Ateva
o la rebelión del teatro
No
es fácil mantener un proyecto durante 50 años
y menos si este es teatral. Sin embargo, esta compañía
porteña ha sido capaz de preservar sus convicciones,
ser un movimiento que significara un aporte a la anquilosada
escena que había en la región, proponiendo
para ello aunar fuerzas, abordar distintas tendencias
teatrales, dar a conocer dramaturgos extranjeros (Chéjov,
Beckett, Ionesco, Brecht) rescatar a los clásicos
chilenos (Barros Grez, Acevedo Hernández),
adentrarse en las nuevas corrientes (Jorge Díaz,
Sievecking) y aún aventurarse con sus propias
obras (M.Portnoy) . Para llevar a cabo esta nueva
propuesta se necesitaba de gente que sintiera el teatro
y estuviera dispuesta a sacrificarse por él.
Por Rodrigo Acevedo G.
El teatro en Valparaíso está a la expectativa
de lo que pueda surgir de las nuevas escuelas que
se han afincado en la región y que junto a
los grupos independientes que han logrado sobrevivir,
podrían dar renovada vida a la escena porteña,
que por mucho tiempo parecía estar casi en
estado agónico, con estrenos esporádicos
e irregulares montajes.
Los nuevos creadores deben lidiar cada día
con la falta casi endémica de recursos, de
salas en donde poder ensayar y estrenar sus obras.
Este, sin embargo ha sido el panorama que casi siempre
ha acompañado a la gente de teatro, la que
aprendió que con trabajo mancomunado y a pulso
se puede sobrevivir en el medio.
Una
coyuntura parecida vivieron los forjadores de la Agrupación
Teatral Valparaíso, ATEVA, quienes estaban
concientes de la necesidad de hacer profundos cambios,
principalmente en la escasa formación que recibía
el actor en áreas como la dramaturgia, entendiendo
la necesidad de explorar en las nuevas tendencias
y autores. Era un momento de crisis y el teatro se
nutrió de ésta para renovarse.
Para
comprender el proceso recurrimos a la actriz Elena
Prieto, quien de incursionar en la radio pasó
a ser parte de los fundadores de la agrupación,
y Arnaldo Berríos uno de los actores con más
experiencia dentro del medio teatral chileno, quien
ha participado además en proyectos cinematográficos
como "Ya no basta con rezar" de Aldo Francia.
Los
Orígenes.
Hacia
fines de la década del 30 el teatro chileno
atravesaba una difícil situación, motivada
por el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, sus
repercusiones económicas, la inexistencia de
una crítica especializada y rigurosa; pero
por sobre todo debido a la aparición del cine
sonoro, factores que incidieron en la exigua cartelera
teatral de esos años.
En
este contexto, en 1941 se funda el Teatro Experimental
de la Universidad de Chile, con Pedro de la Barra,
Agustín Siré y Pedro Orthous a la cabeza.
Este es un hito trascendental, ya que sobre los hombros
de estos tres hombres se cimentaba el nuevo teatro
chileno, abierto absolutamente a tendencias incipientes.
La universidad, como una manera de complementar el
proyecto, decide crear el Instituto de Teatro, organismo
que formó varias generaciones de actores. Dos
años le tomaría a la Universidad Católica
crear su Teatro de Ensayo (a cargo de Pedro Mortheiru),
otra iniciativa señera en las tablas nacionales.
Así, el movimiento comenzaba a perfilarse dotado
de un mayor peso académico.
Emprendimientos
como estos serían la base para la propagación
de las escuelas de Antofagasta, Concepción
y Valparaíso, ciudad en donde también
había gente que quería desarrollar sus
propuestas, las que no tardarían en concretarse.
A
comienzos de los años 50 la escena teatral
porteña se nutría con el trabajo de
compañías foráneas (Santiago
y Europa) y en el ámbito local, según
recuerda Elena Prieto "un señor de apellido
Paniagua hacía teatro itinerante en carpa,
por los cerros, pero no eran obras de muy buen nivel:
teatro realista sainetes, melodramas, comedias la
selección de de las obras tampoco era de las
mejores y vendrían siendo el equivalente a
las actuales telenovelas".
Efectivamente,
el radioteatro, con una alta sintonía en esos
tiempos, era el espacio que usaban los actores para
desarrollar un melodrama que salía al aire
hasta el penúltimo capítulo. El final
se representaba en un teatro o carpa. Estos espectáculos
eran muy populares y mantenían de alguna manera,
parte del circuito teatral, a lo que se sumaban otras
compañías que representaban obras de
cuello y corbata de autores ingleses sin mayor relevancia.
Una
organización que se hacía llamar Movimiento
Artístico Independiente MOAI, cuyos responsables
eran Luis Melo, Carlos Fernández y Marcos Portnoy,
reunió a otras compañías, entre
ellas a la de Elsa Croxatto , Margarita Fleming y
un grupo de gente de Literatura que estudiaba en el
Pedagógico de Valparaíso. Entre ellos
decidieron aunar esfuerzos y asumir de manera seria
las nuevas tendencias que se estaban produciendo en
el teatro contemporáneo.
