Piratería
en Chile:
El
feliz edén de la copia
Lejos
quedó la clásica imagen del pirata,
ese con parche en el ojo y pata de palo, que asolaba
los mares y puertos al fragor de unas botellas de
ron. Hoy ha mutado hasta mimetizarse con el resto
de la sociedad, incluso actuando con el favor de los
sectores más modestos, que los ven como una
suerte de "Robin Hood modernos", al poner
a su alcance productos que, de otro modo, serían
privativos de los sectores más acomodados.
Por Cristián Rojas
Según cálculos de la recientemente creada
Comisión Nacional Antipiratería (CONAPI),
el comercio de productos ilegítimos genera
pérdidas anuales que se empinan por sobre los
200 millones de dólares. La más afectada
es la industria informática -la cifra bordea
los 150 millones de la divisa verde-, debido a los
altos costos de sus productos. Le siguen la industria
editorial, con 25 millones, la fonográfica,
con 20 millones y cierra el triste listado la venta
de videos ilegales, que alcanza los 7 millones de
dólares al año.
Si a esta cifra se agregan los productos piratas importados,
como perfumes de imitación o los ya clásicos
Ray Ban "mula", el monto involucrado alcanza
la nada despreciable suma de 950 millones de dólares.
La ley que protege los intereses de los afectados
es la 17.336 de Propiedad Intelectual, pero, a la
luz de las cifras, las sanciones parecen mínimas:
una pena que va de 61 a 541 días de presidio,
aunque , por lo general, la mayoría de los
implicados no enfrenta la justicia o, como mucho,
cumplen su condena en forma remitida. Es por ello
que, en octubre, la CONAPI propondrá al Parlamento
una nueva normativa legal en esta materia, a fin de
endurecer los castigos. La presidenta de la Asociación
de Distribuidores de Software (ADS) y vicepresidenta
de la CONAPI, Ximena Verdaguer, explica que están
luchando "para que la ley sea más dura,
porque alguien que alguien que piratea y vende se
expone a 540 días de presidio y en el hurto
las penas van agrandándose de acuerdo al monto
involucrado. Entonces, la pena por pirateo equivale
al robo de dos pollos en el supermercado, en circunstancias
que en la copia ilegal de programas hay montos que
han superado los 200 mil dólares".
La industria editorial también sufre los embates
de la piratería, tal como lo grafica el Gerente
Generalde Editorial Planeta, Bartolo Ortiz: Por
ejemplo, el año 99, de acuerdo a las ventas
históricas que teníamos de Paulo Coelho
los años 96, 97 y 98, había previsto
vender, de los cinco títulos, unos 80 mil ejemplares.
Ese era mi presupuesto para ese autor, pero vendimos
sólo 50 mil. En el caso de Harry Potter IV,
lo piratearon antes de que me llegara oficialmente
a mí. Desde abril a esta fecha he vendido unos
14 mil ejemplares. Pensaba vender entre abril y diciembre
unos 30 mil, pero está tan recontra pirateado,
que lo más probable es que no vendamos esa
cifra.
En
cuanto al clásico argumento que señala
que los altos precios de los libros favorecen la demanda
de publicaciones piratas, Ortiz opina que es relativo:
Seguramente si y no, porque hay libros como
los Caballo de Troya, que yo los importo y vale 10
mil pesos más IVA. No son baratos para el poder
adquisitivo de la gente en Chile. Ahí uno dice
los libros son caros, con respecto a qué: que
en Chile la gente gana poco y no puede comprar un
libro de 10 mil pesos al mes, pero a lo mejor no es
porque el libro esté caro, sino porque la persona
gana poco. Ahí está esa discusión
en que nunca nos ponemos de acuerdo. Además
la gente considera que los libros son caros, pero
no discuten los precios de otros productos, como un
perfume, una cena o unas zapatillas, porque la gente
acá no tiene hábitos de lectura y se
disculpa diciendo que los libros son caros. Luego,
hay libros que valen mil pesos, pero igual son pirateados,
ahí no podrían alegar de que el precio
es caro. Los Papeluchos, valen entre 800 y 1200 pesos
e igual todos están pirateados.
Por
ejemplo, el libro El Saqueo de los Grupos Económicos
al Estado Chileno, provocó una gran polémica
antes de que apareciera y el editor hizo una tirada
más importante y lo sacó a 4900 pesos,
para que no lo piratearan. A la semana estaba pirateado.
Lo mismo con el libro Menem- Bolocco S.A.
Ortiz está consciente del elevado valor de
algunos libros, pero el problema no se reduce sólo
a ese aspecto. Las editoriales hemos estado
tratando que los libros lleguen más baratos
al público, pero mientras el Gobierno no tenga
la voluntad política de combatir la piratería,
no se va a poder terminar con esto. Los jueces generalmente
no aplican la ley y no se concreta un castigo ni de
multa ni de cárcel, mientras que la policía
no se esmera en llegar a los cabecillas de la organización,
se conforman con el vendedor ambulante, a pesar que
ésta es una cadena muy corta. Está el
tipo que pone la plata para comprar el papel y mandar
imprimir los libros, está el distribuidor y
está el tipo de la calle. Si bien es cierto
el de la calle gana muy poco, el que pone el capital
se hace millonario sin nunca ser detenido ni llegar
a la cárcel.
