurando una permanencia del edificio no sólo de la apariencia de la fachada. En esta ciudad es tan importante el entorno cercano como el entorno lejano que es la vista al mar. Ese entorno tiene una calidad y una cualidad, entonces creo que es inmoral que a alguien tú le arregles su fachada, porque a ti te interesa verla bien por afuera, pero te importa poco en qué condiciones está viviendo por dentro”, afirma Undurraga.

El derecho a vistas sin duda es un tema significativo para la ciudad, tanto así que la comisión presidencial Plan Valparaíso logró concretar un proyecto para el traslado de los containers ubicados en el borde costero al puerto seco de Placilla. De esta forma se le devolvía a los porteños la visión al mar. ¿Qué ocurrirá si ahora en vez de containers se comienzan a levantar edificios y torres que actúen como murallones e impidan la visual?

Valparaíso + patrimonio = US$

Dada la situación actual de Valparaíso, un considerable número de inversionistas, autoridades y ciudadanos ya comienza a sacar cuentas de los posibles negocios que se pueden hacer. No está de más señalar que la plusvalía de sectores como el Cerro Alegre y el Concepción se ha incrementado ante la demanda de personas que quieren tener su casa en el sector patrimonial. Como una forma de frenar esto, se contempla que la modificación a la normativa del Plan Regulador municipal amplíe su protección desde Playa Ancha hasta Barón a fin que los beneficios se repartan en todo el anfiteatro de la ciudad. Actualmente la zona protegida sólo resguarda una pequeña área comprendida por parte del Cerro Concepción, Alegre, la Plaza Aníbal Pinto, Plaza Sotomayor, el Cerro Cordillera, parte del Cerro Santo Domingo, la plaza de la Matriz y parte del Barrio Puerto, debido a que se trató de acotar una zona muy pequeña, de la que se pudiera recopilar el mayor número de antecedentes para presentar ante la UNESCO.

De esta manera se presenta la ciudad hoy, una ciudad que se abre al mundo y que para las autoridades de turno tiene una posibilidad cierta de reactivarse económicamente en base a su potencial turístico. Es así como ya se habilitó un terminal de cruceros en el sector del Muelle Barón y como para enriquecer la oferta turística se toma también a la cultura, no en su propio valor, sino como un show montado para los potenciales visitantes como ocurre con los Carnavales Culturales.

Lo cierto es que no pretendemos ser alarmistas con nuestros comentarios, ni acérrimos detractores del ingreso de inversión privada para la ciudad; sólo anhelamos que aquellas características propias del puerto se respeten y valoren, no se transen sobre el mostrador como una especie de liquidación de temporada, en la que se vende barato y con todas las condiciones que aseguren el comprador.

Esta es solo una revisión de lo que ocurre en esta ciudad patrimonial, en la que pareciese que la normativa técnica no es siempre la política a seguir, tal vez por miedo a ahuyentar a los posibles inversionistas, pero se debe tener claro que lo importante es preservar al puerto y no trasformar a Valparaíso en una gran postal instalada sobre la escenografía de la ciudad que fue hasta hoy.

Pero más allá de todas las reglamentaciones, que por de pronto siempre son necesarias, es importante que la comunidad tome opinión acerca del valor que tiene su ciudad, la disfrute, la viva y resguarde aquellas características que hacen que Valparaíso no sea ni playa ni ciudad, sino un sitio mágico que se construye entre cerros y callejuelas, conversando con los vecinos del barrio frente al mar