Como
recuerda Arnaldo Berríos, "lo que se hacía
hasta ese momento estaba quedando obsoleto, el teatro
de la concha acústica, de un consueta o apuntador,
eso no, había que aventurarse en la muestra
de una nueva dramaturgia que llegaba con mucha fuerza
desde Inglaterra, Francia y Estados Unidos".
Fruto
de esas inquietudes nace la Agrupación Teatral
Valparaíso, cuya dirección se confió
a las manos de un joven abogado llamado Marcos Portnoy
quien era dramaturgo y director. Una de sus principales
tareas fue la Escuela Teatral Vespertina, que sirvió
de cantera a los nuevos actores, los que fueron instruidos
en actuación, producción de la voz,
vestuario, escenografía, expresión corporal,
esgrima e historia del teatro.
Entre
sus profesores se encontraban Oscar Stuardo, Juan
Barattini, Luis Melo, Ruth Gonzáles, Francisco
Barrera, además de académicos invitados
como Vittorio de Girólamo y el maestro Pedro
de la Barra, forjador y eje central del teatro chileno,
quien además coordinó el padrinazgo
que ejerció el Teatro Experimental de la Universidad
de Chile con la agrupación porteña.
"En el montaje de Dr. Knock (de J. Romain) en
las postrimerías del ensayo enfermó
el actor central Luis Melo por lo que desde Santiago
el Teatro Experimental puso a disposición a
Roberto Parada para que el estreno no fuera suspendido.
Finalmente Melo se recuperó, pero esta anécdota
demuestra los lazos que se habían creado",
recuerda Berríos.
¿Cómo
era la modalidad de trabajo en ATEVA?
Elena
Prieto: "Trabajábamos con los egresados
de la Escuela Teatral (donde ingresó Berríos
y Silvio Viancos, entre otros) más los fundadores
del grupo y tratábamos de ser lo más
democráticos posible; nos dividíamos
en comisiones, como la comisión de lectura,
que proponía las obras, y eran discutidas en
asamblea. Si había acuerdo se creaba la comisión
de montaje y la encargada de la propaganda. Luego
se formaba el elenco, las lecturas y sesiones de ensayo.
Todo funcionaba de manera precaria; si bien contábamos
con un diseñador de vestuario, el traje debías
hacerlo tú mismo, además de costearlo
de tu bolsillo."
Existía
una fuerte corriente en el teatro de la época
en que los directores tenían mucho influjo
dentro de la obra ¿Qué ocurrió
en la compañía?
Arnaldo
Berríos: "Sí, en ciertos teatros
pero no en ATEVA. Había compañías,
especialmente de Santiago, donde el director ejercía
una gran influencia y manejaba a los actores. Ahora
todo depende de la capacidad de la gente que tengas
sobre el escenario, porque si un actor tiene la fuerza
para desarrollar un personaje, éste va a fluir
solo, de manera que el director no va a tener necesidad
de hacer indicaciones demasiado minuciosas para que
el actor dé con la clave del personaje. En
la compañía se conjugaron ambas cosas".
Los
directores tenían un gran conocimiento del
medio teatral y entre ellos estaba Juan Barattini,
Rubén Unda, Oscar Stuardo y Víctor Carlson
pero el más prolífico fue Portnoy. Arnaldo
Berríos junto a Carlos Genovese serían
los encargados de continuar con el proyecto teatral.
A
fines de los 50 se sucederían dos grandes hitos
que le darían a esta agrupación renombre
a nivel nacional. Con el montaje de "Réquiem
para un girasol" de Jorge Díaz recibieron
el Premio Festival de Teatro Independiente (1957),
organizado por el Teatro Experimental de la Universidad
de Chile, Portnoy mejor dirección y Silvio
Viancos mejor actor.Otro hecho trascendente fue el
estreno en Chile de "Esperando a Godot"
1960, ( a siete años de su estreno oficial
el 5 de enero de 1953 en el Teatro Babilone de París).
Esta
compleja pieza del teatro del absurdo es obra del
irlandés dramaturgo Samuel Beckett ,quien junto
a Eugene Ionesco y Harold Pinter era parte de una
naciente vanguardia teatral post guerra, inserta en
una crisis que intentaba reflejar las vivencias de
personajes que padecían el dolor, el sinsentido
y la soledad. Berríos reconoce que por la complejidad
y duración de la obra (3 horas en la versión
de ATEVA) existía un "temor de que la
gente no la entendiera, sin embargo el montaje logró
tener gran aceptación."
El
grupo comenzó a consolidarse, se sucedían
estrenos como "Esquina Peligrosa" de J.Priestley
"La Noche de los Coroneles" de Marcos Portnoy,
"La Cantante Calva" de Ionesco y "El
Cepillo de Dientes" de Jorge Díaz, "Como
en Santiago" de Barros Grez, entre otros. Para
sus montajes, ATEVA arrendaba "salas como el
cabaret del Casino de Viña, el Teatro Real,
hacíamos una fuerte labor de extensión
en los colegios, sindicatos, cerros, ocupábamos
la sala de la Chilena de Tabaco, el IPA, la Biblioteca
Severin y el Instituto Chileno Francés de Cultura;
actuábamos donde hubiese un escenario, incluso
donde no se reunían las condiciones mínimas"
agrega Prieto.