Atacando
a los piratas
Aparte de las acciones en conjunto, algunos han tomado
iniciativas individuales, como la ADS, que entre el
15 de abril y el 31 de mayo lanzó la campaña
Tolerancia cero, orientada a las empresas que trabajaban
con software ilegales, a fin de que éstas regularizaran
su situación dentro de ese plazo, pues luego
de ello aplicarían la famosa frase acuñada
por el alcalde de Nueva York a todos aquellos que
continuaran trabajando con programas pirateados.
La industria fonográfica, por su parte, lanzó
la campaña No mates la música. Según
cifras de la Asociación de Productores Fonográficos,
en Chile, hasta 1999, se consumía 0,6 discos
originales por persona al año, mientras que
las estimaciones para el 2001 apenas llegan a la mitad
del exiguo guarismo. Los más afectados son,
sin duda, los artistas nacionales, que, por concepto
de derecho de autor, dejan de percibir anualmente
5 millones de dólares.
El cantautor Keko Yunge, en una entrevista publicada
en El Mercurio el 19 de mayo de este año, graficó
todo su descontento: "Encuentro ordinario, de
mala clase, que la gente, en especial la que tiene
más recursos, se tiente con ahorrar a costa
de los creadores. El argumento que se escucha es que
gracias a los piratas, las personas modestas pueden
tener acceso a la música. ¿Por qué,
me pregunto, la música y las manifestaciones
culturales deben ser gratis? ¿Por qué
se hace esa diferencia con todos los demás
productos y servicios? No entiendo. Es una conducta
poco civilizada. Es reírse de los artistas.
Una visión similar, al menos en lo que se refiere
a los músicos chilenos, es la que tiene Alvaro
España, vocalista de la legendaria banda punk
Fiskales Ad Hok, quienes trabajan en forma independiente:
"Yo, la verdad es que cuando se trata de grupos
nacionales me da lata piratear, porque los cagai directamente
a los músicos, porque pierden de vender un
disco, pero, por ejemplo, no voy a preocuparme de
no piratear un disco de Madonna, porque no le va a
faltar el pan en la casa, la mina está podrida
en plata".
En tanto, el tecladista de Gondwana, Keno Valenzuela,
aporta otro matiz: De todas maneras apoyamos
la campaña (No mates la Música) aunque
no nos afecta de forma directa, digamos, porque los
músicos viven de los conciertos pero son las
compañías a quienes les afecta más
directamente, incluso pueden llegar a cerrar, porque
les empieza a ir mal, comienzan a despedir gente,
luego esas compañías no tienen plata
para grabar otras bandas o artistas y así se
empieza a paralizar todo.
La
otra cara de la moneda
Así
como la piratería implica la no creación
de nuevos empleos dentro de la industria legal, también
significa una fuente de ingresos para quienes se encuentran
cesantes. J.C.M es un joven porteño que estudió
Programación en Computación y actualmente
estudia Análisis de sistemas en un Instituto
Profesional. Para costear su carrera se dedica a la
copia ilegal de programas y juegos computacionales,
práctica que constituye su principal fuente
de ingresos. Su idea es posteriormente estudiar Ingeniería
Informática y, una vez titulado y con un trabajo
estable, abandonar esta práctica. "Gano
aproximadamente 200 mil pesos por la venta de software
piratas. Hay juegos que valen más de 50 mil
pesos, mientras que yo los vendo entre dos mil y tres
mil pesos. Para la mayoría de la gente es imposible
pagar por el producto original, entonces, su única
opción de contar con el programa es que éste
sea pirata. Así como lo veo yo, no es una pérdida
para la empresa, porque si no existiera la piratería,
de todos modos la gente no compraría el programa
original, porque son muy caros. Las personas que compran
software legítimos tienen recursos. Por ejemplo,
vendo bastante la enciclopedia Encarta, que en el
comercio cuesta entre 70 y 80 mil pesos. Hay muy pocos
que pueden pagar ese valor, pero como yo la vendo
a seis mil pesos, mucha más gente va a tener
acceso a ella".
Ximena Verdaguer discrepa en este punto: "Si
uno compara, hay enciclopedias en papel que cuestan
sobre 150 mil pesos y la gente se endeuda en un año
con cheques. Hay que ver que existe un gran trabajo
por parte de quienes desarrollan estos software, trabajo
de investigación, traducciones del inglés
al castellano, localizaciones con material para Latinoamérica,
etc. son programas caros porque hay un gran trabajo
detrás y con la piratería se está
desincentivando el desarrollo de software educativos".
Así, mientras los piratas y buena parte de
los consumidores argumentan que, de no ser por los
altos precios de los productos originales, la piratería
no sería motivo de preocupación, las
industrias afectadas contra argumentan señalando
que los costos no bajan precisamente debido a la acción
de los piratas, que afecta directamente a sus arcas,
por lo que la solución a este verdadero "círculo
vicioso" pasa exclusivamente por la conciencia
de los propios consumidores. 