La
época de las uniones, teatro universitario
y la crisis post golpe.
A
mediados de los sesenta se habían convertido
en uno de los grupos más reconocidos de la
zona y a partir de 1967 ATEVA junto al Teatro Pedagógico
(TIP) de la Universidad de Chile sede Valparaíso,
formaron el Teatro Universitario de Valparaíso
(TUV), antesala del teatro profesional porteño.
Ya desde su fusión con el TIP estaban formando
escuela, había un proyecto y una trayectoria,
que determinó su apuesta por el trabajo realizado
en la región.
Fue
así como se creó la Escuela de Teatro
de la Universidad de Chile, sede Valparaíso.
Los profesores de ATEVA pasaron en pleno a ser los
académicos de esta nueva escuela universitaria.
Implementaron la técnica de los talleres multidisciplinarios
en donde cada alumno debía rendir examen de
voz, expresión corporal y dramaturgia ante
una comisión que medía todos estos aspectos.
Sin
embargo, el golpe militar provocó que muchos
de los forjadores y maestros del teatro chileno tuvieran
que partir al exilio, fueran sumariados y perseguidos.
"Estábamos sometidos a un constante control
de espionaje para ver si hacíamos algún
tipo de actividad política (la escuela cargaba
con ese estigma).
Así,
cuando nos juntábamos a ensayar, en la vicerrectoría
se recibían llamados anónimos denunciando
una reunión de tipo político, entonces
se dejaba caer gente comisionada por la rectoría
para verificar lo que hacíamos y se encontraban
obviamente con un ensayo de rutina. Bueno a eso llega
la maledicencia de la gente. Afortunadamente nuestro
trabajo fue limpio, ahí lo que se hizo solamente
fue teatro, siempre teatro".
En 1974 se cierra la matrícula para nuevos
estudiantes y al año siguiente Arnaldo Berríos
dirige el estreno de "El Último de los
Amantes Ardientes" de Neil Simon.
¿Cómo
afrontó su labor como director?
Arnaldo
Berríos: "Yo comencé a dirigir
desde que entré a hacer clases en el Teatro
de la Universidad de Chile y eso sucedió no
porque yo tuviera ni interés en dirigir ni
vocación de director . Todo esto se dió
porque luego del golpe encontramos que nos habían
limitado a tal extremo nuestro quehacer que tuvimos
que echar mano a todos los recursos. Los que quedamos
afrontamos la dura tarea de llevar a término
y sacar adelante a la promoción que teníamos
y que podían perder la carrera. No queríamos
que se sintieran frustrados".
¿Cuáles
son las herramientas que debe manejar un actor profesional?
Arnaldo
Berríos: "Yo no soy de los que desprecian
a la Escuela Realista, pienso que la persona que va
a aprender teatro debe transitar primero por esta
escuela. Si no aprende a dominarla, nunca va a llegar
a ser un buen actor, aquí se encuentra la base
de la construcción de todo lo que significa
interioridad de una persona, el personaje se debe
desarrollar desde adentro, después puedes derivar
al trabajo corporal. Esto es fundamental, ya que si
tu ves los espectáculos actuales hay mucho
niño que brinca, corre y se pinta mucho, pero
cuando abren la boca, hasta ahí no más
llegamos
"
Con mucho esfuerzo y en un marco de inestabilidad
generalizado, logró recibirse la primera generación
de actores formados en el ámbito académico.
Era la primera vez que una universidad asumía
al teatro como una carrera de formación profesional,
hecho significativo en la historia nacional de esta
disciplina.
Ya
con posterioridad al cierre de la escuela, ATEVA queda
diseminado, pero logran sacar adelante algunas obras,
entre ellas el estreno en Buenos Aires de "Nadie
es Profeta en su Espejo", de Jorge Díaz.
En esta etapa se suma en la dirección Carlos
Genovese y Gloria Barrera en la actuación (
"García Lorca en un espejo roto",
"Padre nuestro que estás en la cama"
)
No
sería hasta fines de los 80 que el grupo estrenaría
una obra y por una razón muy particular: "una
de nuestras antiguas compañeras de elenco volvía
del exilio. Ella había sido detenida y torturada,
así es que como una manera de recibirla y tratar,
aunque fuera en una mínima forma de mitigar
su traumática experiencia, decidimos juntarnos
y montar una obra para que ella se integrara al trabajo
que más le gustaba de hacer", rememora
Berríos. La obra elegida para la ocasión
fue "No hay que llorar" de Roberto Cossa.
Ésta es la demostración de la grandeza
espiritual y humana de un grupo que está dedicado
a hacer teatro y sólo teatro.